domingo, 5 de junio de 2016

CONCENTRACIÓN


La concentración sigue al interés, es una sombra del interés.

Si consideras que te falta concentración, no hay nada que puedas hacer de manera directa; deberás hacer algo con el interés. Por ejemplo, un niño sentado en la escuela de pronto empieza a escuchar el canto de los pájaros más allá de la ventana y se concentra completamente en eso. El maestro grita: «¡Concéntrate en esto!». Pero no puede concentrarse en la pizarra, su mente no para de regresar junto a los pájaros. Son muy alegres y está interesado en ellos, de modo que su concentración está ahí.

El maestro dice: «¡Concentración!». El niño se esté concentrando... de hecho, el maestro lo distrae de su concentración. Pero el maestro quiere que se concentre en algo en lo que no tiene interés; por eso le resulta difícil.

Recuerda siempre: si consideras que no dejas de olvidar cosas, eso simplemente significa que en alguna parte falta el interés, o tienes otro interés. Quizá quieres ganar dinero con algo, pero tu interés está en el dinero, no en el trabajo... entonces empezarás a olvidar cosas. Así que fíjate en tu interés.

Y sin importar lo que hagas, si lo ejecutas con un interés profundo, no hay necesidad de preocuparse de recordar... es algo que te llega. Empieza a tener más interés. Permanece en el momento, pon más interés en lo que sea que estes haciendo. Y después de dos o tres meses, verás que la memoria aparece como una consecuencia de manera natural.


Extracto del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 349
Fotografía tomada de internet

CAUSAS


Tomado del libro:
El Librito Que Fortalece
Proverbios reconfortantesy máximas motivadora
Lucia Canovi

sábado, 4 de junio de 2016

EL SÓTANO Y LA SALA DE ESTAR


Vamos a usar la imagen de una casa para representar nuestra conciencia e identificar en ella dos partes: el sótano será la conciencia-receptáculo, y la sala de estar, la mente consciente. Las formaciones interiores, como la ira, se encuentran en la conciencia-receptáculo, en el sótano, bajo la forma de una simiente, hasta que oyes, lees o piensas algo que despierta la semilla de la ira. Entonces crece y se manifiesta al nivel de la mente consciente, tu sala de estar. Se manifiesta como una zona de energía que hace que el ambiente de tu sala de estar sea pesado y desagradable. Cuando la energía de la ira surge, sufrimos.

Siempre que la ira se manifiesta, el practicante invita también en el acto a la energía de ser consciente a manifestarse, a través de la práctica de caminar y respirar conscientemente. De esta forma se crea otra zona de energía: la energía de ser consciente. Es muy importante aprender a caminar y respirar, a limpiar y trabajar de manera consciente, y a practicar además el ser conscientes en nuestra vida cotidiana. Así, cada vez que se manifieste una energía negativa, sabremos generar la energía de ser conscientes para abrazarla y cuidar de ella.

Extracto del libro:
LA IRA (El dominio del fuego interior)
Thich Nhat Hanh
Fotografía de Internet

SEMBRAR



Tomado del libro:
El Librito Que Fortalece
Proverbios reconfortantesy máximas motivadora
Lucia Canovi

viernes, 3 de junio de 2016

ÉRASE UNA VEZ TRES JINETES


Érase una vez tres jinetes. El primero, completamente vestido de oro, brillaba como un sol. El segundo, vestido de blanco y plata, resplandecía. El tercero, color de bronce, era gris de la cabeza a los pies. Los tres frecuentaban el espeso bosque próximo a Osaka. Las frías noches de invierno, los pobres leñadores les oían pasar. A veces vislumbraban las grandes espadas brillando bajo la luna. Y todos regresaban a sus casas aterrorizados. 

***

Una noche de año nuevo, el pobre Gohei temblaba de frío en su cabaña. Decidió arrancar algunas tablas para encender fuego. Apenas había levantado tres tablas cuando surgió ante él un viejecito, al que había hecho salir de su escondrijo. 

-¿Quién eres, y qué hacías bajo el suelo de mi casa? 
-preguntó Gohei. 
-Soy el dios de los pobres y me había refugiado en tu casa para pasar tranquilamente el invierno --dijo el intruso. 

Gohei, que tenía buen corazón, le invitó a calentarse y a compartir su modesta comida. Cuando el dios hubo vaciado su escudilla, se acarició el estómago con satisfacción y declaró: 

-¡Ahora me tomaría con gusto un vasito de sake! 
-No tengo sake-confesó Gohei. 
-¡Cómo! ¡Ni siquiera una gota de alcohol para celebrar el año nuevo! 
-Te he ofrecido todo lo que tenía -dijo Gohei-, y no lo lamento -añadió-, pues hemos conversado amigablemente y es la noche vieja más agradable que he vivido en muchos años. 
-Eres un buen chico --dijo el dios de los pobres-, pero eres decididamente demasiado pobre, incluso para mí, y por eso voy a marcharme de tu cabaña. Pero antes te confiaré un secreto que te permitirá, si quieres, hacerte rico. 

-¿Qué debo hacer? -preguntó Gohei con los ojos brillantes. 

-La próxima vez que pasen los tres jinetes, agarra un caballo por la brida y detenlo, cueste lo que cueste. 

Y tras decir estas palabras, el dios de los pobres se desvaneció en el aire, tan rápidamente que Gohei casi creyó haber soñado. 

***

La noche siguiente, Gohei, temblando pero decidido, se encontraba en medio del sendero que utilizaban los tres jinetes. Dieron las doce. Los jinetes llegaron como un huracán. El primero iba vestido con una larga túnica de oro, y llevaba la cara cubierta con una máscara tan horrible que Gohei dio un paso atrás; el segundo, de blanco y plata, ya estaba allí, blandió una espada amenazadora y pasó. El último caballero era gris y apenas se le distinguía en la noche. 

Gohei se arrojó sobre él, agarró las riendas, pero el caballo se encabritó y se soltó. Y pronto se apagó en la lejanía el galope de los tres jinetes. Desesperado, Gohei regresó a su cabaña. Allí encontró al dios de los pobres: 

-¡ Gohei, Gohei! ... -dijo éste moviendo la cabeza-, así que no quieres salir de tu miseria! Escucha, quiero concederte una última oportunidad. Esta misma noche, colócate en el camino de los tres jinetes. Trata de detener a uno de ellos. Si no lo consigues, toda la vida serás un miserable. 

¡Lo único que necesitas es VALOR! Tu destino está en tus manos -Insistió. 

Y el dios desapareció, dejando en su lugar un humo ligero. 

***

Al día siguiente hizo menos frío. La tierra estaba embarrada. Gohei, que había repetido cien veces los gestos necesarios, tuvo miedo de resbalar. A medianoche, sólidamente apuntalado en medio del sendero, esperaba, con todos los sentidos despiertos. De pronto, a lo lejos ... el galope sordo de los caballos. El primero ya llegaba, inmenso, dorado, espantoso, brillante bajo el resplandor de la luna. 

Gohei separó los brazos. Dando un brinco prodigioso, el jinete salvó el obstáculo y pasó. El segundo ya estaba allí. Gohei se lanzó sobre las riendas, pero le resbalaron de las manos en un destello plateado. Entonces Gohei decidió morir antes que dejar escapar al último jinete. Cogió la brida del caballo gris, se agarró a ella, se aferró a ella con uñas y dientes, se colgó de ella con todas sus fuerzas. El caballero levantó su gran espada, el desgraciado cerró los ojos pero no soltó las riendas. El caballo se llevaba a Gohei, lo arrastraba, lo sacudía como a un saco de arroz, pero él se guía resistiendo. Poco a poco, la marcha del caballo fue disminuyendo su velocidad. Gohei abrió los ojos, el jinete había desaparecido y en su lugar tenía en las manos unas alforjas llenas hasta el borde de monedas de bronce. 

Gohei nunca poseyó monedas de oro o de plata, nunca fue rico. Pero tuvo suficientes monedas de bronce para vivir decentemente. Se casó con una muchacha modesta y buena. Tuvieron muchos hijos y vivieron felices durante mucho, mucho tiempo. 

Los héroes, por excelencia, simbolizan el valor. Pero los criminales a veces también lo tienen. Extraña virtud, que tanto se une al mal como al bien, y sin la cual, sin embargo, las más bellas virtudes no son más que insignificancias ..., las otras virtudes no son nada. 


«Sin el valor --dice el maestro del Sesshin", el Zen es tan sólo un sueño de Zen». 

Extraído de:
La Grulla Cenicienta
Los más bellos cuentos zen
Henry Brunel

PARA SER FLEXIBLE



• ¿No crees que hay alguna diferencia entre una alucinación y una demostración científica, entre una superstición y un conocimiento sistemático? ¿Tendrán la misma validez y credibilidad las explicaciones de un delirante que las de una persona racional? 

• Si te atrae el relativismo radical y el «todo vale», terminarás por meter en el mismo saco cualquier afirmación. Siento desilusionarte, pues la flexibilidad no asume que existan tantas verdades como gente, sencillamente porque LA VERDAD es una abstracción, un horizonte al cual apuntamos, quizá como una quimera o un deseo. En cambio, lo que sí puedes considerar como verdadero o falso son las proposiciones y los enunciados que las personas esgrimen sobre las cosas. Puedes afirmar, con seguridad, que el cenicero está sobre la mesa o que la lámpara está apagada. Sin embargo, tu afirmación podría ser falsa, pues puedes tener fiebre o haber visto mal. Bastaría con que otros también observen que el cenicero está allí donde dijiste: ésa sería la verdad consensuada sobre la posición del cenicero. En la película Una mente maravillosa, el protagonista utiliza un método práctico / científico para saber si está alucinando o no, que consiste en preguntarle a otros: «¿Tú ves lo que yo veo?» 

• Entonces, la mente flexible se opone al relativismo fanático en el que cualquier cosa es verdad y nada es mentira. Un paciente con un prejuicio sexista defendía sus distorsiones con la trillada frase: «¡Ésta es mi verdad!» Como si se tratara de un bien ganancial y la hubiera adquirido en cualquier tienda. Réplica: «Puede que sea tu verdad, pero estás equivocado; la verdad es que las mujeres no son inferiores.» 

• La mente flexible se resiste al fundamentalismo, porque piensa que cualquier principio o código puede discutirse. No acepta el dogmatismo, porque el absolutismo se opone a la realidad y a las leyes de la probabilidad (puedes estar equivocado). Y repudia el oscurantismo debido a que la falta de información te sumerge en la más crasa ignorancia.


Extracto del libro:
El arte de ser flexible
Walter Riso

LA VERDAD


Tomado del libro:
El Librito Que Fortalece
Proverbios reconfortantesy máximas motivadora
Lucia Canovi

miércoles, 1 de junio de 2016

¿CÓMO MANTENER VIVA LA ENERGÍA DE SER CONSCIENTE?


¿Y quién es su madre? (habla sobre el bebe llamado ira). La madre es el Buda viviente. La capacidad de ser conscientes, la capacidad de ser comprensivos, afectuosos y solícitos, es el Buda que hay en nosotros. Cada vez que somos capaces de generar la energía de ser conscientes, hacemos que el Buda que hay en nosotros sea una realidad. Cuando el Buda está en ti, no necesitas preocuparte más. Todo irá bien si sabes mantener vivo al Buda que hay dentro de ti.

Es importante reconocer que el Buda siempre está en nuestro interior. Incluso cuando nos enojamos, somos crueles o estamos desesperados, el Buda siempre está en nuestro interior, lo cual significa que siempre tenemos el potencial de ser conscientes, comprensivos y afectuosos.

Necesitamos practicar el respirar y caminar conscientemente para sentir al Buda que hay en nuestro interior. Cuando sientas la semilla de ser consciente que yace en ti, el Buda se manifestará en tu mente consciente y abrazará tu ira. No tienes por qué preocuparte, sigue simplemente haciendo la práctica de respirar o caminar para mantener vivo al Buda que hay en ti. En tal caso, todo irá bien. El Buda reconoce, el Buda abraza, el Buda alivia y observa profundamente la naturaleza de la ira. El Buda comprende, y esta comprensión producirá una transformación.

La energía de ser consciente contiene en ella la energía de la concentración y la de la percepción interior. La concentración te ayuda a centrarte en una sola cosa. Con la concentración, la energía de observar se vuelve más poderosa, y a causa de ello experimentas un gran avance y obtienes percepción interior. Esta siempre tiene la fuerza de liberarte. Si la energía de ser consciente está ahí y sabes mantenerla viva, la concentración también estará presente. Y si sabes mantener la concentración viva, llegará también la percepción interior. Así que la energía de ser consciente reconoce, abraza y alivia. Nos ayuda a observar profundamente para tener percepción interior y dicha percepción es el factor liberador, aquello que nos libera y nos permite transformarnos. La práctica budista de cuidar de la ira consiste en esto.

Extracto del libro:
LA IRA (El dominio del fuego interior)
Thich Nhat Hanh
Fotografía de Internet

CUMPLIR EXPECTATIVAS