miércoles, 31 de agosto de 2022

30. TARJETA DE VISITA


Keichu, el gran maestro zen de la era Meiji, estaba al frente de Tofuku, un gran templo de Kyoto. Un día, el gobernador de la ciudad le llamó por primera vez.

Su ayudante le presentó una tarjeta del gobernador que decía: «Kitagaki, gobernador de Kyoto».

–No tengo nada que ver con esa persona –dijo Keichu a su ayudante–. Dile que se vaya.

El ayudante devolvió la tarjeta al tiempo que ofrecía excusas.

–Ha sido un error mío –dijo el gobernador, y con un lápiz tachó las palabras «gobernador de Kyoto»–. Toma, dásela de nuevo a tu maestro.

–Ah, ¿se trata de Kitagaki? –exclamó el maestro cuando vio la tarjeta–. Quiero ver a ese hombre.



Extracto del libro:
Zen flesh. Zen bones
Paul reps y Nyogen senzaki
Fotografía de Internet

ARMADURAS DE FALSEDAD


 

martes, 30 de agosto de 2022

PODEMOS DESAPRENDER LO QUE NOS BLOQUEA


¿Cómo quieres que sea tu vida? ¿Cuántas veces habremos pensado, como dice un tango, 
«si soy así, qué voy a hacer»? ¡No! Aunque resulte difícil creerlo, nosotros no somos de una determinada manera, sino que podemos cambiar, desaprender lo que nos bloquea y aprender lo que necesitamos para vivir mejor. 

Los frutos del miedo provienen de fuentes múltiples y variadas: nuestra historia, nuestra cultura, nuestra biología y la manera de narrar nuestra vida... Más allá del origen, es importante saber que estos frutos no son inmutables. La idea es observar nuestras tendencias, saber que podemos descartar lo que ya no nos sirve y reemplazarlo por algo nuevo y bueno para nuestra vida. A mayor nivel de conciencia, mayor capacidad de elección.


Verónica  de Andrés y Florencia Andrés



Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet

SER EL MAESTRO


 

lunes, 29 de agosto de 2022

PARÁBOLA 003: TODO ES VANIDAD (AMITABHA & SUKHAVATI)


En una época remota, en cierto país al pie de los Himalayas, vivía una rara especie de monos. Su sangre, de un intenso y translúcido rojo, era altamente valorada como tinte, porque no se desteñía ni se corría. Los monos eran por tanto buscados por mercaderes de telas, así como por reyes y príncipes.

Los monos eran hábiles y listos – expertos en escapar de todas las trampas y redes colocadas para ellos. Sin embargo, tenían dos debilidades: adoraban el sakí y disfrutaban exhibiéndose con zapatos elegantes.

Un día, un grupo de cazadores, habiendo descubierto el paradero de los monos, puso varios barriles enormes de vino en una colina y dejaron que el viento llevase el aroma lejos. También esparcieron cientos de zuecos de madera de vivos colores cerca de los barriles antes de esconderse en los arbustos de alrededor.

Como era de esperar, los monos, atraídos por el aroma del vino, se acercaron a la ladera de la colina. Mirando furtivamente por encima del hombro y vigilando la zona con sus ojos penetrantes, se dijeron unos a otros: “Es muy probable que esto sea una trampa colocada por los hombres del pueblo de abajo. Ya sabéis lo malvados y crueles que son. Si probásemos el vino, nos atraparían y nos matarían por nuestra sangre. Vayámonos de aquí.”

Así que empezaron a correr hacia el bosque, al amparo de los altos y frondosos árboles y de la tupida maleza. No obstante, mientras la manada corría a resguardarse, un par de monos se permitieron echar un vistazo atrás a los barriles de vino. Finalmente, varios volvieron a la colina que acababan de dejar, diciéndose a sí mismos: “Es muy peligroso exponerse de esta forma, más vale que probemos un par de gotas de vino y nos vayamos – recordad, ¡sólo un par de gotas! Si no, ¡seremos capturados y desollados vivos!”...

Entonces furtivamente metieron la mitad de un dedo en los barriles y probaron el vino. Poco tiempo después, metieron todo el dedo y... toda la mano. Pobres monos, antes no podían resistir el simple olor del vino, ¿cómo iban a resistir ahora su sabor? Tras observarles desde una prudente distancia, el resto de la manada pronto vino en tropel alrededor de los barriles. Bebieron y bebieron y bebieron algo más, toda su cautela y renuencia ya olvidadas. Entonces descubrieron los preciosos zuecos, su atavío favorito...

Observando todo esto desde los arbustos, los cazadores esperaron pacientemente a que el vino hiciese efecto. En aquel momento salieron del escondite y rodearon a toda la manada. No había escapatoria posible para los pobres monos, que ¡no sólo estaban borrachos sino también hundidos hacia abajo por los pesados zuecos de madera!.

Nosotros los humanos no somos diferentes a los monos. Nosotros, también conocemos los peligros de los cinco deseos. Aún así, aunque podamos resistirnos a ellos por un tiempo – en determinadas ocasiones – pocos de nosotros puede hacerlo todo el tiempo. Estas son las razones para buscar el renacimiento en la Tierra Pura, un entorno ideal, libre de tentación, libre de sufrimiento:

“En una época infinita en el pasado, el Bhiksu Dharmakara [el futuro Buddha Amitabha] observó el sufrimiento de todos los seres sintientes, y movido por la compasión, prometió crear una tierra pura y perfecta donde todo pudiera ser liberado...”

Editor: no aplica.



Del libro:
Parábolas y Relatos Buddhistas
Fotografía tomada del internet

EXHIBIR LO QUE SE TIENE


 

sábado, 27 de agosto de 2022

EL ENGAÑO FUNDAMENTAL


 

MOMENTOS QUE TE DEJAN SIN ALIENTO


La vida no se 
mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento.

Atribuida, entre otros, a KEVIN BISCH, guionista de la película Hitch. Especialista en ligues, protagonizada por Will Smith

Si pudiera repetir mi vida, me atrevería a cometer más errores la próxima vez. Me relajaría más y no me tomaría a mí mismo, y mis asuntos, tan en serio. Sería mucho más elemental y despreocupado de lo que he sido hasta hoy en este viaje. Aprovecharía más oportunidades, o las buscaría con mayor ahínco si no aparecieran.

Viajaría más, por supuesto. Subiría más montañas.

Nadaría más ríos. Surcaría más océanos. Me comería más helados y menos verdura (lo siento).

Y tendría más problemas reales, pero menos problemas imaginarios.

Yo soy, como tú mismo quizá, alguien que vive con rigor y cordura, hora tras hora y día tras día. Ordenadamente. Aunque también he tenido «mis locos momentos» y, si pudiera nacer de nuevo, ¿sabes qué?: aún tendría más. He sido demasiadas veces, y durante demasiado tiempo, una de esas personas que nunca va a ninguna parte sin un termómetro (o el botiquín entero), una bolsa de agua caliente (hasta en el trópico), un impermeable para atravesar el desierto y un paracaídas por si acaso en pleno vuelo el avión oscila. Si tuviera la oportunidad de hacerlo todo de nuevo, viajaría más liviano que en esta odisea ya avanzada. Nada de lo que cargué siempre me sirvió para mucho nunca.

Si pudiera vivir mi vida otra vez, también me gustaría liberarme de todos esos complejos y miedos que me impidieron hacer cuanto deseaba y llegar a donde debí llegar. Y no me quedaría sentado como un pasmarote esperando a que mi vida pasara; haría que sucediese. No aguardaría a que mis sueños brotaran, mágicamente, del jardín de la nada y como producto de un hechizo improbable; yo les daría aliento y forma (y agua) para que crecieran. Y, en fin, no frenaría mis expectativas ni renunciaría a mis sueños por contentar a otros; pensaría en mí y en mis anhelos (no lamento el egoísmo, por esta vez).

No interpretes que te hablo desde la resignación del que ya lo da todo por hecho y no espera más. Al contrario, te hablo desde la sensatez del que por fin despierta y se libera de estúpidas cadenas mentales, disponiéndose a hacer aquello que aún está a tiempo de hacer.

Pero vayamos de lo particular a lo general.

En el fragor de nuestros días dedicamos excesivos pensamientos a establecer, con infinitos cálculos, las coordenadas de lo que nos ha de venir, desestimando, casi con desdén, el presente y lo que acontece en él. Es decir, vivimos en un mañana incierto, despreciando un hoy confirmado y, además, con la mente puesta en un pasado inapelable. Somos así de ingenuos.

Pero la vida nunca va más allá de ahora, y con el fin de que entendieras esto te rogaría que te detuvieras un instante y apagases el motor que activa cuanto te rodea (ponlo al menos al ralentí).

Te pediría que postergases ahora cualquier reflexión latente que pudiera angustiarte sobre ese falso porvenir que te inventas o sobre el doloroso ayer que no olvidas, y que te concentraras en exclusiva en este día, el de hoy, el único que tendrás con el mismo diseño, desarrollo y resolución. Vendrán más, pero ninguno como este; con sus alegrías y tristezas genuinas; con sus satisfacciones, esperanzas y expectativas propias.

Lo que te estoy pidiendo es que no establezcas el «piloto automático» para vivirlo. Que le des el rango privilegiado de único y soberano que se merece y que mañana hagas lo mismo con el siguiente. Así entenderás que la vida no te da jamás dos días idénticos y que es, por tanto, absurdo tratar de vivirlos exactamente igual.

Y si crees no disponer del estímulo vital suficiente para darle el colorido y la emoción que merece esta jornada exclusiva, búscalo a cualquier precio. Cueste lo que cueste, hemos de descubrir cuál ha de ser la finalidad de cada uno de nuestros afanes. Necesitamos una meta hacia la que ir, así como saber por qué hemos de llegar hasta ella.

Piensa que si lo que hacemos carece de un sentido y de un propósito, será imposible establecer un buen rumbo que nos lleve hacia algo provechoso.

En mí resulta decisivo, para ser feliz, disponer de una pasión que me impulse a levantarme cada mañana con un cierto brío. Una pasión que me saque de la cama sin lamentos y que me haga salir motivado de casa para enfrentar la jornada con saludable y positiva actitud. Sin una pasión a la que entregar lo mejor que tengo, la vida se convertiría para mí en una especie de muerte cotidiana pagada a cómodos plazos. Y no quiero morir así o, por mejor decir, no quiero vivir así.

Una pasión a la que entregarse, sí, y aun sin el aval de que ir tras ella nos conceda el éxito, la felicidad o lo que quiera que sea que persigamos.

Alguna vez he pensado que sería estupendo poder ir construyendo nuestros días mediante ensayos previos, que nos permitieran probar si lo que pretendemos hacer saldrá bien o será un fracaso.

Así, experimentaríamos todo con suficiente antelación, en modo borrador, y acabaríamos haciendo solo aquello cuya eficacia hubiésemos sido capaces de contrastar previamente. Pero no.

Nunca tendremos todas las certezas por anticipado y, cuando nos aventuremos en una empresa, siempre existirá un posible margen de error o de descalabro. Un buen amigo me decía: «Si quieres garantías, compra un tostador». Y es cierto: nada en la vida nos dará tantas garantías como un electrodoméstico.

«Vive la vida con plenitud» sería mi sagrada exhortación inicial, porque si cierras los ojos a la vida y la vives solo parcialmente y con miedo, al final de la «película» no van a devolverte el dinero. La muerte es segura, mientras que la vida no.



Extracto del libro:
Frases para cambiar tu vida
Ignacio Novo
Fotografía de internet

viernes, 26 de agosto de 2022

TODO SOMOS NOSOTROS


 

TODO OCURRE EN TU MENTE


Nuestra vida no es una teoría, ni una técnica, ni una opinión, es pura conciencia, pura experiencia.

Nuestra experiencia de vida nunca nos habla acerca del otro, siempre nos habla de nosotros. En el momento en el que somos conscientes de algo, eso de lo que somos conscientes forma parte de nuestra consciencia y por lo tanto de nosotros. Habla de nosotros, porque en realidad todo somos nosotros a pesar de que nuestra manera de ver las cosas nos diga lo contrario.

Permíteme expresarlo con un ejemplo práctico para que podamos andar hacia dentro. Separados por muy pocas horas entre sí, llegaron a mí estos dos comentarios escritos por dos personas distintas y dirigidos hacia mi persona.

Primer comentario:

«Haces que las personas se olviden de vivir y vivan escuchando las innecesarias reflexiones que haces, te crees que lo sabes todo como si fuera tu décima vida. Actúas como una secta y no ayudas en nada. […] para ti esto sólo es un negocio, el negocio de hacer creer que te importan los demás y tal vez puedan sentir respeto hacia ti. Para mí sólo eres un farsante de filosofía barata.»

Segundo comentario:

«A mí estos cursos new age de cojo de aquí y pego de allí me parecen una gran estafa y un generar frustración a la gente. Pareciera que Sergi trata de engrandecer su propio ego más que ayudar a la gente, no es honesto. Sergi siempre me parece que dice un montón de chorradas insustanciales, pero no deja de sorprenderme que haya gente que lo siga. Otro gurú de la new age.»

En el momento en el que soy consciente de estas palabras, pasan a formar parte de mi conciencia. Dicho de otra manera, soy consciente de estos dos comentarios porque en realidad están en mi conciencia. Esto implica que yo debo estar pensando lo mismo que piensan estas dos personas, pero justo hasta el momento de leer estas palabras no era consciente de ello. Gracias a estos dos comentarios recibidos ya puedo ver esos pensamientos y asumirlos. Lo que se ocultaba en mi inconsciente ha sido revelado y ahora puedo verlo con total claridad.

En este momento, también puedo ver qué emociones en mí, de las que tampoco era consciente, están vinculadas a estos pensamientos de mi mente. Si soy honesto, veré que el dolor que siento al leer estas palabras es exactamente el mismo dolor que sienten estas personas al expresarlas. Esta mirada me permite unirme a ellos en lugar de rechazarlos y huir.

Llegado a este punto y sólo llegado a este punto, puedo dejar de responsabilizar a los demás de lo que yo siento y pienso. Ahora uno puede recuperar el poder que ha dispersado otorgándoles a los demás una responsabilidad que no les pertenece, ya que le pertenece a uno mismo.

Lo expresado hasta aquí no tiene mucho mérito por mi parte, pues no lo hubiera podido hacer sin la ayuda de estas dos personas que, seguramente sin ser conscientes de ello, me estaban ayudando a liberarme de esas ideas. Si bien mi mérito es muy poco, sí se requiere de una disposición a querer ver lo que se esconde detrás de mi dolor, en lugar de reaccionar como lo hice durante toda mi vida.

A partir de aquí se pone en marcha un proceso natural, en el que, ahora sí, mi mérito es ninguno. Es cuando el corazón se abre y abraza el dolor, los pensamientos, la situación y a estas dos personas. Así es como el agradecimiento emerge. Y no me refiero a un agradecimiento por sus opiniones, sino por su ayuda.

Esta apertura de corazón es un gesto natural que siempre tiene lugar. Pero no podemos ser conscientes de él sin antes darle la bienvenida a aquello que reaparece de nuestro inconsciente.

Si al sentir el dolor uno se niega a querer sentirlo, va a tener que encontrar una causa externa a sí mismo para poder justificar que este dolor no es responsabilidad propia. Una vez encontrado el motivo, vas a creer ciegamente que tienes que reaccionar ante ello para evitar que siga sucediendo. Al reaccionar se detiene el proceso en el que el inconsciente dolido se hace consciente para ser sanado.

En este ejemplo de los dos comentarios, yo podría reaccionar de dos maneras distintas. Una, contestando a estas personas amablemente, tratando de demostrarles que están equivocadas, o dos, insultándolas directamente. Ambas reacciones son una huida y sólo sirven para devolver el dolor a las catacumbas de mi inconsciente. Al no asumir la energía de mis emociones, esta regresaría tarde o temprano detonada quizá por un nuevo comentario. Esta repetición de ciertas situaciones incómodas no es debido a una misteriosa maldición, sino a la bendición de la vida que ofrece sus recursos para que podamos ver donde no alcanzamos a ver. Y de este modo conocer dónde aún no estamos dispuestos a amar. Porque al final es de eso de lo que se trata, de amar.

Volvamos a lo práctico. Todo esto que hemos visto hasta ahora implica que desde algún lugar de mí yo también pienso que soy un «farsante», que hago «filosofía barata», que digo «un montón de chorradas», pero hasta este momento no era consciente de estos pensamientos.

Gracias a Dios, hay un impulso profundo del ser que toma la decisión de que ha llegado el momento de asumir ese nivel de inconsciencia y liberarnos de ser esclavos de ello. Y aquí viene lo magistral de la conciencia universal. En ese justo momento y no en otro, ocurren las situaciones que tienen que ocurrir y no otras, para que uno vea y escuche alto y claro los gritos no escuchados de su propia sombra.

Lo que hemos expuesto hasta ahora no es una técnica, ni un ejercicio, ni una meditación. Es una decisión. Nadie puede enseñarnos a tomar esta decisión. Si los demás no son en realidad los responsables de cómo nos sentimos frente a sus comentarios, tampoco un maestro es el responsable de enseñarnos a tomar esta decisión. La decisión está ahí no para aprenderla, sino para tomarla.

Muchos papás y mamás creen que gracias a ellos sus hijos aprendieron a ir en bicicleta. Sin embargo, muy probablemente hubieran aprendido de forma más natural sin las interferencias de los adultos. La decisión de sus hijos de querer aprender a ir en bicicleta es lo que les permitió exponerse al aprendizaje y terminar aprendiendo. Esa decisión no es «aprendible» sólo es «decidible».

Cuando empezamos a decidir vivir la práctica, es posible que lo primero que pensemos es que es muy difícil hacerlo. En realidad, esa sensación de dificultad es un autoengaño que surge de otra decisión más poderosa e inconsciente de no querer vivir la práctica. Qué quiero decir con esto: que aún queremos seguir creyendo que los demás son los responsables de lo que sentimos y que sí, que son muy bonitas las ideas espirituales, pero que aún no estamos dispuestos a dar el paso que sólo a nosotros nos pertenece dar. Aún tememos lo suficiente al dolor como para no querer asumirlo y permitirle así seguir dirigiendo nuestra vida.

Una vez que creemos que hemos superado este autoengaño, suele volver a aparecer, pero de una forma mucho más disimulada. Ahora surge en forma de pregunta: ¿Cuánto tiempo voy a tener que estar asumiendo mi dolor para liberarme de él definitivamente? Esta pregunta desplaza la atención a la decisión presente hacia la expectativa en un resultado futuro. Creemos estar dispuestos a tomar la decisión, pero en realidad no es así. Detrás de esta pregunta se oculta un interés personal que desea rechazar el dolor porque seguimos temiéndole.

Fíjate que lo que hemos propuesto y lo que plantea la «pregunta disimulada» son dos acciones completamente distintas, pero igualadas de forma inconsciente para que parezcan la misma. Querer asumir el dolor y preguntarse cuánto tiempo voy a tener que hacerlo parecen tener el mismo propósito. Sin embargo, la propuesta es asumir el dolor para hacerlo consciente y la «pregunta disimulada» sigue temiendo al dolor.

Decidir vivir y dar la bienvenida a lo que ocurre para así autodescubrirnos implica presente y honestidad. Sin embargo, esperar que con ello se pueda resolver por fin el inconsciente, implica futuro y expectativas.

Finalmente, aprendemos a usar nuestra mente incisiva, que es aquella que no duda a la hora de decidir cruzar nuestras catacumbas mentales y aprender a decidir sentarnos en el momento presente y ver lo que vemos. Esto es tan simple y poderoso que nos da miedo y al darnos miedo nos parece difícil, pero cuando uno se decide por asumir su integridad, todo termina en agradecimiento de forma natural.



Extracto del libro:
¿Me acompañas?
Sergi Torres
Fotografía de Internet

jueves, 25 de agosto de 2022

LA LUCHA ENTRE LO QUE TE GUSTA Y NO TE GUSTA


 

TOMA TU PROTAGONISMO


 

QUIEN ALGO QUIERE, ALGO LE CUESTA


Toda intención de cambio contiene una fuerza opuesta al mismo, resistencia u oposición 
de la que podemos tomar conciencia y que se alimenta de múltiples cuestiones como nuestra lealtad a leyes familiares, a nuestros personajes internos, al pasado, a una antigua autoimagen; al miedo a perder relaciones con el cambio; la debilidad que creemos que nos imposibilita cruzar de una costa a otra (de lo actual a lo nuevo) implica pasar por estados de confusión, soledad, desorientación; sentirnos incomprendidos por las personas amadas hasta que lo nuevo fructifique en nuestro ser haciéndonos sentir más plenos y con más recursos personales. En este impasse es importante ser acompañados por un profesional de la ayuda o por una persona de plena confianza.

Quien algo quiere, algo le cuesta. El cambio no es gratis. Nadie puede hacerlo por ti. 

Tú eres el agente de cambio. Los demás son solo bastones, apoyos, facilitadores, pero solo tú vives contigo, solo tú sabes qué significa ser quien eres. Toma tu protagonismo.

Jordi Gil Martín



Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet

miércoles, 24 de agosto de 2022

PERMÍTETE CONOCER LA UNIDAD


 

TU ELECCIÓN ES LA TOTALIDAD


Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.

ESTA ES LA ENFERMEDAD DE LA MENTE: Lo que a uno le gusta y lo que le disgusta, a favor y en contra. ¿Por qué está la mente dividida? ¿Por qué no puedes ser uno? Te gustaría, desearías ser uno, pero continúas alimentando las divisiones, las preferencias, el "esto me gusta" y "esto no me gusta".

Precisamente el otro día vino una mujer y me dijo: "Bendíceme, por favor dame tus bendiciones". Pero me di cuenta de que estaba inquieta, preocupada, así que le pregunté: "¿Qué pasa?".

Ella dijo: "Es que ya estoy iniciada con otro maestro".
Un conflicto; ella quería mis bendiciones pero la mente le decía que yo no soy su maestro. Ella tiene otro maestro, entonces ¿qué hacer? Yo le dije que dejara a ambos. Hubiera sido más fácil si le hubiera dicho: "Deja al otro. Elígeme a mí". 

¡Hubiera sido mucho más fácil!, porque entonces la mente podría continuar funcionando, pero el problema seguiría siendo el mismo. Cambiaría el nombre de la enfermedad, pero la enfermedad sería la misma. De nuevo, en algún lugar, surgiría la misma duda, la misma agitación. Pero si yo digo: "Deja a ambos"... Pues esa es la única manera de llegar a un maestro: no tener ninguna preferencia por esta vía o por aquella. Simplemente ir vacío. Simplemente ir sin ninguna opinión. Ve simplemente disponible, receptivo. ¡Sólo así se llega a un maestro! No hay otra forma. Y si el maestro va a ser la puerta a la verdad, tiene que ser así, porque esta es la preparación, esta es la iniciación.

Un maestro está para ayudarte a dejar las opiniones, a dejar la mente. Y si el propio maestro se convierte en una elección entonces también se convertirá en una barrera. De nuevo has vuelto a elegir, de nuevo has usado la mente. Y cuanto más usas la mente, más se refuerza, más fuerte se hace. No la uses.

Es difícil, porque dirás: "¿Y qué le ocurrirá a nuestro amor? ¿Qué va a ser de nuestro compromiso? ¿Qué va a ser de nuestras creencias? ¿Qué va a ser de nuestra religión, de nuestra Iglesia, de nuestro templo?". Estas son tus cargas. Libérate de ellas, y deja que ellas se liberen de ti. Te están manteniendo aquí, arraigado, y la verdad quiere liberarte. Liberado llegas, con alas llegas, sin peso llegas.

Sosan dice:
La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.

¿Cómo curarse? ¿Hay alguna manera de superar esta enfermedad? No, no hay manera. Uno simplemente tiene que entenderlo. Uno simplemente tiene que mirar el hecho en sí mismo. Uno sólo tiene que cerrar los ojos y mirar en su propia vida; observarla. Y sentirá la verdad de Sosan. Y cuando sientes la verdad, la enfermedad desaparece. No hay ningún remedio para ella, porque si se te da algún remedio, ese remedio te empezará a gustar. Entonces olvidarás la enfermedad pero empezará a gustarte el remedio, y el mismo remedio se convertirá en la enfermedad.
No, Sosan no te dará ningún remedio, no te dará ningún método. No te sugerirá qué hacer. Simplemente insistirá una y otra vez, una y mil veces, en que entiendas cómo has creado toda esta confusión a tu alrededor, cómo has creado todo este sufrimiento. Y nadie más que tú lo ha creado; es la enfermedad de tu mente: preferir, elegir.

No decidas. Acepta la vida en su totalidad. Tienes que ver la totalidad: la vida y la muerte juntas, el amor y el odio juntos, la felicidad y la desgracia juntas, la agonía y el éxtasis juntos. Si los ves juntos, entonces ¿qué quedará para elegir? Si ves que son uno, entonces ¿por dónde va a entrar la elección? Si ves que la agonía no es otra cosa que éxtasis, y el éxtasis agonía; si puedes ver que la felicidad no es otra cosa que infelicidad; que el amor no es otra cosa que odio y el odio, amor; entonces ¿dónde elegir? ¿cómo elegir? Entonces la elección desaparece.

No es que tú la dejes. Si eres tú el que la dejas, se convertirá en una elección; esta es la paradoja. No supongas que tienes que dejarla, porque si la dejas, eso ya quiere decir que has elegido a favor y en contra. Ahora tu elección es la totalidad. Estás a favor de la totalidad y en contra de la división, pero la enfermedad ha entrado. Es algo muy sutil.
Simplemente entiende, pues la propia comprensión hace que la elección desaparezca. Nunca la abandonas. Simplemente te ríes... y pides una taza de té.

Cuando no se entiende el significado
profundo de las cosas,
se perturba en vano la paz esencial de la mente.
El Camino es perfecto, como el espacio infinito
donde nada falta y nada sobra.
De hecho, es debido a nuestra elección
de aceptar o rechazar que no vemos
la verdadera naturaleza de las cosas.
No vivas en los enredos de las cosas externas
ni en los sentimientos internos de vacío.
Mantente sereno, sin hacer esfuerzos,
en la unidad de las cosas,
y tales falsos conceptos desaparecerán por sí solos.
Cuando tratas de parar la actividad
para alcanzar la pasividad,
el propio esfuerzo te llena de actividad.
Mientras estés en un extremo o en el otro,
nunca conocerás la Unidad.
Aquellos que no viven en el Camino único
fracasan en ambas: actividad y pasividad,
afirmación y negación.


Del libro:
Hsin Hsin Ming: El libro de la nada
Osho
Fotografía tomada del internet

martes, 23 de agosto de 2022

PENSAR QUE LO QUE SUCEDE NO DEBERÍA SUCEDER O SUCEDER DE OTRA MANERA


 

SI UN HOMBRE ESTÁ BIEN, EL MUNDO ESTARÁ BIEN


Se cuenta una maravillosa historia acerca de un predicador que un sábado por la mañana estaba tratando de preparar un sermón en difíciles circunstancias. Su esposa había salido 
de compras. Era un día lluvioso, y su hijito se mostraba nervioso y aburrido porque no tenía nada que hacer. Al final, desesperado, el pastor tomó una vieja revista y empezó a hojearla hasta llegar a una ilustración brillantemente coloreada. Era un mapamundi.

Arrancó la página de la revista, la rompió en trocitos y los esparció todos por el suelo del salón al tiempo que decía: «Johnny, si puedes recomponer todo eso te daré un cuarto de dólar».

El predicador supuso que la tarea le iba a llevar a Johnny buena parte de la mañana. 

Pero a los diez minutos oyó llamar con los nudillos a la puerta de su estudio. Era su hijo con el rompecabezas ya ordenado. El hombre se sorprendió de que Johnny hubiera terminado tan temprano, con los trozos de papel pulcramente colocados y el mapa del mundo recompuesto.

«Hijo, ¿cómo lo has hecho tan deprisa?», preguntó el predicador.

«Oh —contestó Johnny—, ha sido fácil. En la parte de atrás había la imagen de un hombre. He colocado un trozo de papel debajo, he compuesto la figura del hombre, he colocado un papel encima y lo he vuelto del revés. He pensado que, si la figura del hombre estaba bien, el mundo también lo estaría.»

El clérigo sonrió y le entregó a su hijo un cuarto de dólar. «También me has dado el tema del sermón de mañana —dijo—. Si un hombre está bien, el mundo estará bien.»

Esta idea encierra una gran lección. Si alguien no está satisfecho de su mundo y desea cambiarlo, tiene que empezar por sí mismo. Si estás bien, tu mundo estará bien. Si uno tiene una actitud mental positiva, los problemas de su mundo tienden a doblegarse ante él.

Napoleon Hill


Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet

lunes, 22 de agosto de 2022

EL RELATO (TODO LO QUE TE CUENTAS QUE PASA A TI MISMO)


 

LA PRUEBA DEL MAESTRO


Soy pobre y débil, dijo un día un maestro a sus discípulos, 
pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir.

¿Cómo podemos hacer eso?- preguntaron los discípulos-.

Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda.

Hijos míos- contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo.

Nosotros somos jóvenes- dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por vos, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos.

Sois jóvenes- dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo debéis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un transeúnte y coger su dinero, pero no lo lastiméis.

Vamos inmediatamente, dijeron los discípulos, excepto uno, que había callado, con la mirada baja.

El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

-Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

-Perdonadme, maestro- contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizable; éste es el motivo de mi silencio.

-¿Por qué es irrealizable?- preguntó el maestro.

-Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea- contestó el discípulo-; incluso cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me vea robar.

A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo.

Estrechó al joven discípulo entre sus brazos y le dijo: Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras .

Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero:

Mi yo me ve.

Y así se convirtieron en grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.



Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda"
Sri Deva Fénix
Fotografía de internet

domingo, 21 de agosto de 2022

NOS HEMOS HECHO ADULTOS


 

LA MIRADA DE JESÚS


En el Evangelio de Lucas leemos lo siguiente:

Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!». Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

Yo he tenido unas relaciones bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba con El, cantaba sus alabanzas, le daba gracias…

Pero siempre tuve la incómoda sensación de que El deseaba que le mirara a los ojos…, cosa que yo no hacía. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada cuando sentía que El me estaba mirando.

Yo miraba siempre a otra parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que en sus ojos iba a encontrar una mirada de reproche por algún pecado del que no me hubiera arrepentido. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una exigencia; que había algo que El deseaba de mí.

Al fin, un día, reuní el suficiente valor y miré. No había en sus ojos reproche ni exigencia. Sus ojos se limitaban a decir: «Te quiero». Me quedé mirando fijamente durante largo tiempo. Y allí seguía el mismo mensaje: «Te quiero».

Y, al igual que Pedro, salí fuera y lloré.



Del libro:
Anthony de Mello
El Canto del Pájaro
Fotografía tomada del internet

sábado, 20 de agosto de 2022

LA TORMENTA PASA


 

DE DENTRO HACIA AFUERA


Si queremos un cambio definitivo de las circunstancias de la vida, se hace necesario que 
tal cambio se verifique primero dentro de nosotros mismos; si internamente no modificamos nada, externamente la vida continuará con sus dificultades. 

Ante todo, es necesario hacernos dueños de nosotros mismos; mientras uno no sepa gobernarse a sí mismo, tampoco podrá gobernar las circunstancias difíciles de la existencia.

Samael Aun Weor



Extracto del libro:
365 semillas de conciencia para una vida plena
Fotografías tomadas de Internet

viernes, 19 de agosto de 2022

EL DOLOR Y EL TIEMPO


A menudo, el dolor va acompañado de una reacción mental estresante, nerviosa, llena de ansiedad y de miedo..., de una avalancha de relatos sobre lo que ocurrirá o no ocurrirá en el futuro. Siento dolor (o miedo o tristeza o cualquier sentimiento desagradable) justo ahora, pero estoy preocupado por cuánto durará, por cuándo terminará o si terminará algún día, por cuánto puede intensificarse. ¿Durará este dolor el resto de mi vida? ¿Se mantendrá como es ahora, o se hará más agudo? ¿Qué pasa si se vuelve insoportable? ¿Qué pasa si acaba matándome? ¿Qué pasa si...?

Se diría que la mente siempre quiere hacer que todo parezca peor de lo que es en realidad. Si te fijas, verás que tu relato de la realidad es siempre mucho peor que la realidad en sí. En la realidad, jamás vas a tener que enfrentarte más que a este momento de dolor. Solo a este momento. Solo a lo que está sucediendo ahora mismo. En el relato, tienes que enfrentarte al dolor en el tiempo. En el relato, ¡tienes que enfrentarte a todo el pasado y el futuro del dolor! Puedes incluso convencerte a ti mismo de que tienes que enfrentarte a toda una vida de dolor, lo cual suena demasiado insoportable incluso como pensamiento; es, literalmente, la idea que la mente tiene del infierno. Pero, en la realidad, la vida siempre es clemente contigo: solo te da este momento, y nunca tienes la experiencia real de una vida de dolor. En la realidad, no existen los conceptos de «siempre», «para siempre» o «sin fin». El infierno es producto del pensamiento, nada más.

Piensa en cuando vas sentado en un avión durante una fuerte turbulencia. Tienes una intensa reacción de estrés, si empiezas a imaginar que la turbulencia podría ser excesiva y hacer que el avión se estrellara. El pensamiento es inigualable contando relatos de catástrofes futuras, pero ¿cuál es la realidad de la situación? El avión atraviesa una zona de viento muy fuerte, y los vaivenes te sacuden de un lado a otro. Esa es la realidad: los bandazos del avión te zarandean en el asiento, ahora mismo. Eso es lo único que está sucediendo. Pero el pensamiento vive en el tiempo, y por tanto dice: «Bueno, en este momento todo parece estar bien, pero en el próximo momento nada estará bien. Ahora mismo la situación es tolerable y estoy vivo, pero solo dentro de un momento se volverá intolerable y moriré. La turbulencia va a empeorar cada vez más». Y como reacción a este relato, pueden aparecer un sentimiento de náusea en el estómago, una falta de aire, presión en el pecho y en la garganta, y palpitaciones. No lo olvides, el cuerpo no conoce la diferencia entre el peligro real y el imaginario. Surge un miedo terrible, como si las cosas fueran a ponerse mucho peor. El cuerpo se prepara para enfrentarse o huir, o, si considero de verdad la posibilidad de que el avión se estrelle, se prepara para la muerte.

Así que ahí estás, sentado en el avión preparándote para la muerte, mientras el piloto tranquilamente guía el avión. Se ha encontrado con turbulencias como esta cientos de veces, y para él no es nada. La verdadera turbulencia está en tu pensamiento. En tu imaginación, ¡vas a bordo de un avión que ya se ha estrellado! En tu imaginación, ya estás experimentando lo inevitable.

Podrías decir: «Ya, pero es posible que un avión se estrelle, así que no estoy completamente loco». A lo que yo te respondería: «Sí, pero el avión no se ha estrellado todavía». Mientras pienses que podría ocurrir, es que no ha ocurrido. En este momento, tu miedo más espantoso todavía no se ha hecho realidad. Y en este, tampoco. Ni en este. De hecho, nunca, jamás llegamos a vivir ese momento tan insoportable del que la mente está tan aterrada. Solo existe el miedo de un momento insoportable; el momento en sí nunca llega. Si las cosas fueran verdaderamente insoportables, si el dolor fuera de verdad demasiado intenso para el cuerpo, si la ira o el miedo fueran de verdad a superarte, si el pesar fuera realmente a hacerte pedazos, el cuerpo se quedaría inconsciente. Mientras permanezcas consciente, soportas lo que quiera que esté sucediendo, aunque pienses o sientas que es insoportable. No existe el dolor insoportable. Como la propia consciencia que eres, si está sucediendo, si aparece en la experiencia presente, lo estás soportando, lo mismo que el océano soporta cualquier ola, incluso aunque la ola se sienta insoportable en el momento.

Puedes sentir que algo es insoportable, que vas a morir, que no eres capaz de aguantar; puedes sentirte totalmente desbordado, impotente y sin esperanza, pero no puedes ser ese algo Insoportable. Ya hemos visto que, como espacio abierto, nunca puedes ser el desesperado, el impotente, el desbordado, pues lo que eres es pura capacidad incluso para el sentimiento aparentemente más sobrecogedor. Puedes sentir que eres incapaz de aguantar, pero lo que eres aguanta siempre, en este momento...; y solo existe este momento. Puedes sentir que estás a punto de morir, pero lo que eres está muy vivo. Como percepción consciente, ya toleras lo que está ocurriendo...; de lo contrario, no estaría ocurriendo. Si fuera de verdad insoportable, si la vida fuera de verdad incapaz de soportar lo que está sucediendo, tú no estarías aquí para saberlo.

Darnos cuenta de esto puede quitarnos el miedo básico a la vida. Nunca alcanzamos el momento insoportable, lo mismo que la ola nunca llega realmente a la playa. En cuanto llega a la playa, deja de ser ola. Por eso nadie ha experimentado nunca la muerte. La muerte no es una experiencia que «tú» puedas tener; la ola no puede experimentar su propia ausencia. En última instancia, no hay nada que temer..., incluso aunque aparezca un miedo atroz.



Extracto del libro:
La más profunda aceptación
Jeff Foster
Fotografías tomadas de Internet