lunes, 31 de agosto de 2015

MI PREOCUPACIÓN POR LO DEMÁS


Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación por los demás es mayor que la que sentimos por nosotros mismos.

El último tercio de la vida de Einstein estuvo marcado por su activismo en favor de la paz, signo de la poderosa evolución espiritual que experimentó tras el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.

Son muchos los ejemplos de personas que, en cierto momento de su vida, despiertan a la generosidad y se vuelcan en mejorar el mundo en la medida de sus posibilidades. Este fue el caso de Vicente Ferrer, fallecido en 2009. Después de formar parte de la Compañía de Jesús, creó la fundación que lleva su nombre y lucha aún por los más desfavorecidos de la India, desarrollando una labor humanitaria que beneficia a más de dos millones de personas.

Según sus propias palabras, «el corazón está partido en dos. Con una mitad, el hombre se ama a sí mismo y con la otra mitad ama a los demás. Este corazón es una guía continua. Siempre dice: “Haz el bien”. Siempre está funcionando a toda mecha. Si dentro de uno el amor a sí mismo es más grande que el amor a los demás, entonces cometerá muchos fallos». Este antiguo jesuita creía que «la acción es una oración sin palabras. La acción buena contiene todas las filosofías, todas las ideologías, todas las religiones [...] Ninguna acción buena se pierde en este mundo. En algún lugar quedará para siempre». Para Vicente Ferrer, «crees que vienes a salvar al mundo, pero a lo que vienes es a salvarte a ti mismo».

En el mismo subcontinente indio, la Madre Teresa de Calcuta murió a los 87 años tras una vida de servicio y compromiso. Fundó las Misioneras de la Caridad, congregación que brinda asistencia a miles de personas necesitadas. Fue tras su viaje a Darjeeling, en 1929, cuando tuvo una inspiración divina que la llevó a entregar toda su vida por la causa, por los desheredados del mundo. 

Tanto ella como el resto de las hermanas de la congregación no solo abrazaban los votos de pobreza, castidad y obediencia, sino también el de entregarse para siempre y de forma exclusiva a los más pobres sin esperar recompensa alguna. En sus propias palabras: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota».

Tomado del libro:
Einstein para despistados
85 soluciones atómicas para problemas 
relativamente graves
Allan Percy
Fotografía de Internet

VIVE EL MOMENTO


domingo, 30 de agosto de 2015

SOMBRA


Nadie puede matar al ego, porque el ego no es. Si estuviera allí, ya habrías podido matarlo. Es una sombra... no se puede matar a una sombra. 

Hasta luchar con una sombra es una necedad, te derrotaría... y no porque sea muy poderosa, ¡sino porque la sombra no es! Si empiezas a pelear con una sombra, ¿cómo puedes ganar? Es algo no existencial; lo mismo le sucede al ego. 

El ego es la sombra del yo. Así como el cuerpo crea una sombra, el yo también la crea. No puedes luchar con ella ni tampoco matarla; de hecho, el que quiere matar es el ego. 

Uno solo puede entender. Si quieres matar a la sombra, lleva luz y desaparecerá; aporta más conciencia y el ego se desvanecerá.

Extracto del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 299
Fotografía tomada de internet

POLVO EN EL CAMINO.

Sutra 44: Polvo en el camino.

Haz lo que tengas que hacer resueltamente, con todo tu corazón. El viajero que duda, únicamente levanta polvo en el camino. 
(Budha).

Sólo existe una manera de avanzar, y es con el corazón. Con la mente no puedes hacerlo porque son muchas, y es mucha carga.

Para avanzar es sin dudas, y la duda habita en la mente, no en el corazón. La duda te mantiene fragmentado; sólo el corazón te une.

Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda" 
Sri Deva Fénix
Fotografía de internet

SUÉLTATE..... DESCOMPLÍCATE


sábado, 29 de agosto de 2015

LIBERACIÓN INDIVIDUAL


Cuando observamos nuestros pensamientos y emociones con humor y apertura, también percibimos así el universo. No estamos hablando sólo de nuestra liberación individual, sino de cómo ayudar a la comunidad en la que vivimos, de cómo ayudar a nuestras familias, a nuestro país y a todo el continente, por no mencionar el mundo, la galaxia y todo lo lejos que queramos ir.

Hay una transición interesante que ocurre de manera espontánea y natural: descubrimos que, en la medida en que hay valentía en nosotros —voluntad de mirar, de apuntar directamente a nuestro propio corazón— y en la medida en que sentimos cierta bondad hacia nosotros mismos, confiamos en poder olvidarnos de nosotros mismos y abrirnos al mundo.

La única razón por la que no abrimos nuestros corazones y mentes a los demás es porque activan en nosotros una confusión que no somos lo suficientemente valientes o cuerdos como para resolver. En la medida en que nos miramos clara y compasivamente a nosotros mismos, nos sentimos confiados e intrépidos mirando a los ojos a los demás.

Entonces, la experiencia de abrirnos al mundo comienza a beneficiarnos a nosotros mismos y simultáneamente a los demás. Cuanto más nos relacionamos con los demás, más descubrimos dónde estamos bloqueados, dónde nos mostramos desagradables, temerosos o cerrados. Verlo es una ayuda, pero al mismo tiempo es doloroso. A menudo nuestra única reacción es usarlo como munición contra nosotros mismos. No somos buenos, no somos honestos, no somos valientes y más nos valdría rendirnos ahora mismo. Pero cuando aplicamos la instrucción de ser delicados y no juzgar de inmediato las cosas que vemos, entonces ese reflejo en el espejo que nos daba tanta vergüenza se convierte en nuestro amigo. Ver ese reflejo se convierte en una motivación para suavizarnos y aligerarnos más, porque sabemos que es la única forma de seguir trabajando con los demás y ser de algún beneficio para el mundo.

Ahí es cuando empezamos a crecer. Mientras no queramos ser honestos y buenos con nosotros mismos, siempre seremos niños. Cuando empezamos a aceptarnos, la vieja carga de la autoimportancia se aligera considerablemente. Finalmente, hacemos sitio para una curiosidad genuina y descubrimos que tenemos apetito por lo que hay ahí fuera.

Extracto del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron
Fotografía de Internet

AMAR ES INVITAR AL OTRO A VOLAR


viernes, 28 de agosto de 2015

LOS PELIGROS DE DESAHOGARSE


Hay terapeutas que nos aconsejan expresar nuestra ira para sentirnos mejor. Nos sugieren que digamos o hagamos cosas para sacar la cólera que sentimos, como coger un palo y golpear un neumático, o dar un portazo con todas nuestras fuerzas. O también golpear una almohada. Estos terapeutas creen que es el método para eliminar la energía de la ira que hay en nosotros, y lo llaman «desahogarse».

Cuando tu habitación está llena de humo, quieres ventilarla para que salga el humo. La ira es una especie de humo, una energía que te hace sufrir. Cuando el humo de la ira surge, quieres abrir la puerta y encender el ventilador para que salga la ira. Así que te desahogas golpeando una piedra o un árbol con un palo, o aporreando una almohada. He visto a mucha gente hacerlo. Pero en realidad, con este método sólo te sientes mejor temporalmente, y además los efectos que tiene son muy perjudiciales, te harán sufrir mucho más.

La ira necesita energía para manifestarse. Cuando intentas descargarla golpeando algo o aporreando la almohada con todas tus fuerzas, al cabo de media hora estarás agotado. Y como estarás hecho polvo, no te quedará más energía para alimentar la ira que sientes y pensarás que ha desaparecido, pero no es cierto, lo que ocurre es que estás demasiado cansado para estar enfadado.

La ira que sientes surge de las raíces de la ira que hay en ti. Las raíces de la ira se arraigan en la ignorancia, en las percepciones erróneas y en la falta de comprensión y compasión. Cuando das rienda suelta a la ira, simplemente estás abriendo la energía que alimenta la ira en ti, pero sus raíces siguen estando ahí, y al expresar la ira de este modo, las fortaleces. Este es el peligro que comporta desahogarse.

En el New York Times del 9 de marzo de 1999 apareció un artículo sobre la ira titulado: «Descargar la agresividad no es aconsejable». Según este artículo, los psicólogos sociales habían llevado a cabo numerosas investigaciones y habían sacado la conclusión de que intentar descargar la ira y la agresividad golpeando una almohada y haciendo cosas parecidas no ayudaba en absoluto. En realidad, empeoraba la situación.

Cuando aporreas una almohada, en vez de calmar y disminuir la ira que sientes, la estás fortaleciendo. Si lo haces a diario, la semilla de la ira que hay en ti crecerá cada día. Y algún día, cuando veas a la persona que te ha hecho enfurecer, tal vez practiques lo que has estado ensayando. La golpearás y acabarás en la cárcel. Por eso, manejar tu agresividad golpeando una almohada o desahogándote no sirve para nada y es una práctica peligrosa. En realidad no estás desahogando la energía de la ira, porque la ira no desaparece de tu organismo.

Descargar la cólera que sentimos es una práctica basada en la ignorancia. Cuando imaginas que la almohada es el objeto odiado y la golpeas, estás manifestado ignorancia e ira. En lugar de disminuir la violencia y la ira que experimentas, te enojas y enfureces más.

Una serie de terapeutas han confirmado que la práctica de desahogar la ira es peligrosa. Me explicaron que dejaron de aconsejar a sus pacientes que la hicieran, porque después de haberse desahogado golpeando una almohada estaban cansados, por eso se sentían mejor. Pero una vez descansaban y comían un poco, si alguien llegaba y regaba las semillas de la ira que había en ellos, se enfurecían más que antes, porque habían estado alimentando las raíces de su ira al manifestarla.

Extracto del libro:
LA IRA (El dominio del fuego interior)
Thich Nhat Hanh
Fotografía de Internet

OPORTUNIDADES


jueves, 27 de agosto de 2015

4 ACCIONES SIMPLES PARA DISMINUIR LA ANSIEDAD



Descansa, ríe, dedícate tiempo a ti misma y olvídate de lo malo.

A nadie le gusta sentirse estresada o que te invada la ansiedad. Es una sensación y situación muy incómoda que muchos sufrimos hoy en día. Salir de esto no es algo que ocurra de un día para otro y se requiere de perseverancia, pero si a veces solo sientes pequeños momentos de ansiedad, hay acciones que puedes hacer para mantenerte más aliviada, tanto en tu mente como en tu cuerpo.

1. Date un tiempo para respirar

Así es, respira. Detente e inhala y exhala tranquilamente, en especial en esos momentos que ves que se acerca alguna pequeña crisis. Te servirá mucho como cable a tierra.


2. Meditar

Quizás pienses que la meditación no es para todos, pero a todos les puede hacer bien. A mí me parece muy complicado sentarme a respirar y pensar, pero puedes encontrar una manera que calce contigo. El tema es darte un tiempo de quietud personal, para dedicarte a ti misma relajación y libertad.


3. Ríete

¡La mejor terapia, es la risa! Suéltate mentalmente y dale bienvenida a las risas y sonrisas que pueden haber en ti. Disfrútalo y resta la amargura. No te cohibas, ríe todo lo que puedas y cuando quieras. 



4. Duerme de manera adecuada

Siempre dormir es una buena respuesta. Y dormir lo que necesitas durante la noche ayudará a que tanto tus hormonas como tu ánimo estén más regulados. Todo funcionará perfectamente y eso evitará mayor inestabilidad o cansancio. ¡No te saltes tus horas de sueño!


Post tomado del blog
www.upsocl.com

DESPERDICIAR OPORTUNIDADES


miércoles, 26 de agosto de 2015

SIÉNTATE...DESCANSA...TRABAJA.


Sutra 43: Siéntate. Descansa. Trabaja.

Zazensignifica estar sentado, sin hacer nada. 
(Budha).

Deja que estas tres palabras se sumerjan en tu corazón y permitan que sigas adelante. Estás detrás de un paraíso; lo encontrarás sentado, relajado, y trabajando en tu propio yo.

Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda" 
Sri Deva Fénix
Fotografía de internet


LA REAL RIQUEZA


martes, 25 de agosto de 2015

EJERCICIO (EL MAL NO EXISTE)


Piensa en algo que hayas hecho en el pasado y que al recordarlo tenga sentido de culpabilidad. Entiende que, como para ti lo que hacías tenia una parte de agrado, esa parte no te dejó ver tu injusticia, o pudo más que ella. Tú actuabas bajo los efectos de la programación, paralizado e hipnotizado por ella, creías que tu felicidad estaba en hacer aquello, ¿No?. A ver si eres capaz de ver lo que sucedió como consecuencia de una enfermedad de la que quieres sanar.

