miércoles, 31 de mayo de 2017

EL NUEVO RABINO







Dicen que había un pequeño pueblo en el que vivía un rabino. Todos los habitantes estaban muy conformes con el modo en que el rabino llevaba la vida espiritual del pueblo. Siempre tenía una palabra de aliento o un sabio consejo para darles a los que se acercaban para consultarle.Sin embargo, el rabino era viejo y estaba claro que pronto moriría. 





Los habitantes del pueblo se reunieron para decidir quién sería su sucesor y todos coincidieron en que debía ser el hijo del rabino, que también había estudiado religión, pues ¿quién mejor que su propio hijo para que continuara el legado del padre?Pronto el rabino murió y su hijo ocupó su lugar. Sin embargo, al poco tiempo el nuevo rabino comenzó a proponer cambios y a dar consejos misteriosos o totalmente opuestos a los que todos creían que habría dado su padre. 





Los habitantes del pueblo volvieron a reunirse para decidir qué hacer y resolvieron ir a hablar con el rabino.Cuando estuvieron frente a él, uno de ellos tomó coraje y habló:- Mire, rabino, para serle franco, estamos un poco preocupados con todos los cambios que está haciendo. ¿Sabe qué pasa?, que nosotros lo elegimos porque pensamos que usted era como su padre, pero no es así.- Se equivocan -respondió el nuevo rabino—. Yo soy igual que mi padre. 





Él no hacía las cosas de otro modo que como él creía que era mejor hacerlas... y yo tampoco.











Tomado del libro


El camino de la espiritualidad


Jorge Bucay


Foto tomada de internet

EL NUEVO RABINO


Dicen que había un pequeño pueblo en el que vivía un rabino. Todos los habitantes estaban muy conformes con el modo en que el rabino llevaba la vida espiritual del pueblo. Siempre tenía una palabra de aliento o un sabio consejo para darles a los que se acercaban para consultarle.Sin embargo, el rabino era viejo y estaba claro que pronto moriría. 

Los habitantes del pueblo se reunieron para decidir quién sería su sucesor y todos coincidieron en que debía ser el hijo del rabino, que también había estudiado religión, pues ¿quién mejor que su propio hijo para que continuara el legado del padre?Pronto el rabino murió y su hijo ocupó su lugar. Sin embargo, al poco tiempo el nuevo rabino comenzó a proponer cambios y a dar consejos misteriosos o totalmente opuestos a los que todos creían que habría dado su padre. 

Los habitantes del pueblo volvieron a reunirse para decidir qué hacer y resolvieron ir a hablar con el rabino.Cuando estuvieron frente a él, uno de ellos tomó coraje y habló:- Mire, rabino, para serle franco, estamos un poco preocupados con todos los cambios que está haciendo. ¿Sabe qué pasa?, que nosotros lo elegimos porque pensamos que usted era como su padre, pero no es así.- Se equivocan -respondió el nuevo rabino—. Yo soy igual que mi padre. 

Él no hacía las cosas de otro modo que como él creía que era mejor hacerlas... y yo tampoco.



Tomado del libro
El camino de la espiritualidad
Jorge Bucay
Foto tomada de internet

TRANSFORMACIONES








TRANSFORMACIONES


martes, 30 de mayo de 2017

FANTASÍAS







El don de la fantasía me ha ayudado más que mi talento para absorber el conocimiento positivo. 


(Albert Einstein)





Todo ser humano tiene la capacidad de crear nuevos conceptos y soluciones. Esta habilidad se llama imaginación constructiva o, más comúnmente, creatividad.





Es una capacidad natural en todos los seres humanos, pero a veces queda obturada por el estrés del día a día. Por ello es recomendable ejercitarla.





Algunos hábitos para potenciar la imaginación:






  • Dedica un tiempo cada jornada a aquello que te gusta.

  • Persigue tus sueños, aunque te digan que son inalcanzables. Enfréntate a nuevos retos.

  • Haz ejercicio cada día; no solo físico, sino también mental.

  • Rompe la rutina. Haz cosas diferentes, cambia horarios, caminos y dietas.

  • Lee algo nuevo. Descubrir y sumergirte en nuevas historias te inspirará y estimulará.

  • Relájate. Igual de importante es el ejercicio que el descanso. Duerme tus horas y, si dispones de tiempo, medita veinte minutos al día para limpiar la mente de preocupaciones.







Como dijo el escritor y pedagogo Gianni Rodari: «La función creativa de la imaginación pertenece al hombre corriente, al científico, al técnico; es esencial para los descubrimientos científicos, así como para el conocimiento de las obras de arte, y, por añadidura, es condición necesaria para la vida cotidiana».





Según Rodari, la fantasía nos ayuda a liberarnos de los sinsabores cotidianos, aportándonos una mirada renovada: «Creatividad es sinónimo de pensamiento divergente, es decir, capaz de romper continuamente los esquemas de la experiencia. Es creativa una mente que siempre trabaja, siempre pregunta, y descubre problemas donde los demás encuentran respuestas satisfactorias; está a gusto en las situaciones en que otros solo intuyen peligros; es capaz de juicios autónomos e independientes (también respecto al padre, al profesor y a la sociedad); rechaza las codificaciones, y remanipula objetos y conceptos sin dejarse inhibir por el conformismo. Todas esas cualidades se manifiestan en el proceso creativo».









Tomado del libro:


Einstein para despistados



85 soluciones atómicas para problemas 

relativamente graves




Allan Percy


Fotografía de Internet


FANTASÍAS


El don de la fantasía me ha ayudado más que mi talento para absorber el conocimiento positivo. 
(Albert Einstein)

Todo ser humano tiene la capacidad de crear nuevos conceptos y soluciones. Esta habilidad se llama imaginación constructiva o, más comúnmente, creatividad.

Es una capacidad natural en todos los seres humanos, pero a veces queda obturada por el estrés del día a día. Por ello es recomendable ejercitarla.

Algunos hábitos para potenciar la imaginación:

  • Dedica un tiempo cada jornada a aquello que te gusta.
  • Persigue tus sueños, aunque te digan que son inalcanzables. Enfréntate a nuevos retos.
  • Haz ejercicio cada día; no solo físico, sino también mental.
  • Rompe la rutina. Haz cosas diferentes, cambia horarios, caminos y dietas.
  • Lee algo nuevo. Descubrir y sumergirte en nuevas historias te inspirará y estimulará.
  • Relájate. Igual de importante es el ejercicio que el descanso. Duerme tus horas y, si dispones de tiempo, medita veinte minutos al día para limpiar la mente de preocupaciones.

Como dijo el escritor y pedagogo Gianni Rodari: «La función creativa de la imaginación pertenece al hombre corriente, al científico, al técnico; es esencial para los descubrimientos científicos, así como para el conocimiento de las obras de arte, y, por añadidura, es condición necesaria para la vida cotidiana».

Según Rodari, la fantasía nos ayuda a liberarnos de los sinsabores cotidianos, aportándonos una mirada renovada: «Creatividad es sinónimo de pensamiento divergente, es decir, capaz de romper continuamente los esquemas de la experiencia. Es creativa una mente que siempre trabaja, siempre pregunta, y descubre problemas donde los demás encuentran respuestas satisfactorias; está a gusto en las situaciones en que otros solo intuyen peligros; es capaz de juicios autónomos e independientes (también respecto al padre, al profesor y a la sociedad); rechaza las codificaciones, y remanipula objetos y conceptos sin dejarse inhibir por el conformismo. Todas esas cualidades se manifiestan en el proceso creativo».


Tomado del libro:
Einstein para despistados
85 soluciones atómicas para problemas 
relativamente graves
Allan Percy
Fotografía de Internet

LA CONTINUA MEDICIÓN






LA CONTINUA MEDICIÓN


lunes, 29 de mayo de 2017

LA PROHIBICIÓN







En el último recodo de la calle Mouffetard, en París, encontré la iglesia de San Medardo.





Abrí la puerta, entré. Era domingo, pasado el mediodía. La iglesia estaba vacía, ya se habían apagado los rumores de las últimas plegarias. Había una limpiadora, barriendo la misa, desempolvando santos, y nadie más.





Recorrí la iglesia, de cabo a rabo. A la luz de los cirios, busqué la ordenanza real del año 1732: Por orden del Rey, se prohíbe a Dios que haga milagros en este lugar. Carlos Machado me había dicho que la prohibición estaba grabada en una piedra, a la entrada de esta iglesia consagrada a un santo demasiado milagrero. La busqué, no la encontré.





Coronada de ruleros, armada de plumero y escoba, la limpiadora me contestó sin dedicarme ni una mirada:





—¡Ah no señor! ¡No! ¡Pero no!





Con voz culpable, insistí:





—Pero esa orden del rey... ¿nunca estuvo?





La mujer me encaró:





—Estar, estuvo.





En el cabo de la escoba apoyó las manos y sobre las manos, el mentón:





—Pero ya no está.





Y dando por concluido el asunto, continuó su ajetreo.





Inmóvil, esperé. Al rato, ella detuvo sus trajines y explicó:





—Una cosa así no era de buen tono para los creyentes. Usted comprenderá.





Yo comprendí.








Tomado de:
Cuentos de Galeano en la Jornada
Eduardo Galeano
Fotografía de internet

LA PROHIBICIÓN


En el último recodo de la calle Mouffetard, en París, encontré la iglesia de San Medardo.

Abrí la puerta, entré. Era domingo, pasado el mediodía. La iglesia estaba vacía, ya se habían apagado los rumores de las últimas plegarias. Había una limpiadora, barriendo la misa, desempolvando santos, y nadie más.

Recorrí la iglesia, de cabo a rabo. A la luz de los cirios, busqué la ordenanza real del año 1732: Por orden del Rey, se prohíbe a Dios que haga milagros en este lugar. Carlos Machado me había dicho que la prohibición estaba grabada en una piedra, a la entrada de esta iglesia consagrada a un santo demasiado milagrero. La busqué, no la encontré.

Coronada de ruleros, armada de plumero y escoba, la limpiadora me contestó sin dedicarme ni una mirada:

—¡Ah no señor! ¡No! ¡Pero no!

Con voz culpable, insistí:

—Pero esa orden del rey... ¿nunca estuvo?

La mujer me encaró:

—Estar, estuvo.

En el cabo de la escoba apoyó las manos y sobre las manos, el mentón:

—Pero ya no está.

Y dando por concluido el asunto, continuó su ajetreo.

Inmóvil, esperé. Al rato, ella detuvo sus trajines y explicó:

—Una cosa así no era de buen tono para los creyentes. Usted comprenderá.

Yo comprendí.


Tomado de:
Cuentos de Galeano en la Jornada
Eduardo Galeano
Fotografía de internet

MOKSHA (LIBERACIÓN)






MOKSHA (LIBERACIÓN)


domingo, 28 de mayo de 2017

LA COMPRENSIÓN HACE POSIBLE LA COMPASIÓN







La comprensión es la sustancia con la que fabricamos compasión. ¿A qué clase de comprensión me refiero? A la comprensión de que el otro también sufre. Cuando sufrimos tendemos a creer que somos víctima de otras personas, que somos los únicos que sufren. Esto no es cierto, la otra persona también sufre. También tiene sus dificultades, sus miedos y sus preocupaciones. Si sólo fuéramos capaces de ver el dolor que hay en él o en ella, empezaríamos a comprenderlos. Una vez que la comprensión está presente, la compasión es posible.





¿Tenemos bastante tiempo para analizar la condición de la otra persona? La otra persona puede ser otro recluso como nosotros o un guardia. Si observamos, podemos ver que hay mucho sufrimiento en él. Quizás no sepa manejar su sufrimiento. Quizás permite que su sufrimiento crezca porque no sabe manejarlo, y esto le hace sufrir a él y hace sufrir a otras personas que le rodean. Con esta clase de consciencia, empezarán a comprender, y la comprensión despertará su compasión. Si hay compasión en ustedes, sufrirán menos, y les motivará el deseo de hacer algo, o de no hacer nada para que esa persona sufra menos. Su manera de mirarle o sonreírle podrá ayudarle a sufrir menos y hará que tenga fe en la compasión.





Yo describiría mi práctica como la práctica de cultivar la compasión. Pero sé que la compasión no es posible sin comprensión. Y la comprensión sólo es posible si tienen tiempo para observar profundamente. Meditar significa observar profundamente para comprender. En el monasterio donde vivo, por las mañanas tenemos mucho tiempo para la tarea de observar profundamente. En un centro correccional hay también mucho tiempo y muchas posibilidades para observar profundamente. Es un entorno muy propicio para la práctica de observar compasivamente para que la compasión pueda crecer como factor liberador. Estoy convencido de que si uno de ustedes o diez o veinte de ustedes, practican la observación compasiva, podrán transformar este lugar en muy poco tiempo. Pueden traer el paraíso aquí mismo.





Para mí, el paraíso es un lugar donde hay compasión. Cuando hay compasión en sus corazones, sólo necesitan inhalar y exhalar y observar profundamente, y la comprensión vendrá. Se comprenderán a sí mismos y tendrán compasión hacia sí mismos, sabrán manejar su sufrimiento y se sabrán cuidar. Luego, serán capaces de ayudar a otra persona a hacer lo mismo, y la compasión crecerá entre ustedes. De esta manera se convierten en un Buda, en un bodhisattva que trae compasión a este entorno y convierte el infierno en paraíso. El Reino de Dios existe ahora o no existe nunca. Esto es la verdad. Y es posible que tengan más posibilidades de practicar que muchos de nosotros. ¿Qué les parece








Extracto del libro:


Sea libre donde esté


Thich Nhat Hanh


Fotografía tomada de internet

LA COMPRENSIÓN HACE POSIBLE LA COMPASIÓN


La comprensión es la sustancia con la que fabricamos compasión. ¿A qué clase de comprensión me refiero? A la comprensión de que el otro también sufre. Cuando sufrimos tendemos a creer que somos víctima de otras personas, que somos los únicos que sufren. Esto no es cierto, la otra persona también sufre. También tiene sus dificultades, sus miedos y sus preocupaciones. Si sólo fuéramos capaces de ver el dolor que hay en él o en ella, empezaríamos a comprenderlos. Una vez que la comprensión está presente, la compasión es posible.

¿Tenemos bastante tiempo para analizar la condición de la otra persona? La otra persona puede ser otro recluso como nosotros o un guardia. Si observamos, podemos ver que hay mucho sufrimiento en él. Quizás no sepa manejar su sufrimiento. Quizás permite que su sufrimiento crezca porque no sabe manejarlo, y esto le hace sufrir a él y hace sufrir a otras personas que le rodean. Con esta clase de consciencia, empezarán a comprender, y la comprensión despertará su compasión. Si hay compasión en ustedes, sufrirán menos, y les motivará el deseo de hacer algo, o de no hacer nada para que esa persona sufra menos. Su manera de mirarle o sonreírle podrá ayudarle a sufrir menos y hará que tenga fe en la compasión.

Yo describiría mi práctica como la práctica de cultivar la compasión. Pero sé que la compasión no es posible sin comprensión. Y la comprensión sólo es posible si tienen tiempo para observar profundamente. Meditar significa observar profundamente para comprender. En el monasterio donde vivo, por las mañanas tenemos mucho tiempo para la tarea de observar profundamente. En un centro correccional hay también mucho tiempo y muchas posibilidades para observar profundamente. Es un entorno muy propicio para la práctica de observar compasivamente para que la compasión pueda crecer como factor liberador. Estoy convencido de que si uno de ustedes o diez o veinte de ustedes, practican la observación compasiva, podrán transformar este lugar en muy poco tiempo. Pueden traer el paraíso aquí mismo.

Para mí, el paraíso es un lugar donde hay compasión. Cuando hay compasión en sus corazones, sólo necesitan inhalar y exhalar y observar profundamente, y la comprensión vendrá. Se comprenderán a sí mismos y tendrán compasión hacia sí mismos, sabrán manejar su sufrimiento y se sabrán cuidar. Luego, serán capaces de ayudar a otra persona a hacer lo mismo, y la compasión crecerá entre ustedes. De esta manera se convierten en un Buda, en un bodhisattva que trae compasión a este entorno y convierte el infierno en paraíso. El Reino de Dios existe ahora o no existe nunca. Esto es la verdad. Y es posible que tengan más posibilidades de practicar que muchos de nosotros. ¿Qué les parece


Extracto del libro:
Sea libre donde esté
Thich Nhat Hanh
Fotografía tomada de internet

AFERRARSE A LAS OPINIONES






AFERRARSE A LAS OPINIONES


sábado, 27 de mayo de 2017

ZEN ANIMADO



ZEN ANIMADO

POLARIZACIÓN CAPRICHOSA: «LOS OTROS SON TODOS IGUALES»







Cuatro sesgos o distorsiones que terminan alimentando al monstruo y haciéndolo cada vez menos poderoso: catalogar o etiquetar a las personas; polarización caprichosa: «Los otros son todos iguales»; sobregeneralización; y siempre alerta (o la paranoia del fanático). 





POLARIZACIÓN CAPRICHOSA: «LOS OTROS SON TODOS IGUALES» 





El pensamiento dicotómico o polarizado atraviesa todo el trasfondo de la mente rígida. En el caso del prejuicio, eliminar la posibilidad de los términos medios y los grises conduce a reafirmar las opiniones radicales. Si digo: «Las lesbianas lo único que quieren es sexo», fortalezco el prejuicio porque elimino de manera radical los matices «a veces», «en ocasiones» o «algunas lesbianas». Lo único significa «nada más». O una probabilidad cero para cualquier otra opción. Por ejemplo, si afirmo que los adolescentes «siempre» buscan el placer por el placer y me creo realmente tal afirmación, interpretaré que todas las conductas de los jóvenes están guiadas por el hedonismo y el desenfreno. 





Cuando generamos un prejuicio hacia alguna persona o grupo, nos negamos a ver las excepciones, porque de hacerlo el prejuicio empezaría a perder fuerza. Si pienso irracionalmente que los afrodescendientes son agresivos y me reafirmo, obstinado, en esa idea, reconocer que algunos de ellos son pacíficos generaría en mi mente un caos informacional. Tendría que crear varias subrutinas, remover la información de base y revisar esquemas relacionados para adaptarme a la nueva realidad. La existencia de individuos afrodescendientes pacíficos sería la prueba viviente de que el prejuicio carece de fundamento, es decir, de que la generalización no es verdadera y que, por lo tanto, el estereotipo debe revisarse.





En la película La lista de Schindler se muestra una manera más salvaje de «resolver» las contradicciones que ponen en riesgo la creencia prejuiciosa, en este caso la antisemita. Una prisionera del campo de concentración le llama la atención al coronel alemán de turno sobre un error que se está cometiendo en una construcción. El nazi le pregunta por qué sabe tanto sobre el tema y ella responde que es ingeniera. El coronel le agradece la ayuda e inmediatamente manda que la maten. Y agrega: «No podemos dejar que ellos tengan razón; es mejor eliminar a los inteligentes... Pero hagamos lo que ella sugirió.» 





Enfrentarse a los prejuicios, tal como ocurre con cualquier creencia muy arraigada, produce altísimos niveles de estrés en las personas que los poseen. En palabras del psiquiatra García de Haro:85 





«Por ello, los cambios de creencias suelen ir precedidos de una crisis vital, porque todo se transforma, incluso la esencia de sí mismo, y la gente siente moverse bajo sus pies el mundo en el que ha creído vivir. Cuando se cambian las creencias, se muere y se renace, según la expresión religiosa.» (p. 24).









85. García de Haro, F. (2006). El secuestro de la mente. 

Madrid: Espasa.











Extracto del libro:




El arte de ser flexible




Walter Riso


Fotografía tomada de internet




POLARIZACIÓN CAPRICHOSA: «LOS OTROS SON TODOS IGUALES»


Cuatro sesgos o distorsiones que terminan alimentando al monstruo y haciéndolo cada vez menos poderoso: catalogar o etiquetar a las personas; polarización caprichosa: «Los otros son todos iguales»; sobregeneralización; y siempre alerta (o la paranoia del fanático). 

POLARIZACIÓN CAPRICHOSA: «LOS OTROS SON TODOS IGUALES» 

El pensamiento dicotómico o polarizado atraviesa todo el trasfondo de la mente rígida. En el caso del prejuicio, eliminar la posibilidad de los términos medios y los grises conduce a reafirmar las opiniones radicales. Si digo: «Las lesbianas lo único que quieren es sexo», fortalezco el prejuicio porque elimino de manera radical los matices «a veces», «en ocasiones» o «algunas lesbianas». Lo único significa «nada más». O una probabilidad cero para cualquier otra opción. Por ejemplo, si afirmo que los adolescentes «siempre» buscan el placer por el placer y me creo realmente tal afirmación, interpretaré que todas las conductas de los jóvenes están guiadas por el hedonismo y el desenfreno. 

Cuando generamos un prejuicio hacia alguna persona o grupo, nos negamos a ver las excepciones, porque de hacerlo el prejuicio empezaría a perder fuerza. Si pienso irracionalmente que los afrodescendientes son agresivos y me reafirmo, obstinado, en esa idea, reconocer que algunos de ellos son pacíficos generaría en mi mente un caos informacional. Tendría que crear varias subrutinas, remover la información de base y revisar esquemas relacionados para adaptarme a la nueva realidad. La existencia de individuos afrodescendientes pacíficos sería la prueba viviente de que el prejuicio carece de fundamento, es decir, de que la generalización no es verdadera y que, por lo tanto, el estereotipo debe revisarse.

En la película La lista de Schindler se muestra una manera más salvaje de «resolver» las contradicciones que ponen en riesgo la creencia prejuiciosa, en este caso la antisemita. Una prisionera del campo de concentración le llama la atención al coronel alemán de turno sobre un error que se está cometiendo en una construcción. El nazi le pregunta por qué sabe tanto sobre el tema y ella responde que es ingeniera. El coronel le agradece la ayuda e inmediatamente manda que la maten. Y agrega: «No podemos dejar que ellos tengan razón; es mejor eliminar a los inteligentes... Pero hagamos lo que ella sugirió.» 

Enfrentarse a los prejuicios, tal como ocurre con cualquier creencia muy arraigada, produce altísimos niveles de estrés en las personas que los poseen. En palabras del psiquiatra García de Haro:85 

«Por ello, los cambios de creencias suelen ir precedidos de una crisis vital, porque todo se transforma, incluso la esencia de sí mismo, y la gente siente moverse bajo sus pies el mundo en el que ha creído vivir. Cuando se cambian las creencias, se muere y se renace, según la expresión religiosa.» (p. 24).


85. García de Haro, F. (2006). El secuestro de la mente. 
Madrid: Espasa.


Extracto del libro:
El arte de ser flexible
Walter Riso
Fotografía tomada de internet

OPINIONES O HECHOS






OPINIONES O HECHOS


viernes, 26 de mayo de 2017

TAO TE KING: PRINCIPIO 26







Alcanza la total vacuidad para conservar la paz.


De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno.





Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada una vuelve a su raíz.


Volver a su raíz es hallar el reposo.


Reposar es volver a su destino.


Volver a su destino es conocer la eternidad.





Conocer la eternidad es ser iluminado.


Quien no conoce la eternidad camina ciegamente a su desgracia.


Quien conoce la eternidad da cabida a todos.





Quien da cabida a todos es grandioso.


Quien es grandioso es celestial.


Quien es celestial es como Tao.





Quien es como el Tao es perdurable.


Aunque su vida se extinga, no perece.












Extracto del libro:



Lao-Tsé


Tao Te King


Fotografía tomada de internet



TAO TE KING: PRINCIPIO 26


Alcanza la total vacuidad para conservar la paz.
De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno.

Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada una vuelve a su raíz.
Volver a su raíz es hallar el reposo.
Reposar es volver a su destino.
Volver a su destino es conocer la eternidad.

Conocer la eternidad es ser iluminado.
Quien no conoce la eternidad camina ciegamente a su desgracia.
Quien conoce la eternidad da cabida a todos.

Quien da cabida a todos es grandioso.
Quien es grandioso es celestial.
Quien es celestial es como Tao.

Quien es como el Tao es perdurable.
Aunque su vida se extinga, no perece.



Extracto del libro:
Lao-Tsé
Tao Te King
Fotografía tomada de internet

DUDAR SOBRE NUESTRAS OPINIONES






DUDAR SOBRE NUESTRAS OPINIONES


jueves, 25 de mayo de 2017

MIRADA INOCENTE







Realidad 


Autenticidad 


Maya 


Mente 


Ciencia 


Meditación 


Inocencia 


Sannyas 


Moksha





Puedes llegar a lo real sólo si eres auténti­co. Si eres falso, nunca podrás acceder a lo real. Si no eres auténtico, el mundo que ves será irreal, pues lo irreal únicamente puede co­nectarse con lo irreal. Tú eres irreal; por eso el mundo es ilusorio, un maya. Si eres real, el mun­do desaparece: se vuelve divino, se vuelve real. La palabra "maya" es hermosa. Significa "aquello que puede ser medido". Maya alude a lo que puede ser medido. La mente es el fenómeno de medida: permanentemente mide co­sas, traza mapas, analiza. La mente trata de me­dirlo todo. Por eso los hindúes llaman al mun­do maya: porque es aquello que puede ser me­dido por la mente.





¿En qué consiste tu ciencia? Nada más que en medir. Los hindúes denominan a la ciencia avídya. No la llaman conocimiento, sino anticonocimiento. No es verdadero saber, porque aquello que es real no puede ser medido. Es inconmensurable, infinito: no tiene principio ni fin. Lo real es inconmensurable; lo irreal es mensurable. Y con la medida vienen la razón y la lógica. Con lo inconmensurable, la lógica cae, y cae la razón. La mente es muy hábil y as­tuta: ha creado el mundo de la ilusión.





Entonces, ¿qué es un sannyasín? No es una mente; por el contrario, es inocente. Es tan inocente como un niño recién nacido: sin pasado, sin idea del futuro. Un sannyasin, en todo momento, es un niño re­cién nacido. Éste es el proceso: en todo momento, se re­siste al pasado. Todo lo que haya pasado, lo deja de lado, lo abandona, porque es algo muerto, sólo polvo; no es ne­cesario cargar con él. Se limpia y vuelve a renovar su es­pejo. Permanentemente, limpia su espejo. Llamo medita­ción a esta limpieza.





La gente me pregunta cuándo podrá abandonar la medi­tación. Nunca serán capaces de hacerlo. Un día, cuando no estés allí, la meditación caerá. Pero no podrás deshacerte de ella, por esta necesidad de limpieza. Permanentemente te ensucias, todo el tiempo se junta polvo: así es la natura­leza de la vida. En todo momento necesitas un baño, una limpieza. Cuando no estás allí, no pasa nada: no hay pro­blema, porque no hay quien se ensucie. Pero estás allí, en­tonces la meditación debe continuar. Es un esfuerzo para mantener la inocencia.





Mira: si eres inocente, no te falta nada. Si puedes dirigir al cielo una mirada inocente, te transformas en el cielo. Con la mente, empiezas a medir. Dices que esto es hermoso, o que no es hermoso, o que hoy es un día nublado, o que mañana el cielo mejorará, o que el cielo ayer estaba más lindo. Comienzas a medir.





Pero, si eres inocente, si no eres una mente, sino un ser que mira al cielo, no hay nada que decir ni nada que pen­sar. El cielo está allí, y tú también eres como un cielo. El in­terior y el exterior se encuentran. Ambos espacios se con­vierten en uno y no hay frontera que los separe. El observa­dor se transforma en lo observado. El interior y el exterior pierden sus fronteras y se unifican.





Si contemplas un árbol con inocencia, sin una mente que elide, ¿qué sucede? El árbol y tú no son dos cosas; de algu­na manera, el árbol ha entrado en ti y tú has entrado en el árbol. Sólo entonces llegas a saber qué es un árbol. Contem­plas las estrellas, el río, una fila de pájaros volando sobre el cielo azul... Los límites siguen fusionándose. Toda diferen­cia se pierde, toda distinción se pierde. Surge la unidad. Pe­ro no es una unidad introducida por el pensamiento, no es la unidad de los filósofos, sino una unidad por completo di­ferente. No piensas que es una; de repente descubres que es una. No dices para ti que es una porque así lo indican los Upanishads, ni porque lo dicen los Vedas. Es una.





Si tienes en la mente los Vedas y los Upanisbads, no eres inocente; eres astuto. La medición se produce continuamen­te. Mides, aplicas la mente y el pensamiento, comparas. Eres hábil y astuto, pero no inteligente y, por más hábil que seas, una mente hábil es mediocre. Se requiere inteligencia. Un niño nace con inteligencia, no con habilidad. Observa al mundo con una mirada clara; su percepción es totalmente clara, sin confusiones.





Cuando digo que la inocencia es sannyas, quiero decir que tu percepción tendría que ser clara, sin pensamientos que se conviertan en obstáculos.





Deberías mirar y transformarte en la, mirada. De­berías observar, pero no tendría que haber un obser­vador manejándola por detrás de ti. Esta inocencia es posible, y sólo esta inocencia va más allá del tiem­po y el espacio. Únicamente esta inocencia llega hasta el final, llega a moksha, la libertad absoluta.









Referencia:


El dios de todos (Osho)


Un camino espiritual para descubrir a Dios


Fotografía tomada de internet


MIRADA INOCENTE


Realidad 
Autenticidad 
Maya 
Mente 
Ciencia 
Meditación 
Inocencia 
Sannyas 
Moksha

Puedes llegar a lo real sólo si eres auténti­co. Si eres falso, nunca podrás acceder a lo real. Si no eres auténtico, el mundo que ves será irreal, pues lo irreal únicamente puede co­nectarse con lo irreal. Tú eres irreal; por eso el mundo es ilusorio, un maya. Si eres real, el mun­do desaparece: se vuelve divino, se vuelve real. La palabra "maya" es hermosa. Significa "aquello que puede ser medido". Maya alude a lo que puede ser medido. La mente es el fenómeno de medida: permanentemente mide co­sas, traza mapas, analiza. La mente trata de me­dirlo todo. Por eso los hindúes llaman al mun­do maya: porque es aquello que puede ser me­dido por la mente.

¿En qué consiste tu ciencia? Nada más que en medir. Los hindúes denominan a la ciencia avídya. No la llaman conocimiento, sino anticonocimiento. No es verdadero saber, porque aquello que es real no puede ser medido. Es inconmensurable, infinito: no tiene principio ni fin. Lo real es inconmensurable; lo irreal es mensurable. Y con la medida vienen la razón y la lógica. Con lo inconmensurable, la lógica cae, y cae la razón. La mente es muy hábil y as­tuta: ha creado el mundo de la ilusión.

Entonces, ¿qué es un sannyasín? No es una mente; por el contrario, es inocente. Es tan inocente como un niño recién nacido: sin pasado, sin idea del futuro. Un sannyasin, en todo momento, es un niño re­cién nacido. Éste es el proceso: en todo momento, se re­siste al pasado. Todo lo que haya pasado, lo deja de lado, lo abandona, porque es algo muerto, sólo polvo; no es ne­cesario cargar con él. Se limpia y vuelve a renovar su es­pejo. Permanentemente, limpia su espejo. Llamo medita­ción a esta limpieza.

La gente me pregunta cuándo podrá abandonar la medi­tación. Nunca serán capaces de hacerlo. Un día, cuando no estés allí, la meditación caerá. Pero no podrás deshacerte de ella, por esta necesidad de limpieza. Permanentemente te ensucias, todo el tiempo se junta polvo: así es la natura­leza de la vida. En todo momento necesitas un baño, una limpieza. Cuando no estás allí, no pasa nada: no hay pro­blema, porque no hay quien se ensucie. Pero estás allí, en­tonces la meditación debe continuar. Es un esfuerzo para mantener la inocencia.

Mira: si eres inocente, no te falta nada. Si puedes dirigir al cielo una mirada inocente, te transformas en el cielo. Con la mente, empiezas a medir. Dices que esto es hermoso, o que no es hermoso, o que hoy es un día nublado, o que mañana el cielo mejorará, o que el cielo ayer estaba más lindo. Comienzas a medir.

Pero, si eres inocente, si no eres una mente, sino un ser que mira al cielo, no hay nada que decir ni nada que pen­sar. El cielo está allí, y tú también eres como un cielo. El in­terior y el exterior se encuentran. Ambos espacios se con­vierten en uno y no hay frontera que los separe. El observa­dor se transforma en lo observado. El interior y el exterior pierden sus fronteras y se unifican.

Si contemplas un árbol con inocencia, sin una mente que elide, ¿qué sucede? El árbol y tú no son dos cosas; de algu­na manera, el árbol ha entrado en ti y tú has entrado en el árbol. Sólo entonces llegas a saber qué es un árbol. Contem­plas las estrellas, el río, una fila de pájaros volando sobre el cielo azul... Los límites siguen fusionándose. Toda diferen­cia se pierde, toda distinción se pierde. Surge la unidad. Pe­ro no es una unidad introducida por el pensamiento, no es la unidad de los filósofos, sino una unidad por completo di­ferente. No piensas que es una; de repente descubres que es una. No dices para ti que es una porque así lo indican los Upanishads, ni porque lo dicen los Vedas. Es una.

Si tienes en la mente los Vedas y los Upanisbads, no eres inocente; eres astuto. La medición se produce continuamen­te. Mides, aplicas la mente y el pensamiento, comparas. Eres hábil y astuto, pero no inteligente y, por más hábil que seas, una mente hábil es mediocre. Se requiere inteligencia. Un niño nace con inteligencia, no con habilidad. Observa al mundo con una mirada clara; su percepción es totalmente clara, sin confusiones.

Cuando digo que la inocencia es sannyas, quiero decir que tu percepción tendría que ser clara, sin pensamientos que se conviertan en obstáculos.

Deberías mirar y transformarte en la, mirada. De­berías observar, pero no tendría que haber un obser­vador manejándola por detrás de ti. Esta inocencia es posible, y sólo esta inocencia va más allá del tiem­po y el espacio. Únicamente esta inocencia llega hasta el final, llega a moksha, la libertad absoluta.


Referencia:
El dios de todos (Osho)
Un camino espiritual para descubrir a Dios
Fotografía tomada de internet