sábado, 15 de octubre de 2016

ALMOHADA DEL ESTE, ALMOHADA DEL OESTE








Esta historia es ahora cosa del pasado. En la provincia de Chen-Si, cerca de la ciudad de Choan, había en aquel tiempo un hombre que alimentaba en su corazón un odio implacable contra el señor, Yang-Yu -Wei. Los motivos de este odio eran oscuros y lejanos, pero Yang tenía que morir. Éste acababa de casarse con una mujer graciosa y bella y de corazón recto. 





Una mañana, el hombre se introdujo en la casa de Yang-Yu-Wei, que estaba ausente. Entonces agarró al padre de la esposa, lo ató, le puso un cuchillo en el cuello y dijo: 





-¡Primera esposa, indícame dónde está tu marido o, si no, corto el cuello al anciano ahora mismo! 





-Te lo diré -dijo la noble esposa, que había conservado la sangre fría-. Suelta a mi padre, vuelve esta noche y entra en la cámara nupcial. Yo duermo sobre la almohada del oeste, mi esposo sobre la del este. Podrás matarlo fácilmente. 





El enemigo soltó al anciano y se fue. 





Durante el día Pao-Tai se dedicó a sus ocupaciones habituales. Parecía quizá un poco más grave y pensativa, pero estaba tranquila y serena como de costumbre. Se encontró con la joven Chu, una concubina muy amiga suya. Las dos se cogieron de las mangas y estuvieron hablando mucho tiempo en susurros. Cuando el esposo regresó, Pao-Tai no le informó de la visita de su enemigo. Yang volvía de un viaje, había tenido un día agotador, se acostó bastante pronto y apoyó la cabeza en la almohada del este. Tras el primer cuarto de la noche, Pao-Tai se levantó: 





-¿ Qué haces? -preguntó Yang. 





-Tengo que salir un momento -respondió modestamente Pao-Tai. 





Cuando volvió dijo: 





-Querido señor, estoy un poco indispuesta, ¿ os importaría cambiar de lugar conmigo? Dormiré en la almohada del este, así no os molestaré si tengo que levantarme de nuevo. 





Yang, que dormía, aceptó con un gruñido. 





***





Un poco antes del alba la oscuridad era todavía muy profunda. El enemigo penetró en la casa. Tenía en la mano su gran sable de guerra. Se fue directamente a la habitación de los esposos y con un solo destello de su hoja cortó la cabeza apoyada en la almohada del este. En aquel momento se inclinó para contemplar de cerca a Yang muerto. Pero vio el rostro pálido de Pao-Tai, con su larga cabellera deshecha. Comprendió que la mujer había intercambiado su lugar con su marido, y su alma conoció el remordimiento y la piedad. 





Entonces el odio, que le quemaba el corazón desde hacía tantos años, le abandonó. Hizo juramento de poner fin a la larga venganza que desgarraba a las dos familias. Y Yang fue para él como alguien de la misma carne y los mismos huesos. Así, hubo una esposa que, sin vacilación ni fanfarronadas ni palabras inútiles, ofreció su vida por su marido, y en el mismo impulso subrogó el amor al odio, y la paz al combate. Pero esta clase de mujer es muy rara. Por eso es conocida y honrada en toda la China, y quizá más allá... · 





Así lo cuentan de entre las cosas del pasado. 





Andar es zen. 


Sentarse es zen. 


Tanto si hablo como si me callo, 


en paz o bajo la amenaza del sable, 


en el eterno Atma todo es inmutable. 





Shodoka 


El Canto del inmediato Satori









Extraído de:


La Grulla Cenicienta


Los más bellos cuentos zen


Henry Brunel


Fotografía del internet