miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL MUNDO SE VA A ACABAR


Maestro, dicen que el mundo se va a acabar y que hay que preparar el espíritu para irse a las regiones de la luz. ¿Cómo así?
Hijo, es verdad que se va a acabar pero en 5 mil millones de años más, o menos si lo choca un asteroide; antes de eso se autoeliminará la especie humana. Y es verdad que debes mejorar pero no para irte a ninguna parte sino para seguir viviendo correctamente aquí en la tierra. No hagas caso a lo que dicen.

Cuento zen #15
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

SAMARITANOS DE HOY


Casi no la había visto. Era una señora anciana con su auto varado en el camino. El día estaba frío, lluvioso y gris, pero Alberto se pudo dar cuenta de que la anciana necesitaba ayuda. Estacionó su vetusto Pontiac delante del Mercedes de la anciana quien aún estaba tosiendo cuando se le acercó. Aunque con una sonrisa nerviosa en el rostro, se dio cuenta de que ella estaba preocupada. 

Nadie se había detenido desde hacía más de una hora cuando se había varado en aquella transitada carretera. Para la anciana, ese hombre que se aproximaba no tenía muy buen aspecto y más bien podría tratarse de un delincuente. Gomo no había nada para evitarlo estaba a su merced. El hombre se veía pobre y hambriento. Alberto pudo percibir la situación. Dado que el rostro de la mujer reflejaba cierto temor, se adelantó a tomar la iniciativa en el diálogo. 

—Estoy para ayudarla, señora. Entre en su vehículo para que no se enfríe. Mi nombre es Alberto. 

Aunque se trataba de un neumático bajo, para la anciana se trataba de una situación difícil. Mientras Alberto arreglaba el vehículo, la anciana le contó de dónde venía y que tan sólo estaba de paso por allí. Cuando Alberto terminó de arreglar la llanta, ella le preguntó cuánto le debía. Él no había pensado en el dinero. Para él sólo se trataba de ayudar a alguien en un momento de necesidad: era su mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado cuando se encontraba en situaciones similares. Alberto estaba acostumbrado a vivir así. Entonces le respondió a la anciana que si quería pagarle, la mejor manera de hacerlo sería hacer lo mismo: la próxima vez que viera a alguien en necesidad y estuviera a su alcance el poder asistirlo, lo hiciera de manera desinteresada. Alberto esperó que la señora se fuera. Entró en su coche y se fue.

Unos kilómetros más adelante, la señora divisó una pequeña cafetería. Pensó que sería bueno quitarse el frío con una taza de café caliente y una rosquilla antes de emprender el último tramo de su viaje. Se trataba de un pequeño lugar un poco arruinado. Afuera se veían dos bombas viejas de combustible que no se habían usado en años. Al entrar, se fijó en el interior y observó que la caja registradora se parecía a aquellas de piñones que se usaron cuando estaba joven. 

Una amable camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que se secara el cabello, mojado por la lluvia. La chica tenía un rostro agradable, con una agraciada sonrisa, aquel tipo de sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas de pie. La anciana notó que la camarera tendría como ocho meses de embarazo y, sin embargo, esto no le hacía cambiar su simpática actitud hacia los clientes. Pensó en la gente que tiene tan poco pero puede ser generosa con los extraños. Entonces se acordó de Alberto. Luego de terminar su café caliente y su comida, le pagó a la camarera el precio de la cuenta con un billete de 10 dólares. 

Cuando la muchacha regresó con el cambio, constató que la señora se había ido. Pretendió alcanzarla para darle las vueltas. Pero al correr hacía la puerta vio, en la mesa donde la anciana estaba, algo escrito en una servilleta de papel al lado de cuatro billetes de 50 dólares. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota: 

“No me debes nada, yo estuve una vez como tú estás. Alguien me ayudó como hoy te estoy ayudando a ti. Y si quieres agradecerme, esto es lo que puedes hacer: no dejes de ayudar y ser una bendición para otros, como hoy lo hago contigo. Continúa dando tu amor y tu simpatía, y no permitas que esta cadena de bendiciones se rompa”. 

Aunque había mesas que limpiar y azucareras que llenar, aquél día se le fue volando a la camarera. Esa noche, ya en su casa, mientras entraba calladamente en su cama para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho con ella... ¿Cómo habría adivinado ella las necesidades que tenía con su esposo, y los problemas económicos que estaban pasando con la llegada del bebé? La muchacha era consciente de lo preocupado que estaba su esposo por su situación y quería contarle ahí mismo lo sucedido. 

Lo encontró profundamente dormido. Se acercó suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente y le susurraba al oído: 

—Todo va a estar bien, Alberto, te amo... 

¿No será que, de alguna, manera, toda acción bondadosa se devuelve al que la hace? ¿Cuántas veces podemos confirmar que la generosidad de una persona con las cosas, demuestra su generosidad con el afecto? Haz el bien, y no mires a quién.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal

martes, 26 de noviembre de 2013

ENFERMO


Maestro, estoy enfermo y me duele todo el cuerpo; mis amigos/as me ofrecen imponerme las manos, ponerme piedras en mi espalda, hacerme reiki a distancia, flores, aromas. ¿Qué hago?
Hijo, acepta todo lo que te ofrecen tus amigos/as para no defraudarlos pero cuando se vayan ve a un hospital, que si estás enfermo y te duele algo es porque allí hay contagios e inflamaciones en el cuerpo, no en el alma.

Cuento zen #13
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

UN CHARQUITO PEQUEÑO


APEGO SEXUAL

Algunas causas del «ni contigo, ni sin ti»

No pretendo que con esta información te conviertas en psicólogo o psicóloga aficionada y trates de rescatar a tu desorientada pareja del mal que padece. Lo que te propongo es una mayor comprensión del problema y que puedas identificar más claramente el lío afectivo en el que te hallas inmerso. Aunque hay muchas causas posibles, señalaré las cuatro razones más comunes por las que la gente termina sumido en un amor ambiguo y contradictorio.




APEGO SEXUAL (razón # 1)
El apego sexual, cuando es lo único que existe, genera una forma de atracción/repulsión. Su funcionamiento es más o menos como sigue: «Cuando no estás conmigo, el deseo me impulsa a buscarte a cualquier precio, pero luego, una vez me sacio, quiero escapar de tu lado porque tu sola presencia me genera fastidio».

¡Qué fácilmente confundimos el amor con el sexo! Además de que el orgasmo parece tener cualidades místicas, una de las principales razones de la confusión es que el deseo sexual une fuertemente a las personas. Todo enamorado desea «devorar» al ser amado. Un hombre me decía: «¿Por qué quiero casarme? ¡La amo! ¡La necesito! 

¡La deseo!». La semántica del amor y la del sexo superpuestas: sentimiento, posesión/apego y sexualidad. ¿Cómo dudar, si hay de todo? Pero si lo único que te une son las ganas sexuales, cada vez que Eros se va o acaba, el otro se hace insoportable. 

El apego sexual a una persona es similar a cualquier adicción en cuanto a sus consecuencias y características. No hablo de la dependencia «del sexo por el sexo», sino de la dependencia sexual a alguien, a un cuerpo, a una anatomía específica, a una aproximación que encaja a las mil maravillas con uno y se hace extremadamente placentera. 

En cierta ocasión le pregunté a una mujer qué era lo que más le atraía de su amante. La respuesta duró varios minutos: «Su olor... ¡Dios mío, su olor! Huele a almendras tostadas... Y sus brazos, la forma de sus bíceps... tan desarrollados... Las venas de su frente cuando se excita... Sus hombros en el momento de la eyaculación, que se inclinan para atrás... lo veo como un egipcio, como un faraón. Siento como si su pene me perteneciera y me completara en cada orgasmo... Puedo tener cuantos quiera y cuantos más tenga, más sigo teniendo. Y otra cosa, el calor que emana de su cuerpo nunca cambia, esa tibieza me vuelve loca... Antes nunca había reparado en los glúteos de un hombre (mi marido casi no tiene) pero los de él, tan bien puestos y tan redondos, ¡me excitan y quiero mordérselos! ¡Es demasiado amor!». ¿Es amor lo que experimenta? 

Lo dudo, más bien sentía una pasión irrefrenable al placer que le proporcionaba un cuerpo; dependencia sexual a la enésima potencia. ¿Qué echaba de menos de él cuando no lo tenía a su lado? Lo fisiológico, sus recovecos, su piel, su temperatura corporal, sus venas, sus músculos... En fin, la apetencia de la que no era capaz de prescindir. 

Me pregunto ¿qué habría hecho esta mujer si su amante hubiera tenido un accidente que lo hubiera dejado inválido? ¿Habría amado (en sus términos) igual a ese hombre con unos diez kilos de más y un abultado abdomen? Después de escuchar su descripción «sensorial» le pregunté qué otro atributo admiraba de su amante, y señaló dos cualidades, para ella determinantes: «Va al gimnasio y levanta pesas» 

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso

lunes, 25 de noviembre de 2013

QUE NO TE PERSIGA EL RINOCERONTE


Maestro, mis amigos me dicen que está bien que viva preocupado, presionado, porque eso me alienta a hacer cosas, a buscar derroteros, a construir. Tú me dices que no es así. ¿Cómo es, al fin?
Hijo, el argumento de tus amigos equivale a que te digan que es bueno que te persiga un rinoceronte porque te motiva a moverte.
Mejor construye tu vida con la mente serena y sin miedo ni presiones, como te lo digo yo.

Cuento zen #12
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

LA TRAMPA DEL RETO PERSONAL


Una mujer atractiva e inteligente había entrado en un juego perverso por culpa de su ego. Le llovían pretendientes y podría haber elegido a cualquiera, sin embargo, tuvo la mala suerte de encontrar un hombre «ni contigo, ni sin ti», que se resistió a caer rendido a sus pies: un día quería y al otro no sabía qué hacer. La mujer, acostumbrada aganar siempre, se sintió afectada en su autoestima e hizo lo que nadie debería hacer en una situación como ésta: convirtió la conquista en un reto personal.

Los retos en el amor no son aconsejables; es como jugar con una granada de mano sin el seguro puesto. Cuando la gente me dice que su relación se ha convertido en un «reto» o en un «desafío», sé que ésta no es buena. Mi paciente estuvo tres años enganchada entre el odio y la alegría esporádica a un amor totalmente indeciso. Es el síndrome del «cazador cazado»: de tanto insistir e intentar resolver lo que no tenía solución, terminó enamorada hasta la médula. ¡Tres años metida de los pies a la cabeza, sin más objetivo en la vida que convencer al otro de que la amara a tiempo completo! Aristófanes, el gran comediante griego, afirmaba: «Si no te quieren como tú quieres que te quieran, ¿qué importa que te quieran?». Dicho de otra forma: si no saben que te quieren, ¿de qué te sirve ese amor?

Extracto del libro:
Manual Para No Morir de Amor
Walter Riso

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿QUÉ PREDICA EL ZEN?


Maestro, ¿qué predica el zen? Hijo, predica que no debemos sujetarnos a nada. Debemos anular la necesidad de tener posesiones, anular las creencias y los prejuicios, no aferrarnos a las relaciones y a la idea de tener lo que no tenemos, no considerar ni el pasado ni el futuro, y pensar en que todo lo que necesitamos ya lo tenemos. No predica la pobreza ni la indiferencia sino la toma de conciencia.

Cuento zen #11
Cuentos Zen para la Vida Diaria y los Negocios

Diálogos para una aproximación zen a una vida plena
Mariano Merino

INSEGURIDAD


El hombre es una flor frágil. Cualquier piedra puede aplastarlo. Cualquier accidente, y desapareces. Una vez que entiendes esto...

Aunque sientas mucho miedo, ¿qué hacer? La noche es oscura, el camino desconocido, no hay ninguna luz que lo ilumine, nadie que te guíe, ningún mapa, entonces, ¿qué hacer? Si te gusta llorar, llora, pero eso no ayuda a nadie. Mejor aceptarlo y tantear en la oscuridad. Disfruta mientras eres. ¿Por qué perder tiempo en busca de seguridad cuando esta no es posible? Esta es la sabiduría de la inseguridad. Una vez que la entiendes, que la aceptas, quedas liberados del miedo. 

Sucede siempre en el frente de guerra, cuando los soldados salen a combatir, que los domina el miedo, porque la muerte los espera. Quizá jamás regresen. Tiemblan, no pueden dormir, sufren pesadillas. Una y otra vez sueñan con que los han matado o mutilado. Pero en cuanto llegan al frente, todo el miedo se desvanece. En cuanto ven que la muerte está aconteciendo, que la gente muere, que otros soldados han muerto, que sus amigos puede que estén muertos, que las bombas caen y las balas silban... en menos de veinticuatro horas se asientan, el miedo desaparece. Lo aceptan; empiezan a jugar a las cartas mientras a su alrededor silban las balas. Beben té y lo disfrutan como nunca antes lo han disfrutado, porque puede que sea su última taza. Bromean y ríen, bailan y cantan. ¿Qué hacer? Cuando la muerte está ahí, está ahí. Eso es inseguridad. Acéptala, y entonces desaparecerá.

Extracto del libro:
DÍA A DÍA
Osho
Día 200

HASTA DÓNDE AGUANTAR LA INDECISIÓN DEL OTRO


Decenas de miles de personas en todo el mundo son víctimas de las inseguridades sentimentales de sus parejas, quienes, además de causarles un tremendo dolor, les exigen «paciencia». ¿De qué paciencia hablan? En una relación sana y equilibrada, los dos andan a ritmos similares, no a igual velocidad, pero por la misma senda. Recuerdo que un amigo inició una relación con una mujer que no estaba segura de nada, y menos de quererlo. El hombre sufría tanto que en cierta ocasión decidí tratar el asunto con él y le pregunté a qué estaba esperando para romper con ella. Su respuesta fue:

«Estoy esperando a que su corazón se defina». 

Lo que en realidad esperaba era un trasplante. La indecisión de la chica me recordó a una caricatura del humorista Quino, donde aparecía una personificación de Sócrates. En el primer recuadro, el filósofo, con una mirada trascendente, afirmaba: «Sólo sé que no sé nada»; y en el segundo, su expresión de sabio cambiaba radicalmente y, rascándose la cabeza, se decía a sí mismo: «Y a veces no estoy seguro». 

¿Habrá mayor confusión? Hay mucha gente así, especialmente en relación con los temas afectivos: «Sólo sé que no sé si te quiero y, a veces, no estoy seguro».

¿Cuánto hay que aguantar? Ni una chispa. Si alguien vacila y se pega al «ni contigo, ni sin ti», la solución debe ser rápida y contundente. Esto puede generar angustia en el dubitativo y es posible que arremeta rasgándose las vestiduras y prometiendo un amor «constante». ¿Otra oportunidad? Muchos la dan. Pero si quieres mantener un comportamiento saludable, sigue este consejo: en cuanto el «ni contigo, ni sin ti» asome, al menor tris: ¡aléjate!


Extracto del libro:
Manual Para No Morir de Amor
Walter Riso