viernes, 21 de marzo de 2014

DESAPEGARSE ES AMAR MÁS Y SUFRIR MENOS


Hay relaciones donde uno practica la autonomía extrema y el otro el máximo amor adictivo. Ambos sufren: uno porque se siente asfixiado y el otro porque se siente a punto de ser abandonado. Pero más allá de estos casos extremos, las parejas sanas y funcionales suelen acomodarse tratando de que la diferencia entre ellos sea lo más llevadera posible. ¿El método de calibración? Desapegarse un poco y distribuir mejor el poder. No es una revolución ni una gesta por la libertad total y definitiva, sino una forma amable de compartir y negociar las respectivas adicciones.

Cuando hablo de «desapego» no me refiero a dejar de amar o despreocuparse irresponsablemente del otro, hablo de un amor más tranquilo y libre de opresión. Es decir, amar con independencia (poder hacer un uso adecuado del tiempo personal), de una manera no posesiva (nadie le pertenece a nadie) y sin la necesidad imperiosa del otro (manejar la soledad y tener actividades sin la presencia de la pareja). Si eres capaz de decidir sobre tus tiempos, no sentirte «de nadie» y poder andar a solas por la vida, has entrado en el terreno de un amor maduro.

No soy idealista en este sentido, y tengo claro que nunca he visto un Buda en pareja; por lo tanto, sin llegar a los extremos de buscar la «impermanencia afectiva» o de percibir en la propia pareja a «todas las personas del mundo» (amor sin motivo o incondicional), propongo algo menos universal y más localizado: ser «similarmente dependientes » e ir trabajando juntos un desapego personalizado. En otras palabras: en función de cada estilo afectivo particular, sacudirse un poco de la apetencia amorosa que nos quita el sueño.

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso

EL EGOÍSMO


El primer ministro de la dinastía Tangera un héroe nacional por su éxito como estadista y líder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y riqueza, se consideraba a sí mismo como un humilde y devoto budista. Visitaba a menudo a su maestro preferido de Zen para estudiar bajo su instrucción, y parecían llevarse muy bien. El hecho de que era primer ministro no tenía, aparentemente, ningún efecto en su relación, la cual parecía ser simplemente una de un reverendo maestro y un respetuoso estudiante.

Un día, durante su usual visita, el primer ministro le preguntó al maestro, "Su Reverencia, según el Budismo ¿qué es el egoísmo?". La cara del maestro se puso roja, y en un tono de voz muy condescendiente e insultante, increpó a modo de respuesta, "¿¡Qué clase de pregunta estúpida es ésa!?".

Esta imprevista respuesta conmocionó tanto al primer ministro que llegó a fruncir el ceño y a enfadarse. Entonces el maestro de Zen sonrió y dijo, "ÉSTO, Su Excelencia, es egoísmo."

Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda"
Sri Deva Fénix

jueves, 20 de marzo de 2014

EL PESCADO FRESCO


Una vez, un Maestro budista fue invitado a una fiesta en la casa de un rico propietario. Muchos otros monjes budistas estaban también presentes y alguien de la casa decidió gastarles una broma. A todos ellos se les sirvió pescado fresco, que les estaba prohibido comer. Los monjes se abstuvieron de hacerlo, excepto el Maestro, quien se lo comió todo como si no supiera lo que era. Uno de los monjes, disimuladamente, le tiró de la manga y le dijo:

—Maestro eso es pescado fresco.

El Maestro miró al monje y replicó:

—Bueno, ¿y cómo sabes tú que es pescado fresco?

Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda"
Sri Deva Fénix

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL PODER AFECTIVO LO TIENE QUIEN NECESITA MENOS AL OTRO


Principio 4
Puede leer los otros principios en este blog o en:
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso
El apego corrompe.
JIDDU KRISHNAMURTI

Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.
CHARLES BAUDELAIRE

En la mayoría de las parejas, soterrada o abiertamente, se establece una lucha por el poder que puede entenderse como una confrontación de debilidades (quién de los dos es más sensible al dolor de una ruptura) o fortalezas (quién de los dos aguantaría más la pérdida del otro). Supuestos y anticipaciones catastróficas, cotejadas y medidas en el día a día que definen al afectivamente dominante. Las jerarquías son desagradables, pero también suelen ser inevitables, y aunque casi siempre soñamos con un amor horizontal y democrático, la dependencia emocional enturbia las cosas y genera lo que podríamos llamar un «poder afectivo» que responde a una pregunta fundamental:

¿Quién necesita menos al otro?

Krishnamurti afirmaba que el apego corrompe, lo que equivale a decir que lo que más teme la persona apegada es perder a la persona que para ella representa una fuente de seguridad/placer. En los dependientes, la retención y mantenimiento de la pareja prevalece a lo que dé lugar y más allá de cualquier principio. Decir que «¡Sin él no soy nada!» o «¡Sin ella mi vida no tiene sentido!» es ponerla propia existencia en manos ajenas. Si pienso que mi vida se acaba cuando no estás, haré cualquier cosa para retenerte y no tendré límites. Hablamos de vida y de muerte, porque, para los apegados, la persona amada es el aire que se respira.

La adicción afectiva es una enfermedad, no importa cómo la queramos presentar, no importa el envase: el apego es la incapacidad de renunciar a la pareja cuando debe hacerse. ¿Y cuándo debe hacerse? Al menos, en tres situaciones: cuando ya no te quieren, cuando tu autorrealización se ve bloqueada o cuando tus principios se ven afectados. En este libro encontrarás más razones válidas de renuncia emocional.

Entonces la lucha por el «poder afectivo» es el forcejeo que se genera a partir del apego o el desapego que se maneja en cada relación. Si tu pareja depende de ti menos de lo que tú dependes de ella, al menos en teoría, podría prescindir de ti más fácilmente de lo que tú podrías prescindir de ella. Esta «desventaja» es procesada consciente o inconscientemente por tu mente, que de inmediato actuará a la defensiva, porque se sentirá en una posición de inferioridad emocional, aunque tu pareja no quiera aprovecharse de ello. Quizá la molestia no se haga evidente en condiciones normales, pero es muy probable que se active cuando haya peleas o discusiones y al apegado se le dispare la confirmación del peor de los temores: «¡Me va a dejar!».

Por su parte, los que poseen el poder afectivo no suelen lamentarse demasiado.
Incluso a ciertas personas inseguras les encanta estar con alguien extremadamente 
dependiente porque lo consideran un seguro contra el abandono. Una mujer me decía:

«Lo que más me gusta de él es que no pueda vivir sin mí, porque yo le doy sentido a su 
vida. Por eso no lo dejo leer sus libros sobre el apego...». Dicho de otra forma: amo tu 
patología porque sé que gracias a ella nunca serás capaz de dejarme, haga lo que 
haga. No hay nada más placentero para una persona que sufre de apego que estar con 
otra más apegada. Es la proclama de dependencia afectiva que circula soterradamente 
entre los enamorados que son incapaces de vivir sin el otro: «Apegados del mundo, 
uníos».

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso

EL PROBLEMA


Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes más ancianos falleció. Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo. Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevárselas a cabo. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

-―He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva. Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas… ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor? Eran tantas preguntas…

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y … zas!! Destruyó todo de un solo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: 
―Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro Guardián del Monasterio.

En realidad, poco importa cuál sea el problema.
Hay problemas cuyo aspecto nos confunde, pues halaga los sentidos. En el fondo sigue siendo un problema.

Si el problema, es exactamente eso: un problema, y precisa ser eliminado, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se ha esfumado. Por más hermosa que haya sido la experiencia que has vivido o lo significativa que haya sido la persona con quien has estado, si no existiera más sentido para ello en tu vida, tiene que ser eliminado.

Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en su pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida.

Un antiguo proverbio Chino dice: 

Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té y entonces podrás servir y beber el vino.

Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a aquellas personas del pasado que no tienen más sentidos que sigan ocupando un espacio en tu mente. Exígete a ti mismo lo que te gustaría exigirles a los demás, y a los demás déjalos tranquilos sin esperar nada de ellos, así te ahorraras disgustos.

No te quejes con tu Dios diciéndole que tienes un gran problema, dile a tu problema que tienes un gran Dios, y ese Dios eres tú.

Extracto del libro:
Recopilaciones "Cuentos y Fábulas del Buda"
Sri Deva Fénix

martes, 18 de marzo de 2014

NO PERMITAS QUE TE REGALEN LOS OÍDOS


Cómo afrontar la ambigüedad afectiva y no caer en el juego de una espera inútil.

5. NO PERMITAS QUE TE REGALEN LOS OÍDOS

¡Es tan fácil convencer a una persona enamorada! Esto no significa que no debamos creer a la pareja, sino que en ocasiones es mejor mantener una buena dosis de escepticismo. El criterio de confiabilidad podría ser como sigue: ¿ha cumplido sus promesas en el pasado o te ha defraudado? El pasado te condena o te realza. Si te ha prometido una y otra vez lo mismo y no ha cumplido, resérvate el beneficio de la duda o, directamente, no le creas. Resérvate el derecho de admisión. Piensa: si ha sido una persona incoherente o contradictoria antes, ¿por qué no habría de serlo ahora?¿Acaso ha sufrido alguna mutación biológica? El amor se tiene que sentir, no es sólo palabras.

Sé que podemos volvernos adictos a las bellas palabras, pero el mejor antídoto contra los cantos de sirena es no perder de vista el contexto de toda la relación. Las palabras se las lleva el viento y lo que queda, a fin de cuentas, son las acciones. Medita esta premisa: ¿De qué te sirve que te regalen los oídos, si te amargan la vida?

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso

LA TORTUGA Y LA LIEBRE


En alguna ocasión, Laura Botta, una rotaria que vive en Misiones, Argentina, recogió este texto de Jim Rohn, un reconocido conferencista norte- americano, que nos parece apropiado para este libro. 


Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era la más rápida. Para dirimir el conflicto de opiniones, decidieron correr una carrera. 

Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre partió a toda velocidad y corrió enérgicamente durante un buen rato. Luego, al ver que había sacado muchísima ventaja, decidió sentarse debajo de un árbol para descansar unos momentos, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se quedó dormida. La tortuga, que andaba con paso lento pero constante, la alcanzó, la superó y terminó en punta, declarándose ganadora indiscutible de la carrera. 

Moraleja: Los lentos pero constantes y perseverantes, también ganan la carrera.

II 

Pero la historia no termina aquí, sino que prosigue... 

La liebre, decepcionada por haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció su grave error de subestimar a la tortuga. Se dio cuenta de que por presumida y descuidada había perdido la carrera. Si no hubiese subestimado a su oponente nunca la hubieran podido vencer. Entonces desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez la liebre corrió sin descanso desde el principio hasta el fin y su triunfo fue contundente 

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los constantes y perseverantes. 

III 

Sin embargo la historia tampoco termina aquí... Después de ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. De la manera como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr por una ruta distinta a la anterior. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. La liebre no sabía nadar, y mientras se preguntaba “¿Qué hago ahora...?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó con su paso lento pero constante y terminó la carrera en primer lugar. 

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva y cambian el entorno para aprovecharla, llegan de primeros.


IV

Esta historia aún no termina... Pasó el tiempo, y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río a nado con la liebre sobre su caparazón y, ya en la orilla de enfrente, la liebre cargó de nuevo a la tortuga hasta llegar a la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que la que habían experimentado en sus logros individuales. 

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las capacidades de cada uno, no seremos completamente efectivos.

CODA FINAL

Es importante advertir que ni la liebre ni la tortuga abandonaron la carrera. La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte, la tortuga, al notar que la velocidad era su mayor debilidad, decidió cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora, en un nuevo recorrido. Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados. 

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: 
Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, no sólo complementamos capacidades, compensamos debilidades, potenciamos nuestros recursos... ¡sino que también obtenemos mejores resultados!. 
Todos tenemos carreras por delante, y hay muchas maneras de ganarlas. Hay muchas liebres, muchas tortugas... ¡y muchas metas que alcanzar!

Finalmente: No se reúna con un grupo fácil y conformista: no le harán crecer Vaya donde sean muy altas las exigencias y las expectativas de desempeño*. 


*Rohn, autor de muchos aforismos, decía: “Escucho a todos, hablo con pocos, decido solo”; y este otro: “La disciplina es el puente entre las metas y los logros”.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal

lunes, 17 de marzo de 2014

ERES PAREJA Y NO TERAPEUTA


Cómo afrontar la ambigüedad afectiva y no caer en el juego de una espera inútil.

4. NO CONFUNDAS LOS ROLES: ERES PAREJA Y NO TERAPEUTA

Algunas víctimas del «ni contigo, ni sin ti» asumen el papel de terapeutas y comienzan a tejer teorías de todo tipo (la mayoría sin fundamento y cogidas con pinzas) para explicar la indecisión del otro. En realidad es menos doloroso pensar que alguna «enfermedad» explica el hecho que pensar que simplemente no nos aman por lo que somos. Estos «buenos samaritanos» leen sobre el tema, van a cursos de todo tipo y solicitan ayuda profesional tratando de resolver el enigma que los carcome: «¿Realmente me ama?». Preferimos ser terapeutas que ser víctimas. Una mujer que llevaba más de dos años en este tira y afloja, me decía: «Pobre, él no está bien. No quiere recibir ayuda, pero me gustaría saber cómo sacarlo del agujero en el que se encuentra...». Esta paciente había tenido tres crisis depresivas y un trastorno de pánico a raíz de la relación tortuosa que llevaba con su ambivalente pareja y ¡prefería ayudarlo a él que ayudarse a sí misma! Y mientras tanto, al hombre parecía importarle un rábano lo que estaba ocurriendo y se negaba a recibir tratamiento, a sabiendas del daño que estaba provocando en ella. ¿No era suficiente motivo para mandarlo a la porra?

Primero, preocúpate por tus problemas. Intenta curarte de tanto ajetreo y luego, si te quedan fuerzas, toma la decisión: permanecer atrapada o liberarte. Al menos actuarás por convicción. Grábalo a fuego, aunque no te guste: el conflicto de tu pareja respecto a cómo y cuánto te quiere debe resolverlo ella y no tú. 

Extracto del libro: 
Manual Para No Morir de Amor 
Walter Riso

LA PUBLICIDAD DEL CIEGO


Estaba un hombre ciego sentado en la vereda con sus gafas negras, una gorra a sus pies y un pedazo de cartón donde, escrito con tiza blanca, se leía: 

“Por favor ayúdeme, soy ciego”. 

Un creativo de publicidad que pasaba frente a él se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso al ciego tomó el cartel, le dio vuelta, cogió un marcador y escribió otro anuncio. 

Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies del ciego y se fue. 

Al final de la tarde el creativo volvió a pasar frente al hombre que pedía limosna: ¡la gorra estaba llena de billetes y monedas! 

Cuando el ciego reconoció sus pasos y el olor de su loción, le preguntó si era aquella misma persona que había reescrito su cartel y le pidió que se lo leyera. El publicista le contestó:

—”Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras”. No dijo más y siguió su camino. 

El ciego luego lo supo: su nuevo cartel decía: 

“HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA” 

Si cambiamos de estrategia cuando no nos sale algo, veremos que las cosas pueden resultar de otra manera. 
¿Por qué el pesimista habla del vaso medio vacío y el optimista del vaso medio lleno? 
¿Has oído hablar de los placeres negativos? Ejemplo: ¡Qué dicha, está lloviendo y como no tengo a nadie en casa así puedo recostarme y descansar! En vez de ¡qué soledad y qué día tan horrible para estar en casa!

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal