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domingo, 21 de junio de 2015

LA CARTA DEL VIEJO


Amada hija: El día que este viejo ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.

Cuando derrame comida sobre mi camisa y cuando olvide cómo atarme mis zapatos, tenme paciencia: recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.

Si cuando conversas conmigo repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra cómo terminan... no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeña para que te durmieras, tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.

Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y comprende que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Piensa cuántas veces cuando niña te ayudé y estuve pacientemente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.

No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que fui yo quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y cómo enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia.

Cuando en algún momento, mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo... no te impacientes; tal vez no era importante lo que hablaba y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas en ese momento.

Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuándo no debo. También comprende que, con el tiempo, he perdido los dientes y el gusto para sentir.

Cuando mis piernas fallen por estar cansadas para andar... dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y solo quiero morir... no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto te ame. Trata de comprender que ya no vivo sino que sobrevivo, y eso no es vivir.

Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.

Piensa entonces que con este paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo... pero siempre contigo.

No te sientas triste, enojada o impotente por verme así. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir.

De la misma manera como te he acompañado en tu sendero, te ruego me acompañes a terminar el mío.

Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti. Te quiere, Tu viejo.


Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal

miércoles, 10 de junio de 2015

LIBRETA BREVE


Con este post terminamos de postear un libro más, abajo vienen las referencias por si gustan apoyar a los autores. En los personal hay muy buenas reflexiones las cuales puedes encontrar en el blog dando click en buscar : La Culpa es de la Vaca. Un abrazo.

Cuando el mediocre llega a jefe, que tiemblen los capaces. Anónimo 

*** 

Como diría Martin Luther King (a propósito de la historia sobre los globos negros): “Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, y todavía no aprendemos a vivir como hermanos”. 

*** 

Henry David Thoreau (1817-1862), el ensayista norteamericano padre de los derechos civiles y de la ecología, solía escribir pensamientos como estos: “Casi todas las cosas más elevadas que se han logrado en el mundo han sido alcanzadas por hombres pobres, eruditos pobres, profesionales pobres, poetas y hombres de genio pobres. Cierta constancia y sobriedad, cierta moderación y control, cierta presión de las circunstancias, son cosas buenas para el hombre. Su cuerpo no fue hecho para el lujo. Con el lujo el cuerpo enferma, se derrumba y muere”. 

*** 

El Premio Nobel Henrik Ibsen (1828-1906), fue un dramaturgo y poeta noruego que ofrecía mensajes como este: “El dinero puede ser la cáscara de muchas cosas, pero no el núcleo. Puede darnos comida, pero no apetito; medicina, pero no salud; relaciones, pero no amigos; sirvientes, pero no fidelidad; días de alegría, pero no paz ni felicidad”. 


*** 

Michael Jordán señalaba: “He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. “He perdido alrededor de 300 juegos.

“En 26 ocasiones me han depositado la confianza para hacer el tiro que define el juego, y he fallado. “He fallado una y otra y otra vez en mi vida. “Y es por eso es que he tenido éxito”. 

*** 

Cuando era niño mi madre me dijo: si eliges ser soldado, serás general; si eliges ser sacerdote, serás Papa. Fui pintor, y llegué a ser Picasso. Pablo Picasso 

*** 

Había un maestro que siempre estaba contento. Los discípulos, intrigados, le preguntaron: Pero ¿cómo es posible que siempre te encuentres feliz? No es difícil, amigos contestó el maestro. Todas las mañanas, al despertar, me pregunto a mí mismo: “A ver, ¿qué elijo hoy, la alegría o la tristeza?”. Y casi siempre elijo la alegría. Anónimo 


*** 

Las personas de éxito son las que han sabido hacer lo que debían hacer, cuando debían hacerlo, sin importarles si les gustaba o no. Aldoux Huxlcy El éxito es un trayecto, no un destino. Anónimo


 *** 

El fracaso es la oportunidad de empezar de nuevo con más inteligencia. Henry Ford 


*** 

Un individuo de éxito es un soñador que cree en sus sueños. Anónimo

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

miércoles, 27 de mayo de 2015

UNA SENTENCIA ECUÁNIME


Aunque extensa, esta historia, publicada en Semillas de Vida, procura algunas interesantes reflexiones. 

Ante un tribunal norteamericano, se presenta una pareja con sus respectivos abogados dado que están en trámites de divorcio. El abogado de la mujer reclama para ella el 50% de la venta de la casa, así como una pensión de por vida por la cantidad de 500 dólares que, según enumera, será para cubrir los gastos de electricidad, teléfono, y una pequeña lista de gastos mensuales. 

El abogado del esposo protesta, alegando que el hombre no tiene ninguna obligación hacia su mujer ya que los hijos son mayores de edad, están casados y ella bien puede ir a trabajar y mantenerse por sí misma; y además que ella nunca contribuyó a la manutención de esa casa, ni aportó ningún dinero para la compra de la misma. 

El juez escucha ambas partes y se queda indeciso por un momento leyendo los documentos. De pronto, escucha a la mujer llorando y le dice: 

—¿Qué le pasa, señora? 
—Señor juez, yo creo que todo eso es cierto. Así que voy a aceptar la sentencia de divorcio sin ninguna obligación de parte de mi marido hacia mí. Después de todo, yo bien pudiera ser una mujer profesional e independiente para defenderme sola. 

El juez le pregunta: 

—¿Y por qué usted no se convirtió en una mujer profesional e independiente? ¿Hubo alguna razón que se lo impidiera? 
—Señor juez, realmente no había ninguna razón, fueron decisiones tomadas voluntariamente por mí. 
—¿Pudiera ser más explícita y enumerarme esas razones que usted alega?
 —Bueno, cuando me casé yo acababa de graduarme de la escuela secundaria. Mi intención era estudiar enfermería, pero no había dinero para pagar los gastos de dos personas estudiando, así que le dije a mi esposo que estudiara él y luego lo haría yo. 

—Bien, y ¿qué pasó?, ¿por qué cuando él se graduó de ingeniero, no estudió usted? 
—Pues, verá, él me pidió que tuviéramos nuestro primer hijo, ya que llevábamos cinco años casados y aún no lo habíamos tenido. 
—¿Y qué pasó después? 
—Nada, el niño nació, pero él no quería que el niño fuera cuidado por personas extrañas, y yo entendí que él tenía razón; así que decidí quedarme en la casa con nuestro hijo. 
—Y cuando el niño creció, ¿qué sucedió luego?, ¿por qué no fue usted a estudiar? 
—Porque ya para entonces tenía dos hijos más. 
—¿Dos más? 
—Sí, verá usted. Cuando tuvimos el primer hijo, mi esposo me dijo que debíamos tener un segundo para que el niño no se quedara sin hermanos, así que tuvimos el segundo tres años 
—¿Y qué tenía eso que ver? 
—No había ningún problema, estábamos muy felices, pero mi esposo me dijo que para que la felicidad fuera completa, debíamos tratar de tener una niña. 
-¿Y...? 
—Pues cuando el segundo hijo tenía ya 4 años, quedé embarazada y tuve a la niña. 
—Y entonces, ¿por qué no estudió cuando ella creció? 
—Porque no había quién llevara al mayor a las prácticas deportivas, ni quién los llevara a la escuela, pues el autobús los dejaba muy lejos de la escuela. Temiendo por su seguridad, mi esposo y yo decidimos que yo los llevaría a la escuela y los recogería. Así las cosas, dejaba al mayor en la secundaria, seguía con el segundo para la escuela primaria y regresaba a la casa con la niña a preparar la cena. Cuando los recogía, dejaba al mayor en las prácticas de judo, al otro en las de fútbol y seguía con la niña para las de ballet. 

—Entonces, ¿siguió usted posponiendo su educación? 
—Sí, señor juez, lo hice por mi propia voluntad. 
—Y cuando sus tres hijos se fueron independizando, ¿por qué no ingresó usted a la universidad? 
—Para entonces la madre de mi esposo había enviudado, se enfermó y necesitaba de alguien que la cuidara. Así que hablamos del asunto y llegamos a la conclusión que no la íbamos a internar en un asilo, sino que la traeríamos a vivir con nosotros ya que los demás hijos estaban fuera. 
—¿Y cuánto duró esta etapa? 
—Bueno, unos seis años. Ella tenía Alzheimer y como la cuidábamos tan bien, su decadencia no fue rápida. Murió de un ataque al corazón después de que llegamos del paseo que todas las mañanas dábamos por el barrio. A ella le encantaba darles de comer a las palomas en el parque. 
—Y mientras tanto, quiero decir, durante todos esos años, ¿había alguien que le ayudara? 
—¿Ayudarme, a qué? 
—Pues a limpiar la casa, cocinar, quiero decir, las labores normales de un hogar. 
—No, mi esposo ganaba muy buen sueldo, pero figúrese: eran tres hijos para criar y educar, y el costo de la vida cada vez subía más, así que yo trataba de ahorrar. 

—¿Y cómo ahorraba usted? 
—Pues en lugar de llevar la ropa a la lavandería, yo la lavaba en casa, planchaba toda la ropa de mi esposo y la de los muchachos; arreglaba el jardín, y esto era lo que me costaba mayor esfuerzo, pues tengo problemas de la columna, pero hacía el esfuerzo y le aseguro que nuestro jardín no tenía nada que envidiarle al de nadie en nuestra calle. 
—Y quién cocinaba, ¿usted también? 
—Por supuesto, mi esposo odiaba la comida de los restaurantes. Como él tenía que almorzar por fuera de casa con sus clientes tantas veces, decía que nada como la comida que yo le preparaba. 
—Supongo que usted no iba a esas comidas. 
—¿A qué comidas? 
—A las de su esposo con sus clientes. 
—No, no tenía tiempo. Precisamente, fue en una de esas comidas donde él conoció a Patricia. 
—¿Patricia?, ¿quien es Patricia? 
—Su novia, la joven con quien se va a casar cuando se haga el divorcio. 
—¿Y cómo sabe usted que se va a casar con ella? 
—Porque me encontré por casualidad con ellos, en casa de unos amigos comunes, el mismo día que estaban dando la noticia de su compromiso. 

El juez se quedó mirando a la mujer y al ex esposo. Se levantó, cogió las carpetas con todos los papeles y se retiró. Todos se quedaron mirándose unos a otros, alguno encogió los hombros y se sentaron a esperar su veredicto. Al poco rato el juez regresó. Se sentó y se ajustó las gafas. Entonces, cerró las carpetas, las puso a un lado y dijo: 

—Señora, he revisado cuidadosamente estas demandas, y he llegado a las siguientes conclusiones: 

“Primero: el divorcio se otorga con fecha efectiva a partir de hoy”. 

“Segundo: su esposo no tiene que pasarle una pensión”.

Al oír estas dos decisiones, el abogado y el marido se miraron con evidente satisfacción. El juez prosiguió: 

—Tercero: usted se queda como dueña absoluta de su casa y del Mercedes Benz de su ex esposo; la cuenta de ahorros, y la corriente, las pondrá él a su nombre inmediatamente sin tocar un solo centavo. Igualmente la declaro beneficiaría absoluta de sus seguros de vida, así como de sus planes de retiro. También será obligación de su ex esposo seguir pagando su seguro médico hasta que usted muera. 

Ante el estupor de la sala y la sorpresa de la mujer, el juez explicó: 

—Mi decisión se basa, señores, en la suma de todos los sueldos por servicios que, como administradora, cocinera, chofer, lavandera, jardinera y enfermera usted prestó a su esposo, incluyendo a sus hijos y su suegra. Esta decisión será apenas una retribución parcial de los salarios retenidos por los veintiséis años de servicios ininterrumpidos que usted ha prestado. Como hay que ser objetivos, y sabemos que su esposo no podría pagar esa enorme deuda, pagará lo que si bien no es suficiente será relativamente justo. Por ejemplo, de ahora en adelante él pagará sus gastos de educación, transporte y libros, desde el momento en que usted decida regresar a la universidad a estudiar la carrera que elija. He dicho.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

jueves, 14 de mayo de 2015

EL ANILLO ESPECIAL (Fábula)


Un alumno de una aldea rural llegó donde su maestro con un problema. 

—Estoy aquí, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Dicen que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy tonto e idiota. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? 

El maestro, sin mirarlo, le dijo: 

—Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero debo resolver mi propio problema, tal vez después... 

Y haciendo una pausa continuó: 

—Si tú me ayudas, y puedo resolver mi problema rápidamente, quizás pueda ayudarte a resolver el tuyo. 

—Claro, maestro —murmuró el joven. Pero de nuevo se sintió disminuido. 

El maestro se sacó el anillo que llevaba en el dedo meñique, se lo dio y le dijo: 

—Quiero que vayas al mercado. Debes vender allí este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas de él lo máximo posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y vuelve con esa moneda lo más rápido posible. 

El joven cogió el anillo y partió. Cuando llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Ellos miraban con algún interés, atendiendo al joven cuando exhibía el anillo. Al saber que pedía una moneda de oro, algunos reían, y otros se apartaban sin mirarle. Solamente un viejecito fue amable y le explicó que una moneda de oro era mucho valor para comprar ese anillo. 

Intentando ayudar al joven, llegaron a ofrecerle una moneda de plata o una vasija de cobre, pero el joven seguía las instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y por lo tanto rechazaba las ofertas. 

Después de ofrecer la joya a todos los que pasaban por el mercado, y abatido por su fracaso, montó el caballo y regresó. El joven anhelaba tener una moneda de oro para comprarle el anillo al maestro, liberándolo de su deuda y así poder recibir su ayuda y sus sabios consejos. 

Entró en la casa y le dijo: —Maestro, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. Tal vez pueda conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor del anillo. 

—Es muy importante lo que me dices, joven —le contestó sonriente el maestro—. Lo primero que debemos saber es el valor real del anillo. Vuelve a coger el caballo y te vas directamente a ver un joyero. ¿Quién mejor para saber su valor exacto? Pero no importa cuánto te ofrezca, no lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. 

El joven fue a ver al joyero y le enseñó el anillo para que lo examinara. El joyero lo miró con su lupa, lo pesó en la balanza y le dijo: 

—Dile a tu maestro que, si lo quiere vender ahora, no puedo darle más de diez monedas de oro. 

—¡Diez monedas de oro! —exclamó el joven. 

—Sí —contestó el joyero—, y creo que con el tiempo podría ofrecerle hasta catorce o quince. Pero si la venta es urgente... 

El joven corrió emocionado a casa del maestro para contarle lo ocurrido. 

—Siéntate —dijo el maestro, y después de escuchar todas las aflicciones del joven, añadió: —Tú eres como ese anillo: una joya valiosa y única. Pero solamente puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera en el mercado podía descubrir tu verdadero valor sin conocerte? 

Y diciendo esto se volvió a colocar el anillo en su dedo. 

—Todos somos como esta joya, hijo. Somos valiosos y únicos, pero andamos por todos los mercados de la vida pretendiendo que algunas personas inexpertas descubran nuestro genuino valor. 

La valoración de las competencias de las personas no está al alcance de cualquiera. ¿Por qué nos sentimos mal cuando no nos aprecian como somos?
¿Qué pasa en este caso con nuestra autoestima? ¿Si somos únicos, acaso nos podemos comparar con alguien en el mundo?

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

lunes, 16 de marzo de 2015

EL PEQUEÑO BOMBERO


Cuentan que en la ciudad de Phoenix, Arizona, una joven madre de 26 años se quedó silenciosa mirando el rostro de su pequeño hijo que padecía una leucemia terminal. Como cualquier madre, deseaba que su hijo creciera y realizara todos sus sueños, pero ahora ello no era posible pues la enfermedad se llevaría pronto a su pequeño. 

No obstante, como ella deseaba a toda costa que los sueños de su hijo se realizaran, tomó la mano del pequeño y le preguntó: 

—George, ¿alguna vez pensaste en lo que querías ser cuando crecieras? ¿Soñaste alguna vez y pensaste en lo que harías con tu vida?
 
—Mami, siempre quise ser bombero cuando creciera. 

La madre sonrió y dijo: —Veamos si podemos hacer realidad tu sueño. 

Ella se dirigió entonces a la estación de bomberos. Allí conoció a un bombero de nombre Bob, un hombre de corazón tan grande como Phoenix. Ella le explicó el último deseo de su hijo y le preguntó si era posible darle a su hijo de seis años un paseo alrededor de la cuadra del hospital en un camión de bomberos. 

Bob le contestó: 

—Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Tenga a su hijo listo el miércoles a las siete en punto de la mañana y lo haremos “Bombero Honorario” durante todo el día. Él puede venir con nosotros a la estación, comer con todos y salir cuando recibamos llamadas de incendio o de ayuda. Si usted nos da sus medidas, le conseguiremos un verdadero uniforme de bombero, con un sombrero y un casco verdadero que lleve el emblema de la estación de Phoenix, no uno de juguete, sino el amarillo que nosotros utilizamos, además de sus botas de hule. Todo eso es hecho aquí, así que lo podremos conseguir todo para el miércoles. 

Tres días más tarde el bombero Bob recogió a George, le puso el uniforme oficial y lo condujo desde la cama del hospital hasta el camión de bomberos. 

El chico tuvo que sentarse en la parte de atrás del camión y le permitieron ayudar a conducirlo de regreso a la estación. El chico se sentía como en el cielo. 

Hubo tres llamadas a la estación y George atendió con los bomberos las tres en camiones diferentes: en el camión tradicional, en el microbús paramédico y también en el carro del jefe de bomberos. También le tomaron vídeos para las noticias locales de televisión. 

Habiendo hecho realidad su sueño y con todo el amor y la atención que le fueron dados, George fue tocado tan profundamente en su corazón, que logró vivir tres meses más de lo que cualquier médico hubiera pronosticado. 

Una noche, todas las señales vitales comenzaron a decaer dramáticamente y el jefe de enfermería, que creía en el principio de que nadie debe morir solo, comenzó a llamar a los miembros de la familia para que vinieran al hospital. Luego, recordó el día que George había sido un bombero, así que llamó al jefe de la estación y le preguntó si era posible que le enviara a un bombero uniformado al hospital para que estuviera con el niño en sus últimos momentos. 

El jefe dijo:

—Haremos algo mejor, estaremos allí en cinco minutos. ¿Me puede hacer un favor? Cuando oigan las sirenas y las luces centelleando, podría avisar por los altoparlantes que no hay ningún incendio, sino que el departamento de bomberos va a visitar a uno de sus mas destacados miembros y, por favor, ¿podría abrir la ventana de su cuarto? 

Cinco minutos después, un gancho y la escalera del carro de bomberos llegaron al hospital, se extendieron hasta el tercer piso donde estaba la ventana abierta del cuarto de George y seis bomberos subieron por ella y entraron al cuarto. 

Con el permiso de su mamá cada uno de ellos lo abrazó y lo arrulló diciéndole cuánto lo amaba.

 Con aliento agonizante el chico miró al jefe de los bomberos y le dijo: 

—Jefe, ¿soy verdaderamente un bombero ahora? 

El jefe le respondió; 

—¡Sí, señor!, claro que lo eres. 

Con esas palabras George cerró sus ojos por última vez. 

¿Será que siempre podremos realizar nuestros sueños? 
¿Podemos ser parte de los sueños de nuestros niños? 
¿No será que son los sueños los que nos sostienen en la vida?

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

viernes, 30 de enero de 2015

REGALOS QUE SE RECHAZAN


Había un profesor comprometido y estricto, pero muy reconocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Un cierto día, al terminar las clases, y mientras organizaba unos documentos encima de su escritorio, uno de sus alumnos se le acercó y en forma desafiante le dijo: 

—Profesor, lo que más me alegra de haber terminado las clases es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré dejar de ver su fastidiosa cara. 

El alumno estaba erguido y arrogante, esperando que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró de frente al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:
 

—Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes? 

El alumno quedó desconcertado por la inesperada pregunta y no pudo más que contestar: 

—Por supuesto que no —repuso en forma aprensiva y fría. 

—Bueno —prosiguió el profesor—, cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo (en este caso una emoción de rabia y rencor) que yo puedo decidir aceptar o no aceptar. 

—No entiendo a qué se refiere —replicó el alumno confundido. 

—Muy sencillo —dijo el profesor—: tú me estás ofreciendo rabia y desprecio; y si yo me siento ofendido, o me pongo furioso, estaré aceptando tus emociones como un regalo. Y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad. 

Enseguida añadió: 

—Muchacho, tu rabia pasará; pero no trates de dejarla conmigo como si fuera un regalo porque no me interesa guardarla. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

¿Somos dueños o esclavos de nuestros sentimientos? 

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué clase de emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón; y lo que elijas lo tendrás, hasta que decidas cambiarlo.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

lunes, 19 de enero de 2015

LOS DETALLES QUE PROTEGEN...


Para pensar... sobre todo para aquellos que pierden la paciencia muy fácilmente.

Después del 11 de septiembre, una empresa que tenía sus oficinas cerca del World Trade Center invitó a ejecutivos y empleados de otras compañías que habían sido afectadas por el ataque a las Torres Gemelas, para compartir su oficina a fin de que pudieran reiniciar temporalmente sus operaciones. 

En una reunión de la mañana, el jefe de seguridad contó historias de por qué su gente estaba viva... y todas tenían que ver con pequeños detalles como éstos: 

Al director de una compañía se le hizo tarde porque era el primer día de kínder de su hijo. Una mujer se retrasó porque su despertador no sonó a tiempo. A uno se le hizo tarde porque se quedó atorado en la carretera en la que había un accidente. 

A otro sobreviviente se le fue el autobús; alguien se tiró comida encima y necesitó el tiempo para cambiarse; uno tuvo un problema con su auto, que no arrancó; otra regresó a contestar el teléfono; otra ¡tuvo un bebé!, y otro no consiguió un taxi. 

Pero la historia que más impresionó fue la de un señor que se puso un par de zapatos nuevos esa mañana, y antes de llegar al trabajo le había salido una ampolla. Se detuvo en la farmacia por una curita y por eso está vivo hoy. 

Ahora, cuando me quedo atorado en el tráfico, cuando pierdo un elevador, cuando regreso a contestar un teléfono, y muchas otras cosas que me desesperan, pienso primero: 

“Este es el lugar exacto en el que debes estar en este preciso momento”. 

La próxima vez que tu mañana te parezca enloquecedora, los niños tarden en vestirse, no logres encontrar las llaves del auto, te encuentres todos los semáforos en rojo... no te enojes ni te frustres; recuerda que Alguien está cuidándote. 

Si cambias de perspectiva, como lo dice esta lectura, lo más seguro es que empieces a ver muchos más guardianes que te cuidan. 

¿Has pensado por qué suceden ciertas cosas de manera coincidencial? 

¿Está el universo perfectamente sincronizado? ¿Será que la casualidad?

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

viernes, 16 de enero de 2015

ENVEJECER ES OBLIGATORIO


Estas palabras han sido divulgadas en memoria de Rosa, una alumna universitaria. Es una historia real que sucedió en la Universidad de Antioquia, en Medellín, Colombia. 

El primer día de clases en la Universidad, nuestro profesor se presentó a los alumnos y luego nos pidió que nos presentáramos a alguien a quien no conociéramos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor, cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi uní pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con un gesto que iluminaba todo su ser. Dijo: 

—Hey, muchacho... Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años de edad. ¿Puedo darte un abrazo? 

Me reí y contesté: —¡Claro que puede! —Y ella me dio un gran apretón. 

—¿Por qué está usted en esta Facultad a tan tierna e inocente edad? —pregunté. Ella respondió juguetona y sonriente: 

—Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un montón de hijos y entonces jubilarme y viajar.
 

—Está bromeando —le dije. Yo estaba curioso por saber qué la había motivado a enfrentar este desafío con su edad, y ella repuso: 

—Siempre soñé con tener estudios universitarios, y ¡ahora estoy teniendo uno! 

Después de clase caminamos hasta el edificio de la Unión de Estudiantes y compartimos una malteada de chocolate. Nos hicimos amigos instantáneamente. Todos los días en los siguientes tres meses teníamos clase juntos y hablábamos sin parar. Yo quedaba siempre extasiado oyendo a aquella “máquina del tiempo” compartir su experiencia y sabiduría conmigo. 

En el curso de un año, Rosa se volvió un icono en el campus universitario. Hacía amigos fácilmente dondequiera que iba, adoraba vestirse bien, y se reflejaba en la atención que le daban los otros estudiantes. Estaba disfrutando la vida... 

Al final del semestre invitamos a Rosa a hablar en nuestra fiesta de despedida. Fue presentada y se aproximó al podio. Cuando comenzó a leer su charla escrita, dejó caer tres de las cinco hojas al suelo. Frustrada, tomó el micrófono y dijo simplemente: 

—Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa!... Nunca conseguiré poner mis papeles en orden de nuevo, así que déjenme hablar a ustedes sobre aquello que sé. 

Mientras nos reíamos, ella despejó su garganta y comenzó: 

—A mi edad he descubierto que existen solamente tres secretos para que continuemos jóvenes, felices y exitosos: 

“Primero, se necesita reír y tomarse las cosas con humor cada día. 

“Segundo, se necesita tener uno o varios sueños, pues cuando éstos se pierden, uno muere... ¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo sospechan! 

“Tercero, se necesita conocer la diferencia entre envejecer y crecer... Envejecer es obligatorio, crecer es opcional. Si usted tiene diecinueve años de edad y se queda tirado en la cama por un año entero sin hacer nada productivo, terminará con veinte años. Si yo tengo ochenta y siete años y me quedo en la cama por un año y no hago cosa alguna, quedaré con ochenta y ocho años... Cualquiera puede hacerse más viejo: eso no exige talento ni habilidad”. 

Y continuó: 

—La idea es crecer a través de la vida y encontrar siempre oportunidad en la novedad. Los viejos generalmente no se arrepienten por aquello que hicieron, sino por aquellas cosas que dejaron de hacer. Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen remordimientos. Por eso no dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar. 

Al finalizar ese año, Rosa terminó el último semestre de la carrera que había comenzado años atrás. 

Una semana después de graduarse, Rosa murió tranquilamente durante el sueño. Más de dos mil alumnos de la facultad fuimos a su funeral en tributo a esa maravillosa mujer que nos enseñó, a través del ejemplo, que “nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que uno puede y probablemente quiere ser”. 

¿No crees que estás a tiempo para hacer lo que siempre quisiste hacer y para aprender lo que siempre quisiste aprender?

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

martes, 2 de diciembre de 2014

SEGÚN LOS NIÑOS AMOR ES...


