martes, 31 de octubre de 2017

TÚ ERES YA UN FUTURO BUDA







El nombre de “Buda” viene de la palabra “bud”. “Bud” significa despertar, comprender y conocer. Un Buda es aquel que está despierto, que es consciente de lo que está sucediendo en el momento presente. Posee una comprensión y un amor muy profundos. Todo el mundo puede ser un Buda. Todos somos futuros Budas. Lo somos porque podemos tener una profunda comprensión y una gran capacidad para amar y aliviar el sufrimiento de los demás.





Los amigos del Buda suelen saludarse entre sí uniendo las palmas de las manos como una flor de loto. El loto es una flor muy hermosa parecida a una magnolia. Unimos las palmas y mientras inspiramos decimos mentalmente en silencio: “Te ofrezco un loto”. Luego nos inclinamos, exhalamos el aire y decimos mentalmente en silencio: “Un futuro Buda”. Ofrecemos este gesto como un regalo.





El Buda dijo que hay muchos otros Budas en todas partes que están enseñando e intentando llevar el amor y la compasión a la vida cotidiana. El Buda dijo: “Todos vosotros sois futuros Budas”. Y tenía razón, porque en cada uno de nosotros hay semillas de comprensión, amor y compasión. Cuando cultivamos el amor y la comprensión, regamos esas semillas y entonces crecen y dan fruto. Si practicamos según las enseñanzas del Buda, nos convertimos en Budas.





Cada uno de nosotros es un futuro Buda. Por eso amo vivir de una forma que el Buda que hay en mi florezca. Cuando sabemos cómo respirar, caminar, sonreír y tratar a las personas, las plantas, los animales y los minerales, nos convertimos en verdaderos Budas.









Extracto del libro:


A la sombra del manzano rosal


El budismo explicado a los niños


Thich Nhat Hanh


Fotografía tomada de internet


TÚ ERES YA UN FUTURO BUDA


El nombre de “Buda” viene de la palabra “bud”. “Bud” significa despertar, comprender y conocer. Un Buda es aquel que está despierto, que es consciente de lo que está sucediendo en el momento presente. Posee una comprensión y un amor muy profundos. Todo el mundo puede ser un Buda. Todos somos futuros Budas. Lo somos porque podemos tener una profunda comprensión y una gran capacidad para amar y aliviar el sufrimiento de los demás.

Los amigos del Buda suelen saludarse entre sí uniendo las palmas de las manos como una flor de loto. El loto es una flor muy hermosa parecida a una magnolia. Unimos las palmas y mientras inspiramos decimos mentalmente en silencio: “Te ofrezco un loto”. Luego nos inclinamos, exhalamos el aire y decimos mentalmente en silencio: “Un futuro Buda”. Ofrecemos este gesto como un regalo.

El Buda dijo que hay muchos otros Budas en todas partes que están enseñando e intentando llevar el amor y la compasión a la vida cotidiana. El Buda dijo: “Todos vosotros sois futuros Budas”. Y tenía razón, porque en cada uno de nosotros hay semillas de comprensión, amor y compasión. Cuando cultivamos el amor y la comprensión, regamos esas semillas y entonces crecen y dan fruto. Si practicamos según las enseñanzas del Buda, nos convertimos en Budas.

Cada uno de nosotros es un futuro Buda. Por eso amo vivir de una forma que el Buda que hay en mi florezca. Cuando sabemos cómo respirar, caminar, sonreír y tratar a las personas, las plantas, los animales y los minerales, nos convertimos en verdaderos Budas.


Extracto del libro:
A la sombra del manzano rosal
El budismo explicado a los niños
Thich Nhat Hanh
Fotografía tomada de internet

EL POTENCIAL DE BUDA EN TI






EL POTENCIAL DE BUDA EN TI


SIENDO UN BUDA




SIENDO UN BUDA


MI OPINIÓN SOBRE LOS DEMÁS






MI OPINIÓN SOBRE LOS DEMÁS


lunes, 30 de octubre de 2017

TAO TE KING: PRINCIPIO 34







El gran SENTIDO es omnipresente,


puede estar a la derecha y a la izquierda.





Todas las cosas le deben su existencia,


y a ninguna se rehusa.





Cuando termina una obra


no pretende poseerla.





Todo lo viste y alimenta,


pero no se erige en su dueño.





Podemos calificarlo como Pequeño,


porque siempre carece de deseos.





Podemos calificarlo como Grande,


porque todo, aun desconociendo su soberanía,


depende de él.





El Sabio nunca se da importancia.













Extracto del libro:


Lao-Tsé


Tao Te King


Fotografía tomada de internet





TAO TE KING: PRINCIPIO 34


El gran SENTIDO es omnipresente,
puede estar a la derecha y a la izquierda.

Todas las cosas le deben su existencia,
y a ninguna se rehusa.

Cuando termina una obra
no pretende poseerla.

Todo lo viste y alimenta,
pero no se erige en su dueño.

Podemos calificarlo como Pequeño,
porque siempre carece de deseos.

Podemos calificarlo como Grande,
porque todo, aun desconociendo su soberanía,
depende de él.

El Sabio nunca se da importancia.



Extracto del libro:
Lao-Tsé
Tao Te King
Fotografía tomada de internet

DUEÑO DE TODO






DUEÑO DE TODO


domingo, 29 de octubre de 2017

MOMENTOS DE INADECUACIÓN E INQUIETUD







Según un antiguo maestro chino, la verdad no es así ni de la otra forma. Es como un perro que anhela lamer un cuenco de aceite hirviendo. No puede dejarlo porque es demasiado deseable,, y tampoco puede lamerlo porque está demasiado caliente.





¿Cómo actuamos ante un aprieto así? De algún modo, alguien tiene que acabar animándonos a ser inquisitivos con ese territorio desconocido y con la pregunta incontestable de qué es lo que va a ocurrir a continuación. 





El estado de presencia en el instante está a nuestra disposición en el momento en que estamos en un aprieto. Ese momento extraño y ambiguo es nuestra mente sabia. Allí mismo, en la incertidumbre del caos cotidiano, está nuestra mente sabia.





Necesitamos coraje para experimentar y probar este tipo de cosas. Es muy expuesto y quizá sintamos que no estamos preparados para ello, pero ésa es la cuestión. Ahí mismo, en ese mismo sentimiento de inadecuación e inquietud, está nuestra mente sabia. Podemos experimentar, no tenemos nada que perder; podemos experimentar con el hecho de no dejarnos desplazar por lo que creemos correcto o equivocado y aprender a relajarnos en la falta de suelo bajo los pies.








Extracto del libro:


Cuando Todo Se Derrumba


Pema Chödron


Fotografía de Internet

MOMENTOS DE INADECUACIÓN E INQUIETUD


Según un antiguo maestro chino, la verdad no es así ni de la otra forma. Es como un perro que anhela lamer un cuenco de aceite hirviendo. No puede dejarlo porque es demasiado deseable,, y tampoco puede lamerlo porque está demasiado caliente.

¿Cómo actuamos ante un aprieto así? De algún modo, alguien tiene que acabar animándonos a ser inquisitivos con ese territorio desconocido y con la pregunta incontestable de qué es lo que va a ocurrir a continuación. 

El estado de presencia en el instante está a nuestra disposición en el momento en que estamos en un aprieto. Ese momento extraño y ambiguo es nuestra mente sabia. Allí mismo, en la incertidumbre del caos cotidiano, está nuestra mente sabia.

Necesitamos coraje para experimentar y probar este tipo de cosas. Es muy expuesto y quizá sintamos que no estamos preparados para ello, pero ésa es la cuestión. Ahí mismo, en ese mismo sentimiento de inadecuación e inquietud, está nuestra mente sabia. Podemos experimentar, no tenemos nada que perder; podemos experimentar con el hecho de no dejarnos desplazar por lo que creemos correcto o equivocado y aprender a relajarnos en la falta de suelo bajo los pies.


Extracto del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron
Fotografía de Internet

PERCIBIENDO EL SILENCIO






PERCIBIENDO EL SILENCIO


miércoles, 25 de octubre de 2017

LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO





Continuación





Señalaré tres modos cognitivos que emplean las mentes simples para reafirmar su insoportable levedad: atribuciones incompletas o infantilismo mental; la vida en blanco y negro; y «mejor cambiemos de tema» o «ya es suficiente». 






LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO 





Es considerar las cosas en categorías absolutas: o blanco o negro. Es más «económico» y menos complejo para una mente simple decir «sí» o «no». Como hemos visto, el todo o nada adopta diferentes formas en la mentalidad rígida. Aquí, el pensamiento dicotómico está al servicio de la simplificación o de evitar ampliar y revisar las posturas asumidas. 





Para una mente que busca afanosamente la certeza, los términos medios son fuente de estrés. Entre otras cosas, porque los grises requieren muchas veces un cálculo de probabilidades que el estilo rígido rechaza con tozudez. Por ejemplo, afirmar que «todas las personas de derechas son autoritarias y fundamentalistas» es un claro error cognitivo, ya que no sólo las investigaciones muestran que no es así sino que la experiencia cotidiana no lo avala: hay personas de derechas que no son autoritarias ni dogmáticas. Por lo tanto, deberíamos cambiar la palabra «todas» por «algunas», flexibilizar la afirmación y hacerla menos categórica. Con todo, es posible que el ajuste no sea del agrado de un político de izquierdas obstinado, porque implicaría aceptar que no toda persona de derechas es fascista. 





Lo mismo ocurriría con la afirmación: «Todas las personas de izquierdas son autoritarias y fundamentalistas.» Un político de ultraderecha no aceptaría cambiar «todas» por «algunas», porque implicaría aceptar que existen personas de izquierdas con un pensamiento democrático. Pero es evidente que hay personas de izquierdas que no son autoritarias ni fundamentalistas. En política, la rigidez afecta tanto a los de derechas como a los de izquierdas. Las mentes totalitarias se hallan tanto en un bando como en el otro. 





Veamos dos ejemplos de dicotomía simplista: 





Ejemplo 1:





—La gente que fuma marihuana es drogadicta. 


—No estoy de acuerdo. Hay consumidores sociales que no tienen dependencia. 


—No es así, todas las personas que consumen marihuana son drogodependientes. 





Pero no es así. No todos los que consumen marihuana cumplen con las características de una persona que tiene una adicción. Si lo hacen de forma ocasional, no sufren del síndrome de abstinencia (entrar en crisis cuando no se consume) y no son compulsivas. Están fuera de los parámetros del diagnóstico de drogodependencia aceptados a nivel internacional. Con esto no estoy invitando a cultivar marihuana en el balcón de casa. Lo que estoy señalando es una excepción a la regla y reemplazando «todas» por «algunas». Obviamente, es menos trabajoso para la mente simple quedarse con la generalización que con la excepción. 





Ejemplo 2:





—No quiero aceptar responsabilidades. Me siento inseguro.


—¿Por qué? Yo he visto que haces las cosas bien. 


—No, no, yo siempre me equivoco... Nunca dejaré de ser mediocre.





La simplicidad también puede estar dirigida a uno mismo. A veces no queremos profundizar en nuestro comportamiento ni ver cómo es en realidad. Es más fácil y menos arduo utilizar el «siempre» y el «nunca». La última afirmación del diálogo anterior es errónea porque es obvio que habrá veces en que esa persona no se equivoque y es muy probable que algún día dejará de ser mediocre, si es que lo es. Es decir: ni siempre ni nunca.









Extracto del libro: 


El arte de ser flexible


Walter Riso


Fotografía tomada de internet





LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO

Continuación

Señalaré tres modos cognitivos que emplean las mentes simples para reafirmar su insoportable levedad: atribuciones incompletas o infantilismo mental; la vida en blanco y negro; y «mejor cambiemos de tema» o «ya es suficiente». 

LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO 

Es considerar las cosas en categorías absolutas: o blanco o negro. Es más «económico» y menos complejo para una mente simple decir «sí» o «no». Como hemos visto, el todo o nada adopta diferentes formas en la mentalidad rígida. Aquí, el pensamiento dicotómico está al servicio de la simplificación o de evitar ampliar y revisar las posturas asumidas. 

Para una mente que busca afanosamente la certeza, los términos medios son fuente de estrés. Entre otras cosas, porque los grises requieren muchas veces un cálculo de probabilidades que el estilo rígido rechaza con tozudez. Por ejemplo, afirmar que «todas las personas de derechas son autoritarias y fundamentalistas» es un claro error cognitivo, ya que no sólo las investigaciones muestran que no es así sino que la experiencia cotidiana no lo avala: hay personas de derechas que no son autoritarias ni dogmáticas. Por lo tanto, deberíamos cambiar la palabra «todas» por «algunas», flexibilizar la afirmación y hacerla menos categórica. Con todo, es posible que el ajuste no sea del agrado de un político de izquierdas obstinado, porque implicaría aceptar que no toda persona de derechas es fascista. 

Lo mismo ocurriría con la afirmación: «Todas las personas de izquierdas son autoritarias y fundamentalistas.» Un político de ultraderecha no aceptaría cambiar «todas» por «algunas», porque implicaría aceptar que existen personas de izquierdas con un pensamiento democrático. Pero es evidente que hay personas de izquierdas que no son autoritarias ni fundamentalistas. En política, la rigidez afecta tanto a los de derechas como a los de izquierdas. Las mentes totalitarias se hallan tanto en un bando como en el otro. 

Veamos dos ejemplos de dicotomía simplista: 

Ejemplo 1:

—La gente que fuma marihuana es drogadicta. 
—No estoy de acuerdo. Hay consumidores sociales que no tienen dependencia. 
—No es así, todas las personas que consumen marihuana son drogodependientes. 

Pero no es así. No todos los que consumen marihuana cumplen con las características de una persona que tiene una adicción. Si lo hacen de forma ocasional, no sufren del síndrome de abstinencia (entrar en crisis cuando no se consume) y no son compulsivas. Están fuera de los parámetros del diagnóstico de drogodependencia aceptados a nivel internacional. Con esto no estoy invitando a cultivar marihuana en el balcón de casa. Lo que estoy señalando es una excepción a la regla y reemplazando «todas» por «algunas». Obviamente, es menos trabajoso para la mente simple quedarse con la generalización que con la excepción. 

Ejemplo 2:

—No quiero aceptar responsabilidades. Me siento inseguro.
—¿Por qué? Yo he visto que haces las cosas bien. 
—No, no, yo siempre me equivoco... Nunca dejaré de ser mediocre.

La simplicidad también puede estar dirigida a uno mismo. A veces no queremos profundizar en nuestro comportamiento ni ver cómo es en realidad. Es más fácil y menos arduo utilizar el «siempre» y el «nunca». La última afirmación del diálogo anterior es errónea porque es obvio que habrá veces en que esa persona no se equivoque y es muy probable que algún día dejará de ser mediocre, si es que lo es. Es decir: ni siempre ni nunca.


Extracto del libro: 
El arte de ser flexible
Walter Riso
Fotografía tomada de internet

TAL Y COMO SON LAS COSAS






TAL Y COMO SON LAS COSAS


martes, 24 de octubre de 2017

EL TAMBOR MÁGICO







¿Mis poderes sobrenaturales, mis poderes maravillosos? 


Son sacar agua y traer leña. 


P'ang Yun (740-811) 





Érase una vez un muchacho llamado Gengoró. Era un desharrapado, un golfo, un vagabundo, que arrastraba por los caminos sus harapos y no tenía padre, ni madre, ni casa. Una mañana de verano se despertó a la orilla de un río y descubrió entre la espesura un pequeño tambor mágico, abandonado por algún dios de las aguas. Muy contento con esa ganga, lo cogió, lo ató a su cinturón y quiso verificar inmediatamente sus poderes: 





-¡Nariz, crece, crece! -dijo, tocando el tambor, y su nariz creció y creció, y cuanto más tocaba el tambor más se alargaba su nariz. Su apéndice pronto cruzó el río y, con gran regocijo por su parte, salió por encima de la copa de los árboles, al otro lado del agua. 





-¡Nariz, encógete, encógete!-dijo entonces tocando el tambor, y su nariz volvió a su medida normal. 





Era un juego muy distraído, y Gengoró, que era un bromista, lo habría prolongado un buen rato. Pero, mientras caminaba, reflexionaba. Utilizado con tino, ese tam bor mágico podía procurarle gloria y fortuna. En aquel momento pasaba por delante de la residencia de un gran señor que tenía, decían, una hija bella como el sol, en edad de casarse. Gengoro, con su tambor mágico sujeto al cinto, merodeó por los alrededores. Finalmente descubrió un agujero en un seto, se metió en él y, después de atravesar varios patios, se encontró en el gineceo. Allí, una muchacha bellísima, como sólo existen en sueños, estaba sentada al borde de un estanque y contemplaba en el agua una flor de loto. Gengoró se acercó y murmuró, tocando su tambor mágico: 





-Nariz de muchacha, encógete, encógete ... 





La nariz de la joven disminuyó y disminuyó hasta que al fin desapareció. Cuando el gran señor vio a su hija lanzó un grito de espanto. No tenía nariz, su rostro era plano como una torta. 





¡Ay! -dijo el desgraciado padre-¿Cómo vamos a casar a nuestra hija ahora, quién querrá a un monstruo? Es absolutamente necesario encontrarle un médico que le devuelva su nariz y su desaparecida belleza . 





***





Entonces desfilaron por la noble mansión los médicos más célebres de todo el país, pero también los curanderos, los magos e incluso los charlatanes. No se rechazaba a nadie, pues se esperaba ansiosamente un milagro. 





En ese momento fue cuando Gengoró se presentó. Los sirvientes estuvieron a punto de echarle, tan pobre era su aspecto, pero obedecieron las consignas y fue introducido a su vez en la habitación de la muchacha, que se ocultaba detrás de un biombo. Gengoró se instaló y dijo en voz alta mientras tocaba discretamente su tambor mágico: 





-¡Nariz de muchacha, crece, crece! 





¡Oh milagro, a medida que hablaba y tocaba el tambor, la nariz aparecía, se destacaba, recobraba su dimensión habitual! El gran señor, loco de alegría, colmó a Gengoró de regalos. Dieron un magnífico banquete en su honor. Recibió un vestido nuevo, una indumentaria completa, un palanquín y varios sirvientes. Incluso le ofrecieron una casa y las tierras colindantes. Gengoró llevó durante un tiempo una existencia llena de placeres, y, si hubiera querido, habría hecho fortuna. Pero pronto se aburrió. Una mañana, tras darle las gracias al gran señor por sus favores, volvió a la carretera, pues prefería, a la riqueza y los honores, la pobreza y su insolente libertad.





***





-¡Maestro, mostradme la Vía de la liberación!





-¿Quién te ha encadenado? -pregunta el maestro-


¡Dime su nombre!





-Nadie-dice el discípulo.





-¿Entonces por qué pides la liberación?









Extraído de:


La Grulla Cenicienta


Los más bellos cuentos zen


Henry Brunel


Fotografía del internet


EL TAMBOR MÁGICO


¿Mis poderes sobrenaturales, mis poderes maravillosos? 
Son sacar agua y traer leña. 
P'ang Yun (740-811) 

Érase una vez un muchacho llamado Gengoró. Era un desharrapado, un golfo, un vagabundo, que arrastraba por los caminos sus harapos y no tenía padre, ni madre, ni casa. Una mañana de verano se despertó a la orilla de un río y descubrió entre la espesura un pequeño tambor mágico, abandonado por algún dios de las aguas. Muy contento con esa ganga, lo cogió, lo ató a su cinturón y quiso verificar inmediatamente sus poderes: 

-¡Nariz, crece, crece! -dijo, tocando el tambor, y su nariz creció y creció, y cuanto más tocaba el tambor más se alargaba su nariz. Su apéndice pronto cruzó el río y, con gran regocijo por su parte, salió por encima de la copa de los árboles, al otro lado del agua. 

-¡Nariz, encógete, encógete!-dijo entonces tocando el tambor, y su nariz volvió a su medida normal. 

Era un juego muy distraído, y Gengoró, que era un bromista, lo habría prolongado un buen rato. Pero, mientras caminaba, reflexionaba. Utilizado con tino, ese tam bor mágico podía procurarle gloria y fortuna. En aquel momento pasaba por delante de la residencia de un gran señor que tenía, decían, una hija bella como el sol, en edad de casarse. Gengoro, con su tambor mágico sujeto al cinto, merodeó por los alrededores. Finalmente descubrió un agujero en un seto, se metió en él y, después de atravesar varios patios, se encontró en el gineceo. Allí, una muchacha bellísima, como sólo existen en sueños, estaba sentada al borde de un estanque y contemplaba en el agua una flor de loto. Gengoró se acercó y murmuró, tocando su tambor mágico: 

-Nariz de muchacha, encógete, encógete ... 

La nariz de la joven disminuyó y disminuyó hasta que al fin desapareció. Cuando el gran señor vio a su hija lanzó un grito de espanto. No tenía nariz, su rostro era plano como una torta. 

¡Ay! -dijo el desgraciado padre-¿Cómo vamos a casar a nuestra hija ahora, quién querrá a un monstruo? Es absolutamente necesario encontrarle un médico que le devuelva su nariz y su desaparecida belleza . 

***

Entonces desfilaron por la noble mansión los médicos más célebres de todo el país, pero también los curanderos, los magos e incluso los charlatanes. No se rechazaba a nadie, pues se esperaba ansiosamente un milagro. 

En ese momento fue cuando Gengoró se presentó. Los sirvientes estuvieron a punto de echarle, tan pobre era su aspecto, pero obedecieron las consignas y fue introducido a su vez en la habitación de la muchacha, que se ocultaba detrás de un biombo. Gengoró se instaló y dijo en voz alta mientras tocaba discretamente su tambor mágico: 

-¡Nariz de muchacha, crece, crece! 

¡Oh milagro, a medida que hablaba y tocaba el tambor, la nariz aparecía, se destacaba, recobraba su dimensión habitual! El gran señor, loco de alegría, colmó a Gengoró de regalos. Dieron un magnífico banquete en su honor. Recibió un vestido nuevo, una indumentaria completa, un palanquín y varios sirvientes. Incluso le ofrecieron una casa y las tierras colindantes. Gengoró llevó durante un tiempo una existencia llena de placeres, y, si hubiera querido, habría hecho fortuna. Pero pronto se aburrió. Una mañana, tras darle las gracias al gran señor por sus favores, volvió a la carretera, pues prefería, a la riqueza y los honores, la pobreza y su insolente libertad.

***

-¡Maestro, mostradme la Vía de la liberación!

-¿Quién te ha encadenado? -pregunta el maestro-
¡Dime su nombre!

-Nadie-dice el discípulo.

-¿Entonces por qué pides la liberación?


Extraído de:
La Grulla Cenicienta
Los más bellos cuentos zen
Henry Brunel
Fotografía del internet

LOS OPUESTOS






LOS OPUESTOS


lunes, 23 de octubre de 2017

LA EXISTENCIA ES PARADÓJICA







La existencia es paradójica. La paradoja es su esencia misma. Se manifiesta a través de los opuestos; es un equilibrio de opuestos. Y quien aprende el equilibrio logra saber lo que es la vida, lo que es la existencia, lo que es Dios. El secreto está en el equilibrio. 





Si Aristóteles hubiera tenido razón, sólo habría hombres y no habría mujeres, o sólo mujeres y ningún hombre. Si el mundo hubiera sido creado según Aristóteles, habría sólo luz y no habría oscuridad, o sólo oscuridad y no luz. Lógico: habría vida o muerte, pero no ambas. Pero la vida no se basa en la lógica aristotélica, y tiene de ambas. La vida es posible porque existen ambos, los opuestos: hombre y mujer, yin y yang, día y noche, nacimiento y muerte, amor y odio. La vida consiste en ambos. 





El amor es una especie de pelea, es una pelea. Sin esta pelea el amor no puede existir. Parece un contrasentido porque pensamos que los amantes no deberían pelear. Es lógico: si amas a alguien, cómo puedes pelear con esa persona? Es absolutamente claro y obvio para el intelecto que los amantes no deberían pelear. Pero lo hacen. Es más, son enemigos íntimos; pelean constantemente. Es en la pelea misma que se libera la energía que llamamos amor. 





Es cierto que el amor no es sólo pelea, sólo lucha; es mucho más que eso. Es también pelea, pero el amor la trasciende y la pelea no logra destruirlo. El amor sobrevive a la pelea pero no puede existir sin ella. 





Si no le impones tus conceptos a la vida, si sólo observas las cosas tal como son, descubrirás de repente que los opuestos son complementarios. La tensión entre los opuestos es la base misma sobre la cual se construye la vida; si no fuera así, desaparecería. 





Piensa en un mundo en que no exista la muerte... Te dirás: "Entonces la vida existirá eternamente", pero te equivocas. Si la muerte no existe, la vida desaparecerá. La vida no puede existir sin la muerte; la muerte le da a la vida un trasfondo, le da color y riqueza, le da pasión e intensidad. La muerte, entonces, no se opone a la vida; la muerte participa en la vida. Si quieres vivir con autenticidad, tienes que aprender a morir constantemente con autenticidad. Tienes que lograr un equilibrio entre el nacimiento y la muerte y encontrar el punto intermedio preciso. 





Esto nos resulta muy difícil de comprender porque nuestra mente ha sido educada con conceptos que no se aplican a la vida real. Piensas que una vez que has logrado la meditación ya no necesitarás nada más y dominarás la meditación. Te equivocas. La meditación no es nada estático. Es un equilibrio. Tendrás que lograrla una y otra vez. Serás cada vez más capaz de lograrla, pero no es algo que permanezca para siempre, no es una pertenencia en tus manos. Hay que conquistarla a cada momento, y sólo entonces será tuya.





La vida no cree en el descanso; es un movimiento continuo de la perfección a una mayor perfección. Me escuchas: de la perfección a una mayor perfección. Nunca hay imperfección, siempre hay perfección, pero siempre es posible una mayor perfección. 





FUENTE: OSHO:  El Hombre que Amaba las Gaviotas y Otros Relatos‘, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2003, ISBN 958-04-7279-3, Pag. 2

LA EXISTENCIA ES PARADÓJICA


La existencia es paradójica. La paradoja es su esencia misma. Se manifiesta a través de los opuestos; es un equilibrio de opuestos. Y quien aprende el equilibrio logra saber lo que es la vida, lo que es la existencia, lo que es Dios. El secreto está en el equilibrio. 

Si Aristóteles hubiera tenido razón, sólo habría hombres y no habría mujeres, o sólo mujeres y ningún hombre. Si el mundo hubiera sido creado según Aristóteles, habría sólo luz y no habría oscuridad, o sólo oscuridad y no luz. Lógico: habría vida o muerte, pero no ambas. Pero la vida no se basa en la lógica aristotélica, y tiene de ambas. La vida es posible porque existen ambos, los opuestos: hombre y mujer, yin y yang, día y noche, nacimiento y muerte, amor y odio. La vida consiste en ambos. 

El amor es una especie de pelea, es una pelea. Sin esta pelea el amor no puede existir. Parece un contrasentido porque pensamos que los amantes no deberían pelear. Es lógico: si amas a alguien, cómo puedes pelear con esa persona? Es absolutamente claro y obvio para el intelecto que los amantes no deberían pelear. Pero lo hacen. Es más, son enemigos íntimos; pelean constantemente. Es en la pelea misma que se libera la energía que llamamos amor. 

Es cierto que el amor no es sólo pelea, sólo lucha; es mucho más que eso. Es también pelea, pero el amor la trasciende y la pelea no logra destruirlo. El amor sobrevive a la pelea pero no puede existir sin ella. 

Si no le impones tus conceptos a la vida, si sólo observas las cosas tal como son, descubrirás de repente que los opuestos son complementarios. La tensión entre los opuestos es la base misma sobre la cual se construye la vida; si no fuera así, desaparecería. 

Piensa en un mundo en que no exista la muerte... Te dirás: "Entonces la vida existirá eternamente", pero te equivocas. Si la muerte no existe, la vida desaparecerá. La vida no puede existir sin la muerte; la muerte le da a la vida un trasfondo, le da color y riqueza, le da pasión e intensidad. La muerte, entonces, no se opone a la vida; la muerte participa en la vida. Si quieres vivir con autenticidad, tienes que aprender a morir constantemente con autenticidad. Tienes que lograr un equilibrio entre el nacimiento y la muerte y encontrar el punto intermedio preciso. 

Esto nos resulta muy difícil de comprender porque nuestra mente ha sido educada con conceptos que no se aplican a la vida real. Piensas que una vez que has logrado la meditación ya no necesitarás nada más y dominarás la meditación. Te equivocas. La meditación no es nada estático. Es un equilibrio. Tendrás que lograrla una y otra vez. Serás cada vez más capaz de lograrla, pero no es algo que permanezca para siempre, no es una pertenencia en tus manos. Hay que conquistarla a cada momento, y sólo entonces será tuya.

La vida no cree en el descanso; es un movimiento continuo de la perfección a una mayor perfección. Me escuchas: de la perfección a una mayor perfección. Nunca hay imperfección, siempre hay perfección, pero siempre es posible una mayor perfección. 

FUENTE: OSHO:  El Hombre que Amaba las Gaviotas y Otros Relatos‘, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2003, ISBN 958-04-7279-3, Pag. 2