Si te das cuenta de ello, es que despiertas a la realidad, es que te estás sensibilizando, y en donde hay sensibilidad — apertura hacia la verdad — no puede haber pecado. Puedes estar enfermo y necesitar curarte, despertarte más a la realidad, pero si ya lo puedes observar, señal de que lo estás consiguiendo.

Ya sabes el porqué de tu obrar así. 

A ver si eres capaz de perdonarte tú, sin más sentido de culpabilidad ni resentimiento. Si de verdad has comprendido la situación y aceptado tu papel en ella, ya no habrá remordimiento ni rechazo alguno al recordarlo.

Ahora piensa en algún rechazo, ofensa o injusticia que has recibido de otro. ¿Era una ofensa?. ¿O es que tu miedo e inseguridad hizo que te sintieras ofendido?. Es posible que el otro no supiese obrar debidamente, pero piensa que, al actuar así, a quien hizo más daño es a sí mismo, no a ti. ¿Eres capaz de verlo?.

El otro es inocente, aunque en ese momento hubiese reaccionado ofuscadamente, cómo un loco. Pero lo importante es que él no está capacitado para ofenderte, ni con palabras, ni con actitudes, ni con gestos. Es tu inseguridad la que se sintió atacada e hizo que tus mecanismos de defensa se pusieran en guardia. Recompón la situación y verás como es así. 

¿Qué es el pecado?. Existe el pecado, pero es un acto de locura. Tú preocúpate de desmontar tu programación y no te preocupes de lo que te digan.

Extracto del libro:
La Iluminación es la Espiritualidad
Anthony de Mello
Fotografía de internet

PERDIENDO EL PRESENTE


SOBREDOSIS DE FELICIDAD


lunes, 24 de agosto de 2015

RITMO CORPORAL


Es muy importante comprender el ritmo corporal. Y no se puede cambiar. Se establece en cuanto naces. 

Vigila tu ritmo. Si tienes ganas de irte pronto a la cama, hazlo y levántate temprano por la mañana. Cuando hayas entendido qué tiempo es el que te va bien, será mejor que mantengas una regularidad. Si a veces no te es posible ser regular, no pasa nada, pero no conviertas la irregularidad en una rutina. 

Se han llevado a cabo muchas investigaciones sobre el ritmo corporal, y parece que no existe la posibilidad de cambiarlo. Es algo que está en las mismas células; las células están programadas. 

Hay pájaros que se quedan dormidos cuando se pone el sol. Se los trasladó a cámaras artificiales y se los quiso engañar. Cuando en el exterior era de noche, en la cámara había luz, y cuando fuera era de día, reinaba la noche en la cámara. Se los mantuvo allí durante meses. Se convirtieron en aves neuróticas -empezaron a suicidarse o a matarse entre sí-, pero no se les pudo alterar el ritmo corporal. 

Se dormían durante el día en la cámara y despertaban cuando allí imperaba la noche. Y, desde luego, resultó muy extraño para sus cuerpos estar despiertos por la noche... comenzaron a sentir algo extraño y eso empezó a repercutir en sus sistemas.

Así que simplemente sigue tu ritmo corporal.

Extracto del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 298
Fotografía tomada de internet

¿Y SI VOLVEMOS A JUGAR?


domingo, 23 de agosto de 2015

EL ÁRBOL DE MANZANAS*


Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza:

—¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó:

—Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

—Lo siento —dijo el árbol—. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:

—¿Vienes a jugar conmigo?

—No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

—Lo siento —repuso el árbol—. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.

—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó.

—Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?

El árbol contestó:

—Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

—Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó:

—No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.

Entonces el árbol, llorando, le dijo:

—Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.

Y el hombre contestó:

—No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...

—Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres.

_________
* Contribución de Andrés Bernal, Lima.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 1a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

VIVE BIEN


viernes, 21 de agosto de 2015

LA PRESIÓN SOCIAL Y EL QUÉ DIRÁN


Cada cosa en su tiempo. Argumentos para poner la edad en su sitio.

3. LA PRESIÓN SOCIAL Y EL QUÉ DIRÁN

Por alguna extraña razón, a la gente no le agradan las «parejas disparejas» que se llevan muchos años. Por ejemplo, en Estados Unidos, el 65% de las mujeres no están de acuerdo con que las maduras tengan relaciones con hombres muy jóvenes.

De igual manera, si un hombre mayor sale con una jovencita, es probable que el calificativo de «viejo verde» no tarde en ser pronunciado (obviamente no me refiero a menores de edad). Lo importante es no dejarse influir por el qué dirán.

Un amigo estaba emparejado con una muchacha mucho más joven y debía hacer frente con bastante frecuencia a momentos «incómodos». El más común tenía que ver con el parentesco asumido cuando alguien le decía: «Lo felicito, muy guapa su hija». El hombre, que no se impresionaba demasiado por las opiniones ajenas, solía responder con una sonrisa maliciosa: «No es mi hija, es mi mujer. ¿No le parezco muy afortunado?». Por el contrario, algunas personas reciben estos comentarios como una puñalada en el ego. Un paciente celoso, cada vez que alguien confundía a su señora con su hija, se «ofendía», exigía respeto y peleaba por su «honor mancillado». La irracionalidad de su conducta era evidente: ¿por qué debían saber los otros que no era su hija, si en realidad parecía serlo? La indignación sobraba y lo único que lograba con semejante actitud era confirmar que no se sentía seguro en la relación. El humor, sin duda y como siempre, ayuda a no tomarse la opinión de los demás muy en serio. Recuerdo el caso de una pareja en la que la diferencia de edad era marcada y notoria: él tenía veintinueve años y ella cincuenta y cuatro. Cuando alguien les atribuía el parentesco «madre-hijo», él comenzaba a chuparse el dedo pulgar, adoptaba la posición fetal y le agarraba los senos. La gente salía despavorida y ambos se morían de la risa.

La cuestión cambia cuando la relación va en más serio y hay que enfrentarse a la familia, ya sea por motivos económicos o simplemente debido a que la relación no encaja en sus esquemas. Los argumentos suelen ser los mismos de siempre y relacionados con las apariencias y un vínculo inexistente: «¡Podrías ser su padre!», «¡Podrías ser su madre!», «¡Podrías ser su hija» o«¡Podrías ser su hijo!». ¿Qué responder a esto? La verdad: «¡Pues no lo soy!». Por lo general, la familia saca a relucir una cantidad de inconvenientes y consejos de todo tipo que, si provienen de quienes no tienen intereses creados, no está de más tenerlos en cuenta. Aunque al final, el último juez de tu propia conducta serás tú.

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso
Fotografía de internet

ENFOQUE EXCESIVO EN LA META


LA LUNA Y LA TIERRA


jueves, 20 de agosto de 2015

TU MEJOR OBRA: EL GUIÓN DE TU VIDA


Carta 17

Tu mejor obra: el guión de tu vida

«No es posible asegurar el futuro. Sólo es posible perder el presente.»
Ivan Klima

Amigo/a lector/a:

Tu futuro depende de muchas cosas, pero principalmente de ti.
De tu capacidad de generar cambios en ti y en tus circunstancias.
De tu capacidad y voluntad para pasar de ser efecto a ser causa.
Y, sobre todo, de tu determinación para asumir la dirección de tu vida realizando los cambios y renuncias que sean necesarios para ello.

Porque la consecución de la verdadera libertad llega cuando somos capaces de renunciar a lo que somos en favor de lo que podemos llegar a ser.

Pero ¿cómo vislumbrar lo que podemos llegar a ser?

Para responder a esta pregunta tenemos que hablar de cine, de personajes y, sobre todo, de guiones...

Seguro que cuando vas al cine y ves una buena película, al acabar necesitas unos segundos para volver en ti. Si la película te ha emocionado, las lágrimas aún estarán en tus ojos. Si te ha generado rabia, aún tendrás la mandíbula apretada. Si iba de héroes y batallas, te sentirás capaz de salir a conquistar el mundo... Sin darte cuenta te has metido en el personaje, te has metido a fondo en su piel, te has identificado con él, es decir, has hecho tuyas su identidad y sus circunstancias, sus dramas, sus alegrías, sus aventuras y desventuras...

Pues bien, el doctor Eric Berne observó hace tiempo que todas las personas a las que acompañaba en su proceso de terapia psicológica actuaban siguiendo lo que él denominó un «guión de vida», que es como el argumento preestablecido de una obra dramática que la persona se siente obligada a representar, independientemente de si se identifica o no con su personaje.

Fíjate que dice obligada. Y es que cuando uno está representando un guión lo que está haciendo es actuar según la definición del personaje que ha sido escrita por otro. En consecuencia, si quiere seguir siendo ese personaje no puede salirse del guión, porque si lo hace sentirá que deja de tener un papel en la obra, un papel en la vida... y eso es insoportable.

¿Cómo se crea el guión de vida de una persona?

Lo establece el niño durante su infancia, bajo la influencia sobre todo de sus padres o de las personas que hacen en todo o en parte esa función: abuelos y abuelas, maestros y maestras, hermanos y hermanas mayores, etc. Dicho guión se va reforzando por las diferentes experiencias y acontecimientos que el niño va viviendo a medida que crece.

Afortunadamente, los guiones de vida (como los cinematográficos en el momento de ser escritos) no están cerrados, sino que pueden ser modiñcados.

Y lo que es más importante, ese cambio de guión se realiza cuando el nuevo guionista decides ser tú, reescribiendo el guión a tu gusto, según tus deseos de cómo quieres vivir tu vida. Escribiendo con lápiz y goma de borrar al lado para poder modificarlo sobre la marcha según te convenga.

Esto, que no es sencillo, se consigue a raíz de un proceso de toma de conciencia, de un trabajo de observación de uno mismo y de una constatación de cuáles son los elementos o los hilos que mueven a la marioneta, al personaje: a tu personaje.

Dado que es en la infancia más tierna cuando se establecen las bases de la famosa autoestima, del valor propio y del valor de los demás (es decir, cuando se genera tu guión de vida) se trata de que te remontes a esa época y tomes conciencia de cuál es tu guión, de que lo investigues, de que lo descubras y, consecuentemente, de que te des cuenta de...

...si tu deseo es el tuyo o es el de papá y/o mamá;
...si vives la vida que quieres o la que te dijeron que te tocaba vivir;
...si trabajas en lo que te gusta o «en lo que tocaba»;
...si tus creencias en relación con la pareja, el sexo, la religión, la política, el placer, la prosperidad, etc., son tuyas o de tu padre y/o tu madre (o se definen a la contra de las creencias de tu padre y/o madre, lo cual implica estar igualmente enganchado a un guión).

Y, sobre todo, intenta darte cuenta de si te sientes bien o mal con todo ello.

Te invito a que analices cómo funcionan en ti los «impulsores» de los que te hablé en la carta 12. También en esa carta te hablaba de los continuos «noes» que recibe un niño y que condicionan su posición ante la vida. Esto, de forma desarrollada, seríalo que algunos psicólogos llaman «los mandatos».

Según Berne, los mandatos son los mensajes que llegan al niño (sobre todo de forma no verbal) a base de ser repetidos día tras día por sus padres o por las personas que tienen una fuerte influencia emocional en él, o excepcionalmente a causa de una circunstancia vivida como dramática.

Berne y otros expertos sobre guiones de vida han definido una serie de mandatos básicos:

1. «No existas, no vivas o no seas». Es sin duda el más destructivo de todos, ya que tiende a anular todas las posibilidades de la persona. Puede comunicarse mediante conductas como: dejar sólo al niño o bebé durante largo tiempo; burlarse de él cuando se lastima o está en peligro; mirarlo despectivamente, y no tocarlo ni acariciarlo... en definitiva, no reconociéndolo, ignorándolo o banalizando su existencia. También es posible transmitir este mandato repitiendo continuamente que la vida es dura, que «tiene que ganarse», que sólo se vive para sufrir, etc.

2. «No seas lo que eres o no seas tú mismo/a.» Una persona de diferente sexo, de diferente aspecto, con mejor tipo, más alta... Son niños a los que se fuerza a ocupar una posición deseada por los padres distinta a la de su propia naturaleza.

3. «No lo logres.» Se manifiesta como consecuencia de un gran temor de los padres al logro, al éxito, a la realización.

4. «No sabes» (o su variante extendida «no sabes hacerlo»). Es el caso de los padres que desprecian sistemáticamente los logros de sus hijos comparándolos con los de otros niños, con los de adultos o con los de los propios padres.

5. «No te acerques.» Normalmente aparece ante la dificultad de los padres de mantener el contacto físico y de dar caricias a sus hijos. Este mandato desemboca en comportamientos de aislamiento, de no pertenencia, en dificultades para establecer relaciones de amistad, íntimas...

6. «No pertenezcas.» Por desgracia, muy observado en personas que deciden no relacionarse con nadie. Normalmente es un mecanismo de defensa ante el pánico e insoportable dolor que supone el rechazo o la no aceptación del otro.

7. «No crezcas.» Cuando los padres impiden al niño que asuma tareas y funciones propias de un desarrollo físico y psicológico natural. Típica situación de aquellos padres que sobreprotegen a sus hijos o se lo hacen todo, creando una dependencia incluso cuando el niño se convierte en adulto. Aquí tenemos el complejo de Peter Pan, por el cual la persona ya cronológicamente adulta se mantiene con una actitud pueril ante la vida, negándose psicológicamente a crecer: conductas hedonistas y excesivamente infantiles, falta de sentido de responsabilidad, incapacidad para una vida autónoma e incapacidad de tomar decisiones que impliquen un compromiso.

8. «No seas niño/a.» Es el opuesto al anterior, aunque no son incompatibles. Se fuerza al niño a que abandone sus necesidades naturales en la infancia para, de repente, convertirse en un adulto y a menudo ocuparse de las necesidades de otros: hermanos menores, familiares enfermos o padres que, gobernados por un «no crezcas», actúan como niños.

9. «¡No!» (o «no lo hagas»). Acostumbran a transmitirlo personas que, pese a que piensan y sienten, no hacen. Dubitativos, vacilantes, viven el hacer como un riesgo. En el fondo de este mandato hay pánico hacia el placer.

10. «Tus necesidades no son importantes» (o «no importas»). Tristemente, éste es uno de los mandatos que se observarán cada vez más, ya que aparece sobre todo entre aquellos padres que dicen no tener tiempo para sus hijos. El niño que por la ausencia de sus padres interpreta un «no podemos estar por ti» asume lo siguiente: «No importo». Con lo cual no se dará el permiso de importar, de ser tenido en cuenta, de que se cuente con él cuando sea adulto.

11. «No vales.» Aparece cuando los padres, en el fondo, no querían tener un niño, sino parir a Dios en persona. Detrás de este mandato hay una exigencia de perfección que aparece para compensar un profundo sentimiento de impotencia y falta de autoestima por parte de los padres. De este modo, engendran a alguien que esperan que sea un niño/a prodigioso, una especie de Supermán.

12. «No pienses.» Cuando las preguntas del niño son ignoradas, respondidas burlonamente o de manera inadecuada es cuando se está transmitiendo este mandato. También se genera cuando el niño observa precisamente este mandato de manera repetida en la vida de sus padres, es decir, observa que ellos no piensan. El riesgo de tener ideas propias, o de tener un pensamiento distinto a los progenitores con relación a temas clave o tabú como la religión o el sexo, puede ser vivido como altamente peligroso por los padres. Este mandato se estructura a varios niveles: desde el «no pienses lo que piensas» hasta el «no pienses del todo».

13. «No sientas.» Se manifiesta cuando la emoción está desterrada por miedo o porque estuvo prohibida en el hogar de los propios padres.

14. «No me superes.» En caso de rivalidades no resueltas o de celos de los padres hacia los hijos cualquier progreso de un hijo puede ser vivido por el padre o la madre como una pérdida de su propio valor. Por desgracia, es muy frecuente observar cómo hay padres que no saben digerir la primera derrota deportiva, lúdica o intelectual frente a su hijo/a. En tal caso abandonan la partida, se enfadan, y pueden llegar a negarse a reconocer la derrota o a volver a jugar.

15. «No disfrutes.» Cuando el placer está prohibido, bien porque gozar se considera pecado, bien porque disfrutar se interpreta como el preludio de una desgracia posterior.

Llegados a este punto, la cuestión es: ¿estos mandatos van a estar siempre ahí, bloqueando, inhibiendo, reprimiendo, limitando el sano desarrollo psicológico y la capacidad de vivir una vida con mayor grado de espontaneidad, de intimidad, de conciencia...? ¿Son los guiones de vida cerrados? La respuesta es, afortunadamente, ¡no!

Cada mandato tiene su reverso, esto es, un permiso:

1. El permiso de vivir, de existir, de ser.
2. El permiso de ser uno mismo.
3. El permiso de lograr.
4. El permiso de saber.
5. El permiso de acercarse.
6. El permiso de pertenecer.
7. El permiso de crecer.
8. El permiso de ser niño.
9. El permiso de hacer.
10. El permiso de ser importante e importar.
11. El permiso de valer.
12. El permiso de pensar.
13. El permiso de sentir.
14. El permiso de superar y superarse.
15. El permiso de disfrutar.

El permiso es esencial en el proceso de cambio y de desarrollo personal y de modificación del guión de vida. Lo integramos cuando revocamos la decisión de seguir los mandatos parentales, una vez éstos han sido identificados y reconocidos como bloqueantes o inhibidores de nuestro deseo. Es decir, una vez que hemos aceptado que están condicionando nuestra manera de percibirnos a nosotros mismos y a los demás, y en consecuencia afectando nuestro comportamiento aquí y ahora.

Probablemente el primer permiso que uno puede darse es el de vivir (más allá de «ganarse la vida»), para luego ir avanzando sobre los demás permisos e a estar siempre ahí, bloqueando, inhibiendo, reprimiendo, limitando el sano desarrollo de espontaneidad, de intimidad, de conciencia...? ¿Son los guiones de vida cerrados? La ir asumiendo poco a poco la capacidad de generar cambios a través de la responsabilidad sobre la propia vida.

Sólo cuando tenemos el coraje de reconocer que llevamos el timón podemos conducir al barco hacia el puerto que deseamos. Es decir, podemos elegir.

Pero para ello se necesita también el coraje de plantearse si las creencias, convicciones y valores sobre los que tenemos construida nuestra vida actúan como mordazas limitadoras.

Estas convicciones son los principales frenos que tenemos hacia la dirección de nuestra vida y hacia la consecución de aquellas circunstancias que nos harán felices, manifestando ese ser único que es cada persona.

Porque, sin ninguna duda, tú eres un ser único. Y sería una verdadera lástima que la definición de lo que tú eres la pusieras en manos de otros.

SI LO DESEAS, PUEDES REESCRIBIR TU GUIÓN.

(¡Busca papel, lápiz y una goma de borrar!)
Consolida en ti un guión de vida lleno de permisos.
Si lo deseas, puedes empezar a mostrar tu luz...
«¡Que tu luz brille por siempre, porque tú te lo mereces!», dice una bella canción.
¡Que así sea!

Álex

P. D. Hay un relato de Anthony de Mello que es ideal para cerrar esta carta. Tiene que ver con lo que creemos ser y con los guiones de vida. Y dice así:

Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.

Durante toda su vida el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piaba y cacareaba. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, igual que los pollos. Después de todo ¿no es así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila envejeció. Un día divisó muy por encima de su cabeza, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.

La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. «¿Qué es eso?», preguntó a una gallina que estaba junto a ella. «Es el águila, la reina de las aves», respondió la gallina. «Pero no pienses en ella. Tú y yo somos diferentes.»

De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral.

El riesgo de morir creyéndonos gallinas es muy grande, porque son muy pocos los que de verdad se atreven a volar...

Como diría mi buen amigo Alfredo Caputo, desde Buenos Aires: «Existe un gran pánico a la caída, al golpe, pero la verdadera protección está en las alturas. Especialmente cuando hay hambre de elevación... y buenas alas».

Y si el miedo aparece ocasionalmente, no te preocupes:si de verdad estás en tu camino, el fin justificará los «miedos».

Así que... ¡VUELA!

Extracto del libro: 
La brújula interior
Conocimiento y éxito duradero 
Álex Rovira Celma