Un grupo de profesionales le planteó a varios niños, que tenían en edades entre los 4 y los 8 años, la pregunta ¿qué significa “amor”?, y las respuestas obtenidas fueron más amplias y profundas de lo que cualquiera pudo imaginar:
  • Amor es el primer sentimiento que hay antes de que todas las cosas malas aparezcan. 
  • Cuando mi abuelita empezó a padecer artritis no podía pintarse las uñas de los pies; así que mi abuelito se las pintaba todo el tiempo aun cuando empezó a padecer también artritis en sus manos: eso es amor. 
  • Cuando alguien te ama, la forma en que esa persona dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está seguro en su boca. 
  • Amor es cuando una muchacha se pone perfume y un muchacho se pone colonia, salen juntos y se huelen mutuamente. 
  • El amor es cuando sales con alguien a comer y le das la mayoría de tus papitas a la francesa sin hacer que esa otra persona te dé de las suyas. 
  • Amor es cuando alguien te hace daño, te enojas mucho, pero no le gritas porque sabes que eso herirá sus sentimientos. 
  • Una vez mi hermana mayor enfermó, se le llenó todo su cuerpo de ranchitas y su novio venía todos los días a verla y no le daba miedo enfermarse; él la acariciaba en las noches en su cama hasta que se dormía y luego se iba: eso es amor. 
  • Amor es lo que te hace sonreír cuando estás cansado. 
  • Amor es cuando mi mamá hace café para mi papá y ella prueba un poquito primero antes de dárselo, para estar segura de que sabe bien.
  • Amor es cuando besas todo el tiempo, luego te cansas de besar, pero aún quieres estar junto a esa persona y entonces se hablan más. 
  • Amor es lo que hay en el cuarto contigo en Navidad si dejas de abrir regalos y escuchas. 
  • Cuando le dices a alguien algo malo acerca de ti mismo y tienes miedo de que no te quieran más, y te sorprendes de que no sólo aún te aman, sino que te aman todavía más. 
  • Amor es cuando le dices a un muchacho que te gusta su camisa y él la usa todos los días. 
  • Amor es como una viejita y un viejito que aun son amigos después de conocerse muy, pero muy bien. 
  • Durante mi primer recital, yo estaba en el escenario muy asustada, miré a toda la gente que me estaba viendo y vi a mi papá saludándome y sonriéndome; él era el único haciendo eso y entonces ya no sentí miedo. 
  • Mi mamá me ama más que nadie, nunca verás a nadie más besarme por las noches antes de irme a dormir. 
  • Amor es cuando mami le da a papi el pedazo de pollo más grande. 
  • Amor es cuando mami ve a papi sudoroso y oloroso y aún así dice que es más guapo que Robert Redford. 
  • Amor es cuando tu perrito te chupa la cara aun cuando lo has dejado todo el día solo. 
  • Yo sé que mi hermana mayor me ama porque ella me da toda la ropa que no usa y después ella tiene que ir a comprar otra. 
  • Uno no debería decir “te amo” cuando en realidad no es así... pero si realmente amas a alguien deberías decírselo, puede ser que a esa persona se le haya olvidado.
Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

miércoles, 26 de noviembre de 2014

EDUCAR ES SEMBRAR (¡te encantará!)


Germán tomaba todos los días el mismo autobús para ir a su trabajo. Una parada después de la suya, siempre subía una anciana y se sentaba al lado de una ventana. La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto iba tirando algo por la ventana. 

Como todos los días hacía lo mismo, Germán, muy intrigado, se acercó a ella y le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana. 

—Son semillas —le dijo la anciana. 
—Pero las semillas caen encima del asfalto, las aplastan los coches, se las comen los pájaros... ¿Cree que sus semillas germinarán al lado del camino? 
—Seguro que sí. Aunque algunas semillas en efecto se pierdan, algunas más acabarán en la cuneta y, con el tiempo, germinarán. 
—Pero tardarán en crecer, necesitan agua... 
—replicó Germán.
—Yo hago lo que puedo hacer. ¡Ya vendrán los días de lluvia! 

La anciana siguió con su tarea y Germán se fue a trabajar pensando que la anciana había perdido un poco la cabeza. 

Unos meses después, yendo para su oficina, al mirar Germán por la ventana vio todo el camino lleno de flores. Todo lo que veía era un colorido y florido paisaje. Se acordó de la anciana, pero hacía muchos días que no lo había vuelto a ver. Preguntó al conductor: —¿Y la anciana de las semillas? 

—Pues ya hace un mes que murió —contestó el chofer. 

Germán volvió a su asiento y siguió mirando el paisaje. “Las flores han brotado, se dijo, pero ¿de qué le sirvió a la anciana su trabajo? No ha podido ver su obra”. 

De repente, oyó la risa de un pequeño. Era una niña que señalaba entusiasmada las flores. 

—¡Mira, papi, cuántas flores bellas! 

Dicen que Germán, desde aquel día, hace el viaje desde su casa al trabajo con una bolsa de semillas. 

¿No es sembrar flores lo que hacen los educadores? Ellos, los maestros, los profesionales de la enseñanza, no pueden ver cómo crecen las semillas plantadas, las esperanzas diseminadas en el corazón de los adolescentes que llenan sus clases. Pero algo hicieron para ello. 

Y como los padres son, o deberían ser, los grandes educadores, también ellos pensarán en el potente significado de esta historia. Porque educar es sembrar caminos.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal
Fotografía de Internet

sábado, 1 de noviembre de 2014

UN GRAN AMOR


Es difícil decir que su esposa le había recomendado salir con otra mujer, pero así era. Después de varios años de matrimonio descubrió una nueva forma de mantener viva la chispa del amor: ¡había comenzado a salir con otra mujer! 

Paradójicamente, la idea era de su propia esposa. Ella le dijo: 

—Tú sabes que la amas —le dijo un día, tomándolo por sorpresa...—. La vida es muy corta: ¡dedícale tiempo! 
—Pero yo te amo a ti... —protestó. 
—Lo sé, pero también la amas a ella. 

La otra mujer, a la que su esposa quería que visitara, también lo amaba; pero las exigencias de su trabajo y sus hijos hacían que sólo pudiera visitarla ocasionalmente. Esa noche la llamó para invitarla al cine y también a cenar. 

—¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? —le preguntó esa otra mujer.

Ella era el tipo de mujer para la cual una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva, era indicio de malas noticias. 

—Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo —le respondió—. Los dos solitos, ¿qué opinas? 

Ella reflexionó un momento y repuso: 

—Es verdad, me gustaría muchísimo. 

Ese viernes, mientras conducía para recogerla después de su trabajo, se encontraba muy nervioso, el mismo nerviosismo que antecede a una cita... y cuando llegó a su casa vio que también estaba muy emocionada. 

Ella lo esperaba en la puerta, con su abrigo puesto; se notaba que había estado en la peluquería y usaba el vestido con el cual decía haber celebrado su último aniversario de bodas. Su rostro sonreía e irradiaba luz como un ángel. 

—Les dije a mis amigas que iba a salir contigo y se emocionaron mucho —le comentó, mientras subía a su automóvil. La velada prometía una noche de satisfacciones. 

Fueron a un restaurante no muy elegante, pero sí acogedor. Cuando se sentaron, él le leyó el menú. Cuando iba por la mitad de las entradas, levantó la vista y notó que ella lo miraba, desde el otro lado de la mesa, con verdadero deleite, como embelesada. Una sonrisa nostálgica se deslizaba en sus labios, mientras decía: 

—Era yo la que te leía el menú hace tiempo, ¿recuerdas?... 

—Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolverte el favor —respondió. 

Durante la cena sostuvieron una agradable conversación, nada extraordinaria, sólo ponerse al día el uno con la vida del otro. Hablaron tanto que perdieron el cine. 

—Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitarte —dijo ella cuando la llevó de regreso a su casa. Asintió, la besó y le dio un largo abrazo. 

—¿Cómo estuvo la cita? —quiso saber su esposa cuando regresó aquella noche. 

—Muy agradable... mucho más de lo que imaginé —le contestó con una amplia sonrisa de oreja a oreja. 

Días más tarde su madre murió de un infarto. Todo fue tan rápido que no pudo hacer nada.

Al poco tiempo recibió un sobre del restaurante donde había estado con una nota que decía: 

La otra cena está pagada por anticipado, estaba casi segura de que no podría estar allí, pero igual pagué para los dos, para ti y tu esposa. Jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí. Te amo. Tu madre. 

En ese momento comprendió la importancia de decir a tiempo te amo... y de darles a los seres queridos el espacio que se merecen. Comprendió que nada será más importante para las personas que te aman, y a las que amas, que darles tiempo porque ellos no pueden esperar. 

¿A cuántas cenas sorpresivas estarás invitando en estos días’? 
¿Estás seguro que tienes el día de mañana para hacerlo? 
Amor es compartir la vida. Y el tiempo es vida. Por lo tanto, compartir el tiempo con alguien es amarlo.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal