sábado, 23 de noviembre de 2013

CAMBIA EL SENTIDO NO DES GRACIAS A...


Maestro, todos los días comienzo mi jornada dando gracias a Dios por estar vivo y sano. Hijo, Te sugiero que cambies el sentido de tus agradecimientos que Dios tiene muchos problemas como para ocuparse de ti. Más que Dios hace tu mujer que te mantiene sano y tranquilo, tus hijos que te mantienen realizado, tus compañeros de trabajo que te hacen llevadera la vida, y tu tú mismo que has sabido tener y mantener lo que tienes.


Cuento zen #10
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

LA VERDAD



La verdad se consigue únicamente mediante la conciencia. No se trata de un proceso mental, es un fenómeno totalmente diferente. No debes pensar la verdad, tienes que parar todo pensamiento para conocer la verdad: debes olvidar todo sobre la verdad, para conocer la verdad.

Debes desprenderte de la carga de todas las teorías, hipótesis, filosofías e ideologías que has aprendido. El proceso de alcanzar la verdad es un proceso de desaprendizaje, de desacondicionamiento. Poco a poco, uno ha de salir de la mente, escabullirse fuera de la mente, para convertirse en un estanque de conciencia, de pura conciencia. Simplemente una absoluta vigilancia: sin hacer nada, vigilando todo lo que sucede en los mundos exterior e interior. 

Cuando uno puede observar sin que el juicio interfiera, sin que irrumpan viejas ideas, entonces se revela la verdad. Y el milagro es que no procede de otra parte, no desciende desde las alturas; se encuentra en tu interior... es tu naturaleza intrínseca. Realmente es una gran revelación conocer la verdad, porque tú eres ella y nunca la has perdido, ni siquiera durante un solo momento. Siempre has sido ella. Es imposible perderla, porque es tu naturaleza y esta no se puede perder. Por eso la llamamos naturaleza. Lo que no se puede perder es la propia definición de naturaleza. Aquello que se puede perder no es naturaleza, sino nutrición. La verdad es tu naturaleza, tu propio ser, tu existencia, tu centro.

Extracto del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 199

SÓLO SE NECESITA MIEDO


Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

El asceta se presentó ante el monarca,
y éste, sin demora, le dijo:

--¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!

El asceta dijo:

--Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.

!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!

--¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?

Y el asceta repuso:
--Sólo se necesita miedo.

*El Maestro dice: Caminar hacia la Verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso sólo algunos se comprometen con la Búsqueda.

101 CUENTOS
CLÁSICOS DE LA INDIA

LA TRADICIÓN DE UN LEGADO ESPIRITUAL

Recopilación de Ramiro Calle

¿NI CONTIGO, NI SIN TI? ¡CORRE LO MÁS LEJOS POSIBLE!


Ni contigo, ni sin ti,

tienen mis males remedio;

contigo porque me matas,

y sin ti porque me muero.

ANÓNIMO

La duda en el amor

acaba por hacer dudar de todo.

AMIEL


Conflicto insoportable, desgastante. Llevas tiempo tratando de acomodarte a una contradicción que te envuelve y te revuelca, te sube y te baja: «Sí, pero no», «No, pero sí». Un amor inconcluso, que no es capaz de definirse a sí mismo, puede durar siglos: cuando estás a mi lado me aburro, me canso, me estreso, pero cuando te tengo lejos, no puedo vivir sin ti, te echo de menos y te necesito. ¡Qué pesadilla! ¿Cómo manejar semejante cortocircuito y no electrocutarse? ¿Semejante contradicción, sin asfixiarse?

Esta duda metódica sobre lo que se siente, que no siempre se expresa claramente, funciona como las arenas movedizas: cuanta más fuerza hagas por salir, más te hundes. Las personas víctimas de este amor fragmentado e indefinido, bajo los efectos de la desesperación, intentan resolver la indecisión del otro investigando las causas, dando razones, cambiando su manera de ser...en fin, haciendo y deshaciendo los intríngulis sin mucho resultado. La razón del fracaso es que los individuos que sufren del «ni contigo, ni sin ti» se inmovilizan y se quedan dando vueltas en el mismo círculo, a veces durante años. En la cercanía, la baja tolerancia a la frustración o la exigencia irracional les impide estar bien con la persona que supuestamente aman, y en la lejanía, los ataques de nostalgia minimizan lo que antes les parecía insoportable y espantoso.

Un paciente tenía una novia que vivía en otra ciudad y se veía con ella cada diez o quince días. Consecuente con el síndrome, cada encuentro terminaba en una guerra campal y cada despedida en un adiós torturante, repleto de perdones y buenas intenciones.

En una consulta le pregunté por qué no terminaba de una vez por todas con semejante tortura, y me respondió: «Yo sé que lo nuestro no es normal. Cuando estoy con ella no puedo contenerme y le hago la vida imposible. En esos momentos pienso que necesito alguien mejor y estoy dispuesto a terminar, pero no soy capaz. Al despedirnos me siento muy triste, los pocos momentos agradables que hemos tenido pesan mucho. Después nos llamamos veinte veces al día, nos decimos que nos queremos, que no podemos vivir el uno sin el otro y todo es así, como un karma que se repite una y otra vez...». La conclusión de su relato era poco menos que sorprendente: ¡mi paciente no amaba a su pareja, sino su ausencia! Estaba enamorado de una fantasma que obraba como un demonio. Volví a insistir: «¿Por qué no terminas con todo esto y te das la oportunidad de encontrar a alguien que puedas amar las veinticuatro horas, sin tantas fluctuaciones?». Su respuesta fue: «Siento que nunca le he dado una oportunidad a la relación». Pregunté una vez más: «¿No son suficientes cuatro años?». El hombre siguió diez meses más en este tira y afloja, hasta que conoció a una persona en la ciudad donde vivía; sin embargo, el «ni contigo, ni sin ti» volvió a manifestarse al poco tiempo. El problema no era la distancia, sino su manera distorsionada de amar. Cada vez que se enamoraba, dos sentimientos hacían su aparición e interactuaban: el miedo
al compromiso y el apego sexual. El «quiero» y «no quiero» oscilaban entre el pánico a establecer una relación estable y el deseo desbordado. Obviamente, él no era consciente de lo que le ocurría y sólo logró estabilizarse después de varios meses de terapia.

¿Estás en un embrollo similar? ¿Lo has estado? Si no es así, no cantes victoria,
porque cualquiera puede involucrarse en una relación de éstas. Los indecisos afectivos andan por la calle, rondan tu espacio vital y, por desgracia, es posible que le gustes a más de uno. La premisa que debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad es la siguiente: Si alguien duda de que te ama, no te ama. Directo y a la cabeza. Que no me vengan con cuentos: a los enamorados de verdad hay que frenarlos y no empujarlos. El poeta, pintor, novelista y ensayista libanés Khalil Gibran afirmaba en su sabiduría: 

«El amor y la duda jamás se han llevado bien». 

Y es verdad: si se harta con tu presencia, ¿para qué vuelves? Si tiene tantas dudas neuróticas, ¿por qué no te alejas hasta que las resuelva? Un joven le mandó el siguiente e-mail a una novia «ni contigo, ni sin ti» que lo estaba enloqueciendo:

Tu indecisión afortunadamente no se me ha contagiado. Yo sé lo que quiero, te
quiero a ti... Pero te quiero dispuesta, segura, comprometida, feliz de que yo esté en tu vida, en vez de tratarme como si yo fuera un problema. Como no sabes lo que quieres, trata de definirte; yo, mientras tanto, empezaré a salir con otra. Cuando estés lista me llamas y veremos si estoy disponible o no... Ya no quiero hacerme cargo de tus dudas, eres tú quien debe resolverlas, no yo.
De inmediato, como era de esperar, a la chica se le activó el «sin ti» y entonces
suplicó, llamó a todas las puertas, juró y perjuró hacer lo que fuera, pero el joven no dio su brazo a torcer. Su argumento era simple: «No te creo». Al mes, ella seguía con su duda metódica (no había cambiado un ápice), mientras él ya estaba con una mujer menos insegura y más coherente.

Extracto del libro:
Manual Para No Morir de Amor
Walter Riso

viernes, 22 de noviembre de 2013

OLVÍDATE DE LOS DIOSES


Maestro, aparte de alimentarnos y dormir, ¿qué es lo otro imprescindible que uno debe hacer todos los días? ¿Adorar a los dioses y rendirles pleitesía? Hijo, los dioses seguirán tranquilos y felices si no te acuerdas de ellos, así que olvídate de ellos. Son dos las cosas imprescindibles, además de las que mencionas: cuidar tu cuerpo y enseñarle algo a alguien.

Todo lo demás viene después.

Cuento zen #9
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

¿AMANTE O NO AMANTE? PREGUNTAS GUÍA


5. PREGUNTAS QUE PUEDEN SERVIRTE DE GUÍA ANTES DE TOMAR LA DECISIÓN

• ¿Amante o no amante? Pregúntate por qué necesitas un amante. La experiencia demuestra que si primero no resuelves lo que tienes con tu pareja, para bien o para mal, nunca tendrás claridad emocional ni sobre tu amante ni sobre tu pareja. La infidelidad es un mal paliativo, no conduce a nada bueno ni resuelve los problemas de fondo.

• ¿Hay algún riesgo de que te quedes sin amante y sin pareja? Sí lo hay. El riesgo de irte a vivir con tu amigo o amiga prematuramente estriba en que no puedas manejar ni la convivencia ni la separación. Quedarse solo o sola puede ser una buena opción, pero debe ser fruto de una decisión deseada y pensada, y no ser consecuencia de actuaciones impulsivas. Cabeza fría, aunque el corazón esté recalentado.

• ¿Conoces a tu amante lo suficiente para saber si sois compatibles para una vida de pareja? Suma las horas que has estado con él o con ella. Piensa qué situaciones has compartido y si te convencen. Pregúntate si necesitas más tiempo. Si lo único que tienes son hermosas anécdotas de cama, no tienes nada.

• ¿Es amor lo que sientes o has sido víctima de un huracán de grado 10 que te lleva y te trae como un títere? Antes de echarle sal al postre, antes de bajar del cielo y hacer que las pasiones aterricen a su nivel medio o medio/bajo, repasa las razones por las que sigues con él o ella. Medítalo seriamente, examina los atractivos, las sensaciones, los deseos... y, después, enfría el ímpetu y la relación un poco, trata de comprender qué te llevó a ello y qué te mantiene allí. Intenta ser realista.

• ¿Puede construirse algo positivo donde se infligió tanto dolor a otros? Algunos  dicen que no, que nada bueno surge de herir a otros, aunque sea en nombre del amor.

El amor no lo justifica todo. Según los que sostienen y defienden este punto de vista, el amor se desvirtúa si necesita del engaño y la mentira para existir. Es sólo para que lo pienses; no sé si tienen razón, pero vale la pena analizarlo.

• ¿Eres capaz de confiar en la fidelidad del que fue amante y ahora comparte tu vida? ¿Eres de los que piensa que si lo hizo una vez, aunque fuera contigo, podría volver a hacerlo? ¿Celos de que el amante o la amante tenga un amante? ¿De que el ex amante (ahora pareja) repita el amor prohibido con otra? Verdaderamente, pasar de cómplice a víctima es una paradoja que agobia y le quita el sueño a más de uno.

Extracto del libro:
Manual Para No Morir de Amor
Walter Riso

jueves, 21 de noviembre de 2013

EXCUSA O MOTIVO PARA HACER DAÑO


Maestro, ¿existe algún atenuante, excusa o motivo que justifique hacerle daño a otra persona o comportarse inadecuadamente?

Hijo, existen miles de excusas, atenuantes, motivos, y todas son válidas y aceptables porque sólo se miden contra tus propios principios. Hacer daño o portarse mal no es cuestión de moral, es cuestión de poder. Si puedes y no te importa, lo harás así los dioses se revuelvan y griten en sus altares, y si lo sabes hacer no te pasará nada.

Cuento zen #8
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

MI EX ME NECESITA

¿Es posible juntarse con el amante y sobrevivir al intento? 
Costes, riesgos y consecuencias a los que posiblemente debas hacer frente para que calibres tus fuerzas.


Aunque puede haber muchas causas que expliquen la deserción de los amantes tras el «rejunte», señalaré las tres más frecuentes.

«¡Mi ex me necesita!» (tercer motivo)

No es poco común que ciertas personas mantengan un lazo compensatorio con la ex pareja y crean, consciente o inconscientemente, que aún deben mirar por ella.

¿Las causas?: lástima («No soporto que sufra»), responsabilidad moral («Es mi deber como ex») y especialmente culpa («Debo compensar el daño que le he hecho»). Cualquiera de las tres pone a la pareja actual (el viejo amante transformado) con el vello de punta. Lo que arma más revuelo son las depresiones o los ataques de ansiedad del ex. He conocido casos en los que, entre el Prozac y el Rivotril, entre el apoyo moral y las buenas acciones, la flecha de Cupido se ha clavado por segunda vez en los implicados.

¡Otra vez! Pues sí, aunque parezca imposible, podemos enamorarnos dos veces de la misma persona, y uno de los motivos de esta curiosa reincidencia es el buen samaritano que llevamos dentro.

Un hombre me decía indignado: «¡Estoy harto! ¡Cada vez que se pone enfermo el ex, mi mujer corre en su ayuda! ¡Y, para colmo, el tipo se pasa la vida enfermo!

¿Será que todavía siente algo por él? ¡Prefiero que el otro se venga a vivir con nosotros...al menos lo tengo vigilado!» Obviamente, no es una buena idea un triángulo afectivo bajo el mismo techo y menos aún si uno de los vértices es precisamente el ex de la mujer de uno.

Estas relaciones de auxilio suelen funcionar como un círculo vicioso. En el caso de mi paciente, cada vez que el ex marido llamaba (porque sentía un «dolor en el pecho»), ella entraba en crisis y de inmediato corría en su ayuda, lo que reforzaba la supuesta enfermedad coronaria inexistente del señor. Cuando le pregunté a la señora por qué actuaba de ese modo, me respondió: «¡Es el padre de mis hijos!». Y el menor de sus hijos tenía veintitrés años... La pregunta es obvia: ¿por qué no iban a «salvarlo» sus hijos? En ocasiones, los ex se convierten en una especie de apéndice: no cumplen ninguna función, son incómodos y habría que extraerlos de raíz si se quiere tener una vida saludable y en paz.

Extracto del libro:
Manual Para No Morir de Amor
Walter Riso

miércoles, 20 de noviembre de 2013

DESESPERANZA


Desesperanza significa que ya no tenemos el coraje de mantener nuestra fantasía de una pieza. Quizá sigamos deseando mantenerla, anhelemos tener un suelo fiable y cómodo bajo los pies, pero hemos intentado mil formas de ocultarnos y mil formas de atar los cabos sueltos, y el suelo bajo nuestros pies sigue moviéndose. Tratar de conseguir una seguridad duradera nos enseña muchas cosas, porque, si no lo intentamos, nunca nos daremos cuenta de que no se puede hacer. Orientar nuestra mente hacia el dharma acelera este proceso de descubrimiento.

Cada vez volvemos a darnos cuenta de que no hay esperanza posible: no podemos ponernos ningún suelo bajo los pies.

Pensar que finalmente podemos tenerlo todo en orden no es realista. Buscar una seguridad duradera es fútil.

El sufrimiento empieza a disolverse cuando cuestionamos la creencia o la esperanza de que hay algún lugar donde ocultarse.

Extracto del libro:
Cuando Todo Se Derrumba
Pema Chödron

EXPERTO EN PRODUCTIVIDAD


Maestro, ando buscando un experto en productividad y me llegó un cerro de CV llenos de doctorados, maestrías, diplomados, cursos efectuados, etc. Estoy apabullado. Hijo, si lo que buscas es alguien que haga y obtenga resultados entonces olvídate de sus títulos, que sólo demuestran la capacidad de sus padres para financiarlos y de ellos para estudiar sin hacer nada. Enfócate al que tenga experiencia, elígelo, y espera que otro pague para darles la experiencia necesaria a esos titulados.


Cuento zen #7
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino